lunes 18 de noviembre, 2019

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Opinión

La revolución de conciencias nos lleva a la colaboración y la equidad


 Por La Tribuna

Paula Cifuentes Torres
Directora Ejecutiva Empoderadas

¿Qué va a pasar? Fue la pregunta más recurrente en estos días, que poco a poco se ha ido reemplazando por un ¿Cómo lo lograremos? Sabíamos que el alma de Chile estaba rota, los cacerolazos, las marchas, memes, expresión de opiniones evidencia más que nunca ese sentir que no olvidaremos.

Nos hemos vuelto activos en las redes sociales, nos volvimos opinantes en Facebook, Instagram y en Twitter… De hecho, en twitter es fácil seguir el pulso y las opiniones de los líderes, parlamentarios y de la sociedad que expresa su descontento en 280 caracteres, incluyendo hashtag (#) de tendencia.

En WhatsApp, la tónica es más cercana a discusiones y enojos por posiciones enfrentadas, los grupos de familia, vecinos, colegios y otros, se han transformado en una verdadera arena política de contienda. Un espacio donde publicamos pantallazos, cadenas, videos e información que vemos por ahí, que nos van permitiendo ir monitoreando el minuto a minuto de una crisis que no tiene fecha de término aún, dando cuenta de noticias falsas o simplemente ponernos al tanto de los supermercados y farmacias disponibles.

En el mundo político ya sabemos lo que pasa, los análisis han sido variados. Esperamos el cambio, lo necesitamos con urgencia. Las banderas de lucha y de injusticias, flamean ante nuestros ojos: marchamos, limpiamos el centro de Concepción y repudiamos la violación a los Derechos Humanos y decenas de fallecidos en tiempos de democracia.

¿Qué necesitamos? Parafraseando al Padre Hurtado “la reforma social no se conseguirá con la sola reforma de las instituciones, si no va acompañada de una reforma de conciencias”.

La revolución de conciencias no inició el 19 de octubre, comenzó en cada uno de nosotros con la sensación de injusticia infinita, donde las decisiones de parlamentarios, empresariado y la desigualdad social, fue alimentando rabia e inequidad.

Pero se requiere que esta revolución de conciencias no nos polarice, no se trata de ser de izquierda o derecha, de etiquetar de “fachos o rojos”; se trata de manifestarnos en la compasión infinita por el otro, en transformar la desigualdad en solidaridad, compañerismo, creatividad colectiva y colaborativa.

Apoyémonos, ayudémonos, unámonos desde la vereda de nuestras opiniones distintas ¿Faltan plazas para los niños en nuestra población? ¿Hay falencias o necesidades en nuestro sector? ¿Por qué hay microbasurales? ¿Por qué no compramos en el comercio de barrio o a emprendedores locales? De eso se trata la colaboración colectiva, de hacernos cargo.

Los cambios estructurales tomarán tiempo: el cambio de la constitución, la necesidad de nuevos líderes consecuentes y empáticos con las necesidades de la sociedad, entre otros, no será inmediato. Por ello, ante este movimiento acéfalo sin vocería, la vocería la tenemos todos…somos protagonistas del cambio, ese cambio profundo que es de todos y para todos, que comienza desde las bases, manifestado en un grupo de jóvenes que sintió la necesidad de movilizar Chile.

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