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Opinión

Liderazgo femenino


 Por La Tribuna

Víctor Rozas

¿Quiénes abrieron el camino? ¿Es una condición que se da solo en la actualidad? Quiero referirme al liderazgo femenino porque en mi ejercicio profesional siempre he tenido jefaturas femeninas, lo que me ha permitido ser testigo en primera línea de las competencias, el profesionalismo y el espíritu que instauran en sus equipos de trabajo, así como el potencial que tienen en cuanto al trabajo bien hecho, sumado a la capacidad de ver las cosas desde otra prisma, poniendo esa cuota humana o de “corazón” que transmiten al ejercer sus cargos, pues son empáticas por naturaleza, sin dejar de lado su profesionalismo.

En el caso de mi labor actual, pertenezco a una institución de educación superior, y desde que estoy en el cargo, con el liderazgo que tenemos en el equipo, hemos sido punteros en todos los indicadores con los cuales se nos mide, teniendo una jefa que propicia el trabajo bien hecho, la autonomía y el trabajo en equipo. Por estas razones, me parece apropiado referirme al liderazgo femenino, tan en boga en estos tiempos, y en nuestro contexto país.

El liderazgo femenino no debe caer en el feminismo puro que, por el contrario, se aleja de este término tan rebuscado actualmente, y no es una guerra de géneros, ya que es posible que tengan una postura igualitaria, sin la diferencia que conlleva la mirada del feminismo duro, ya que con lo planteado anteriormente, queda en evidencia que están en igualdad de condiciones, competencias y habilidades un hombre y una mujer, lo que tristemente no se ve reflejado en los índices que se ven a nivel nacional, como se menciona a continuación:

En Chile, las mujeres ganan 15% menos que los hombres en el mismo puesto y solo un 3% de los directorios de empresas cuentan con mujeres. A lo anterior se suma que 9 de cada 10 mujeres se sienten discriminadas en su trabajo.

Respecto de lo ocurrido en Chile, desde el 18 de octubre, la voz de las mujeres se ha escuchado más alta, casi como un grito de desahogo o de saber que ahora es el tiempo de lograr un cambio de lentes para mirar el futuro sin miedo a ser etiquetadas de feministas en el caso de todas aquellas que siempre están exigiendo que estos temas sean de importancia nacional.

Tristemente, la mujer es vista como un ser frágil, que precisa de ayuda, apoyo y contención permanentemente, cuando no es así. Por generaciones se callan abusos sexuales, físicos y psicológicos que se dan en todos los estratos sociales. ¿Por qué? Porque es vista como “vaso frágil”, como lo establece la Biblia, y al ser una cultura principalmente cristiana, los patrones que se pasan de generación en generación llevan ese discurso, traspasando el machismo incluso desde la propia figura materna de una familia a los hijos.

Tenemos una cultura de machismo aprendida y heredada que permite que normalicemos las diferencias, y eso, por mi experiencia con jefatura femenina y espectador del liderazgo que pueden ejercer, no debiera ser así ahora. Mi postura frente a toda esta desigualdad la llevo al ámbito laboral más que al social, no porque sea más importante uno que otro, sino que es la naturaleza de mi reflexión, puesto que mirando los índices vemos que son muchas las cosas que quedan por hacer, como es posicionar a la mujer en un peldaño similar al de los hombres, y en el ámbito laboral es donde más se nota la brecha que nos separa y donde más se nota la injusticia.

Por tanto, no debe ser un tema dejado de lado, sino que debe hacerse cargo la sociedad, el Estado y la cultura de esta situación; debe partir por la educación en la primera infancia, en donde no se coarte a los niños en cosas tan importantes como que los juegos y colores no tienen género, y en asuntos más relevantes, en que hay profesiones que son propias de cada género. Si llegamos a ver estos temas con la sensatez acorde al mundo que vivimos, estas injusticias irán siendo rechazadas en la sociedad.

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