sábado 04 de abril, 2020

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Opinión

Por la misma vereda


 Por La Tribuna

Gino Paoli Benedetti
Chef e Investigador
Diplomado en Cultura Inmaterial USACH

Duele ver un pueblo cansado de las injusticias sociales y económicas, donde familias chilenas deben priorizar entre pagar los servicios básicos o pagar por un medicamento de uno de los integrantes del grupo familiar. Violenta  la falta de oportunidades hacia un profesional recién titulado con ideas y nuevos conocimientos que no dispone de un respaldo económico suficiente para poder desenvolverse en esta sociedad. El descontento generalizado de la sociedad chilena durante estas semanas se ha manifestado, sacando a las calles a  chilenos de todas las edades que claman acciones de cambio, si bien marcados por los saqueos, esto es sólo la indolencia de una sociedad día a día más quebrada entre la desesperación y la falta de esperanza de un Chile más justo y con más oportunidades. Lo que se vive hoy en nuestra larga faja de tierra nos hace replantearnos y ver cuánto daño como sociedad  hemos provocado. Si bien existe gente corrupta, marcada por el nepotismo y compadrazgo, de esta misma manera no se debe olvidar a aquellos que fomentan un sistema ya quebrado con acciones como no votar en tiempos de elecciones o no preferir la dinámica de la economía local, sumergiéndonos en una ley de mercado y rutina de vida cada día más existencialista e individualista. ¿De qué sirve ir a manifestaciones por la vida, si cuando protestamos se saquean los negocios de la esquina del barrio, ese de una señora María que sabe cómo se llama cada uno de sus clientes o donde un tal don José quien hasta el día de hoy regala la “yapa” y sus ojos ya cansados han visto crecer más generaciones que kilos de papas vendidas? A esa indolencia me refiero, la que no nos permite ver ni medir las consecuencias de nuestros actos. ¿Para qué golpear a manifestantes pacíficos o para qué soliviantar a las fuerzas armadas o de orden que en ocasiones sólo resguardan, haciendo surgir dos veredas cuando deberíamos  caminar todos por una misma? Qué tristeza provoca ver una sociedad quebrada marcada por el resentimiento enfrascada en ideales que en ocasiones no son claros ni para el propio manifestante, carentes de fundamentos y llenas de acciones inconsecuentes.

Si bien lo que se vive en nuestro país  no tiene precedentes y los desacuerdos son generalizados y enormes, sé que como chilenos podemos dar la talla de manifestar nuestros descontentos y temores como una sociedad bajo control, de una manera más consciente, con una cuota de humildad y respeto hacia nuestras opiniones y acciones. Tenemos que ser capaces todos de volvernos a mirar a los ojos y pedir disculpas desde todos los sectores, a dejar esa tozudez del individualismo,  de la inconsecuencia de nuestros actos tanto sociales como cívicos. En nuestras manos está el lograr un ambiente de paz para poder establecer un diálogo que nos permita lograr acuerdos, compromisos y soluciones, ya que no hay que olvidar que en un ambiente de violencia no existirá la oportunidad del reencuentro ni del diálogo sereno. Si hoy nuestra sociedad exige cambios, también debemos comprometernos con esa misma energía a mantener una sociedad  donde primen la igualdad, el respeto y las oportunidades, dejando atrás el prejuicio y la falta de empatía.  Sólo así lograremos sanar una democracia que hoy está dañada y quebrada, dejar atrás el rencor, reestablecer el respeto y amor por un territorio, dejar un legado a las nuevas generaciones basado en la justicia social y por qué no, una educación más digna. Si hoy se siente abrumado y confundido por la situación nacional, créame que está en lo correcto, ya que es sólo porque con nuestro actuar hemos llevado a la sociedad a procesos demasiado complejos , que resultarán difícil de comprender si seguimos hundidos en el individualismo.

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