lunes 18 de noviembre, 2019

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Opinión

¿Quién quiere trabajar menos?


 Por La Tribuna

José Manuel Rioseco Urrutia
Ingeniero comercial de la Universidad del Bío-Bío y vicecoordinador de Evópoli

Creo que la mayoría de las personas quiere trabajar menos y ganar más. Por otro lado, las empresas, minimizar los costos y maximizar su utilidad. Por ende, el modificar alguna variable que afecte a estos actores tiene sus consecuencias en la economía.

Para explicar los efectos de una rebaja de 45 a 40 horas semanales, supongamos que en una empresa trabajan 100 personas, con ingresos de $250.000 brutos semanales, en donde se fabrican 10 mil sombreros por semana, y estos su vez se venden a $3000 netos, obteniendo una utilidad cercana al 17 por ciento.

El empresario, al mantener el precio, bajara su utilidad de un 16.67% al 6,25%, contrate o no contrate más trabajadores para mantener la producción.

Aun así, el empresario podría subir los precios de $3.000 a $3.350 (11,6% más) y contratar mayor personal (12,5 personas adicionales). Esto, a la vez, haría aumentar la inflación. Pero dependerá de qué tan competitiva es la industria en donde se encuentre para poder subir los precios; además, al subir los precios, la demanda de productos disminuye.

Por otro parte, la demanda laboral es inversamente proporcional a la remuneración. Esto quiere decir que cuando aumenta la renta, disminuye el empleo en una proporción determinada por la elasticidad de la demanda. En este caso, con un aumento de un 11,11%, se destruirán el 4,9% de los empleos (con una elasticidad de -0,45).

Sin embargo, esto no es tan así, ya que también se disminuyó la jornada en un 11,11%, lo que provocaría un aumento del empleo para cumplir con los niveles de producción en un 11.11 por ciento.

Por lo tanto, al sumar los dos efectos 11,11%-4.9%, nos da un aumento del empleo de un 6,2%, teóricamente.  Pero este modelo es a corto plazo, es muy simple y la economía es más compleja (múltiples variables), por lo que es difícil cuantificar el efecto real.

Pero, en definitiva, lo que sí es seguro es que estas variables influirán en el corto y largo plazo.

En el corto plazo: un aumento del empleo, junto con el aumento de los precios de bienes y servicios (inflación), pérdida de competitividad de las empresas chilenas y mayor presión para el reemplazo de máquinas por hombres.

En el largo plazo: aumento de recambio de máquinas por hombre, de quiebras de empresas y mayores beneficios de empresas de gran tamaño, las cuales obtendrán ventajas de los beneficios de la automatización y todo esto influirá en la disminución del empleo.

La rebaja de la jornada laboral es una alternativa para tener más tiempo para disfrutar o hacer lo que se nos plazca. Pero es una decisión arriesgada, teniendo en cuenta la revolución tecnológica de hoy y la que viene. Además, la matriz económica de nuestro país está basada en la producción de recursos naturales, que tienen muy poco valor agregado.

Igualmente, la productividad es uno de los problemas grandes de nuestra economía, la que no depende de las horas trabajadas, sino de cuánto valor genera la actividad, porque no es lo mismo vender piedra de cobre, que vender tecnología.

En consecuencia, trabajar menos o más horas es irrelevante cuando es un país desarrollado, pero cuando somos uno subdesarrollado, es una apuesta arriesgada y temeraria para el desarrollo del país.

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