lunes 18 de noviembre, 2019

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Opinión

La revolución de los 30 pesos


 Por La Tribuna

Este hecho que se ha popularizado, con ese nombre en estos días, se refiere a lo acontecido en Chile  en el mes de octubre del 2019, dicho hecho corresponde a un conjunto de problemáticas, sociales, económicas y políticas que mantenían en una molestia silenciosa a múltiples actores de la sociedad. El hecho en cuestión tiene diversos factores que la anteceden, pero se puede mencionar como punto del estallido de esta revolución el alza en el precio del valor del Metro, ocurrido el día 4 de octubre del 2019, el que ascendería a  30 pesos. Agrupaciones de estudiantes secundarios se organizan para realizar evasiones masivas en hordas de jóvenes, incitando a saltarse las barreras del transporte subterráneo y por consiguiente no pagando el pasaje del Metro, esto en forma de desacatar este aumento y revelarse frente a este, cabe por cierto mencionar que otro antecedente detonante es la declaración del ministro de Economía, Sr. Fontaine, quien a modo de solución sugiere que los que no están dispuestos a pagar el aumento, pueden levantarse más temprano y usar la tarifa económica, esto se entiende como la provocación y evidencia máxima de desconocimiento que vive gran porcentaje de nuestra población.

Esto significó que la molestia originada por el aumento del precio en el pasaje, sumara adherentes a la manifestaciones, cuando Carabineros y grupos de seguridad y orden, comprendieron la gravedad del problema, custodiaron las estaciones del Metro y más tarde las cerraron, las personas se quedaron sin movilización, y el movimiento empezó a tomar fuerza dentro de otros grupos, trabajadores, jubilados, profesores, políticos etcétera. Quienes llamaron al alza “la punta del Iceberg” relacionándolo con la analogía, de que los  problemas eran profundos y estructurales.

Durante la noche del viernes se inicia una seguidilla de manifestaciones, incendio de buses, estaciones de Metro y un clima de tensión, que fue aumentando como una bola de nieve,  el amanecer del día sábado fue caótico, ya se hablaba en los medios de saqueos, montajes y desabastecimiento, a la par se fueron añadiendo otras peticiones en conjunto con la congelación del alza, no más aumento en las tarifas de electricidad, regulación de las AFP, sueldos dignos, políticas públicas acordes en salud, vivienda, educación. El problema y los disturbios rápidamente se extendieron a regiones y al cabo de dos días, el movimiento acéfalo (sin lideres visibles) cobró fuerza en todo el país, provocando así que se decretara Estado de Emergencia y como un hecho insólito en Democracia se llama a Toque de Queda, paralizando el país, suspendiendo clases y manteniendo un estado de alerta.

Mientras tanto en los días sucesivos  las personas de diversas clases sociales, sectores políticos y grupos etarios se manifestaron de forma pacífica, cultural y artística en los puntos neurálgicos de las ciudades, inclusive en los sectores acomodados de la capital, manifestando así que el descontento era transversal, se habla de justicia social y el gobierno de Sebastián Piñera se abre aparentemente al  diálogo, convocando a una reunión el día martes 22 de octubre, cabe mencionar que no se encontraban todos los partidos políticos, algunos de ellos como el PS  y el PC, quienes se negaron a dialogar mientras hubiera militares en las calles quienes reprimían a la ciudadanía y quedando poco clara las muertes de algunos manifestantes.  

El resultado fue una serie de medidas parche, que no daban el ancho a los requerimientos del país, quedando así fuera de la agenda temas controversiales como uso y abuso de recursos nacionales (cobre, litio, pesca, forestales e hídricos), temáticas sobre pueblos originarios, convenios económicos transnacionales como TPP11, pensiones, jubilaciones, educación y privatizaciones entre otras. 

Algunos relacionan esta Revolución al “Despertar del pueblo”, “La gota que rebalsó el vaso” o “la molestia acumulada”, que tiene su génesis  en la cuestionada Constitución de 1980, la  que favorece a un sector acomodado y lleno de privilegios, una constitución con “leyes de amarre” beneficiosa para empresarios y militares,  que perpetua el modelo neoliberal;  esto que aconteció en Chile, lamentablemente trae a la memoria los hechos que antecedieron al Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973.

En la historia podríamos señalar que los hechos se repiten, dado lo cíclico de los periodos, podemos observar desde esta mirada, como dentro de América Latina en este mismo periodo  hay una tendencia al desequilibro de las bases institucionales en un contexto de Globalización que ocurren de manera transversal en Venezuela, Honduras, Argentina, Perú, Ecuador, Colombia y ahora Chile “El oasis” que al parecer era sólo un “Espejismo”.

Johana Hernández de López.

Licenciada en Historia

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