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Opinión

Concepción: cuna de la Independencia


 Por La Tribuna

Carlos Eduardo Ibarra Rebolledo
Académico Pedagogía de Educación Media en Historia y Geografía
Universidad San Sebastián

El 1 de enero de 1818, en los llamados Morrillos de Perales, actual comuna de Talcahuano, el director supremo Bernardo O’Higgins Riquelme cometió un acto osado en ese momento. Cuando aún las tropas leales al rey Fernando VII no estaban derrotadas y seguían muy fuertemente armadas en suelo chileno, el gobernante de un Estado que todavía no se consolidaba firmó sobre un tambor de guerra el Acta de Independencia de Chile.

Luego de ello, se dirigió con su tropa a la Plaza de Armas de Concepción donde, en solemne acto proclamó la emancipación. Fue un verdadero acto de fe, dado que Talcahuano no había podido ser desalojada de los soldados del rey y el principal cuerpo del bando monarquista estaba activo. El hecho, que pudo ser destruido por la sorpresa de Cancha Rayada (marzo de 1818), finalmente terminó consolidándose con la victoria patriota de Maipú que consagró la independencia de Chile.

Pero, la verdad es que entre Chillán y la Araucanía habría guerra hasta 1824. Es la Guerra a Muerte. Fueron años difíciles, de mucha muerte, cuando civiles y militares se enfrentaban por ideales, pero también por terminar de una vez por todas con una conflagración que fue muy sanguinaria, con cientos de muertes que terminó asolando villas como la misma Concepción, Talcahuano, San Pedro, Santa Juana y Arauco, por mencionar a las de la antigua provincia de Concepción.

Estos son hechos que vale la pena recordar. Construir nuestra nación, nuestro Estado, la realidad a la cual debieron adecuarse nuestros ancestros no fue fácil. Sangre, sudor y lágrimas costó a la frontera del Biobío ayudar a cerrar la penúltima brecha que nos quedaba para decir que la emancipación era una realidad concreta (la última fue Chiloé), y no solo una fantasía nacida de ideales discursivos o planteamientos utópicos. Vayan mis parabienes para nuestra patria chica (Concepción) que en justicia debe reivindicar siempre el haber sido no solo la cuna de la independencia, sino que también la ciudad que dio vida a lo que hoy somos: un país libre y soberano, con grandes desafíos hacia el futuro buscando siempre el bien común como uno de sus principios rectores.

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