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Opinión

El profesor y la verdadera educación


 Por La Tribuna

ALEJANDRO MEGE

“La educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas de su vida”. Art. 19, N° 10. Constitución Política de 1980.

Los resultados del Simce 2019, que fuera rendido solo en 8° año básico (suspendido el de 2° medio y  de 4° básico por cuanto fueron muy pocos quienes lo rindieron para ser medible) continúa mostrando los mismos y desiguales rendimientos desde el año 1988 cuando  reemplazó el PER (Programa de Evaluación del Rendimiento) mostrando por enésima vez el impacto  que tiene en los resultados escolares la cuna de origen  de los alumnos, el nivel cultural  y la condición  socioeconómica de la familia, siendo no solo una abismo que no cierra, también es  una herida social que no sana y que condiciona fuertemente la vida futura y desigual  de las nuevas generaciones.

Se reitera que la información que entrega el Simce sirve para tomar decisiones con medidas que apunten a mejorar la calidad de la enseñanza (calidad que es interpretada según sea la función que se le asigne, que suele resultar más utilitaria que de formación integral). Sin embargo, los propios actores del proceso educativo reconocen que las acciones remediales que era de esperar para que la medición tenga el sentido que se declara, no se llevan a la práctica. Más aun, el Simce, cuyo objetivo declarado era la necesidad de contar con información para orientar a los padres en la selección de establecimiento para sus hijos, responde más a una forma de regulación del mercado de la educación que permite que solo algunos alumnos, los que mayoritariamente tuvieron acceso a una educación de mejor calidad, puedan llegar a la educación superior.

No resulta extraño entonces – como lo afirma Nuccio Ordine, el más respetado filósofo, profesor, investigador y escritor italiano que, tras los sistemas de evaluación de la educación de los países, se encuentra el apoyo, la orientación y la presión de tres grandes instituciones: el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización Mundial del Comercio – que el Simce sea un instrumento con nítidas intenciones de selección de estudiantes al servicio de la economía, abandonando la formación y desarrollo integral de las personas, siendo el mensaje: estudiar para obtener un diploma para trabajar (y  ganar dinero, por supuesto) y  ser buenos productores y mejores consumidores en beneficio del mercado, de modo que los futuros técnicos y profesionales sirvan a esas directrices.

Que la economía y el mercado son necesarios no cabe ninguna duda, sin embargo el ser humano y la sociedad tienen otras necesidades vitales, sin la atención de las cuales la vida humana no tiene sentido, por lo cual, la atención de ambas dimensiones no solo son importantes, son necesarias.

Más, ¿quién puede dar a la educación su verdadero sentido?

El profesor, sin duda. 

Lo que es posible, aun cuando el culto al mercado no le deje mucho espacio a las demás expresiones del conocimiento y la cultura, en general y a las humanidades, en particular.

El profesor no solo puede dar verdadero sentido a la educación, cambiar la vida de sus estudiantes, también le permite realizarse y  llenar de sentido su propia vida.

En estos días, 14 premios nacionales han expresado su reconocimiento a los profesores que influyeron en sus vidas, lo pueden hacer muchas personas otras personas y tal como lo reconoce el Premio Nobel de Literatura (1957) Albert Camus, hijo de una familia pobre, con una madre casi analfabeta y un padre que apenas conoció, muerto en la guerra. La familia, que no tenía recursos para que Camus estudiara, recibió el apoyo de quien fuera su profesor de primaria Louis Germain quién  lo alentó y lo preparó gratuitamente para que siguiera estudiando.

Al recibir el Premio Nobel, Albert Camus le escribió de puño y letra la siguiente carta:

Querido señor Germain:

He esperado que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niño que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, no hubiera sucedido nada de eso. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

Le mando un abrazo de todo corazón.

Albert Camus. “

Más palabras para describir lo que un profesor puede llegar a hacer por una verdadera educación y sus alumnos, sobran.

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