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Opinión

¿Somos de verdad?


 Por Coronel Luis Humberto Rozas Mardones, Prefecto de Carabineros de Bío Bío.

Prefecto Luis Rozas (3)

Un día por la mañana Hugo, se levanta muy temprano, apenas despuntan tímidamente los primeros rayos de sol y lento, como despertando aún, el nuevo día va mostrándose en plenitud… es una mañana fría, pero a pesar de ello, la motivación por cumplir con su deber es mucho más fuerte. En casa ha quedado, cálidamente cobijada, su familia, integrada por su esposa y seis hijos, quienes duermen profundamente a la hora que Hugo sale del hogar, sin saber a qué hora regresará y más aún, sí en verdad lo hará.

Sí, aún es de madrugada, la ciudad se encuentra en su letargo habitual, sólo los valientes se atreven a desafiar la inclemencia climática, la oscuridad y el siempre latente riesgo de caminar por la calle, acompañado sólo de la felicidad de ser un hombre de bien y de su amor de padre siempre puede más y siempre podrá más. Hoy no es un día cualquiera, es un día para ayudar.

Bertita vive en precarias condiciones, pero con mucha dignidad, no es la única mujer de casa; de hecho,  es la mayor de ese clan, como buena jefa de hogar, debe ingeniárselas para alimentar cada día a sus nueve hijos, todos en edad escolar, con las necesidades propias de un niño, que más allá de la pobreza, tienen el corazón llenito de amor, haciendo oídos sordos al “no hay, no queda, no tengo, aguántate hasta que haya”, ya que mamá Bertita, es todo, sacrificando incluso su bienestar, reparte la escasa comida entre sus retoños, quedando incluso ella con las manos vacías y con el estómago lleno de esperanza, en que más adelante si podrá saciar su hambre… No importa hijo, no tengo hambre… tengo más sueño que todo, me tomaré un tecito… son las dulces palabras que por un lado revelan algo muy cierto….el amor incondicional y sin límites de madre.

Tengo techo, abrigo, comida, salud, dinero, trabajo, vivo plenamente, nada me falta…que afortunado soy, entonces así, la pregunta es ¿soy de verdad?, soy capaz de renunciar a algunos de los factores de mi felicidad, o tal vez compartirlo con otro que lo necesito, ¿Puedo compartir mi alimento, mi dinero, mi tiempo?, la respuesta a esa pregunta (de corazón), va a reflejar en nosotros mismos si soy o no de verdad.

Pero qué pasa cuando el que da, no tiene mucho de lo que antes señalé, cuando arriesga su vida por otro, cuando ayuda desinteresadamente, cuando se expone a la enfermedad o a las calamidades más horribles, por ver dibujar una sonrisa en el rostro del necesitado cerrando cualquier conflicto con un “no te preocupes…yo te ayudo, nada malo te va a pasar”, bueno… en el momento más oportuno, fue cuando los caminos de Huguito y Bertita se cruzaron; el primero ayudando y la segunda siendo rescatada de la extrema necesidad.

Para quienes siguieron el hilo de esta historia, Hugo, es el reflejo e imagen de la historia personal de muchos Carabineros y Berta, encarna la historia de esfuerzo y necesidad, siendo auxiliada anónimamente, por quienes prefieren aportar calladitos, sin cámaras, sin luces, sin ego, haciéndose invisibles ante tanta tragedia, esos extraños seres de corazón grande, llamados Carabineros, que sin ser poseedores de un gran patrimonio, tienen lo que en estos tiempos difíciles se necesita, sensibilidad social, solidaridad y humanidad.

Todos los días del año y las 24 horas del día, la historia se repite, vislumbrándose actuaciones similares en recónditos lugares, por ello no es absurdo pensar que, si todos nos miráramos en el espejo todos los días, intentáramos ser un poco mejores que el día anterior y de corazón, tal como lo hacen tantos Carabineros en Chile, ayudando desinteresadamente a quien lo necesita, historias de carencias, de necesidad o de hambre, podrían ser sólo anécdotas con final feliz.

Por eso seamos empáticos con el que sufre, ¡hoy no soy yo, pero mañana, nunca se sabe!

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