sábado 21 de septiembre, 2019

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Hoy es 11


 Por La Tribuna

Mario Ríos Santander        

La Guerra Fría, aquella que dividió el mundo con una Cortina de Hierro  en occidente y otra de Bambú en oriente, culminaría con otras formas de dividir a la humanidad. Surgen muros,  Alemania,  Corea,  Vietnam, en Yemen. Muros de ladrillo o alambradas,  de minas antipersonales, de metralla, muros en los aeropuertos, en el mar que le rodea, muros de formas diversas, todos, distribuidos para quebrar la unidad de un pueblo, provocar la revolución, (todas fracasadas), en fin, para eliminar cualquier atisbo de armonía en toda la humanidad.

Al final, cuando ya la tierra se termina, nosotros, los chilenos. En nuestra historia, habíamos tenido interés, por la política del mundo, sus estructuras de poder y administración, formas de gobierno, participación ciudadana. Éramos y somos un pueblo que recoge, con relativa facilidad fortaleza y flaquezas que se manifiestan en la institucionalidad mundial. Nuestros claustros universitarios, sus departamentos de estudios políticos y sociales, son activos depositarios de este mundo intelectual. Los partidos políticos, algo más débiles, pero igualmente actores principales de gobiernos, se han empapado siempre del mundo intelectual exterior. Por ello, todo lo que ocurría en la Guerra Fría, se daba plenamente en Chile. Se entiende entonces porque, surgieron manifestaciones que daban cuenta de que, la guerra del mundo, era también una manifestación al interior de Chile. Y como el mundo recoge el arma para conseguir sus propósitos, los partidos de izquierda en Chile, hacen lo mismo. Llaman a la desobediencia animando a los chilenos a que se armen para estar preparados en la guerra final. El Presidente Allende, en su viaje a Moscú, centro del comunismo mundial de aquel entonces, hoy derrotado, hace una escala en Argelia y su gobernante, Boumedien, miembro del comunismo mundial le hace ver que tras él, como Edecán, hay un oficial del Ejército de Chile. Allende le responde que no es problema porque el chileno,  es un “ejército profesional” y Boumedien  responde, “es que ese es el problema, porque las revoluciones no se hacen con ejércitos profesionales”. Esta anécdota, da pauta en el inicio de una politización en las FFAA que no se concreta, pero que, en medio de esta “guerra fría” adquiere especial relevancia.

La división del pueblo chileno, al igual que el resto de mundo, comienza a dividirse en magnitud tal, que al interior de las familias,  surge el odio, arma fundamental de la revolución, (“El odio es la principal arma de lucha del revolucionario”, Che Guevara, Ñancahuazú Bolivia 1964), y el Estado marxista, se declara “gobernante solo de algunos chilenos”. Tal hecho, profundiza la división del pueblo. Se extiende la revolución a los liceos y se intenta eliminar todo atisbo religioso en las aulas chilenas. Las industrial son requisadas y se crea, en las ciudades, los “cordones industriales”, armados y con preparación guerrillera. En suma, la Guerra Fría del mundo, se paseaba por nuestras villas y poblaciones, en barrios y en la educación, Desaparece el azúcar el arroz, los alimentos básicos, Las colas en negocios de alimento, es la imagen de un Chile que agoniza. Y llega el 22 de Agosto, El Congreso, conoce de un Proyecto de Acuerdo que declara Inconstitucional un conjunto de actos de gobierno. Se aprueba. Cuatro mensajeros llevan este acuerdo. Lo entrega en La Moneda, Poder Judicial, FFAA y Carabineros. Se divulga a Chile. Se espera la reacción del Presidente para conversar y resolver la tragedia que se venía encima. Allende, responde desconociendo el Acuerdo y la función fiscalizadora de la  Cámara de Diputados. Ya no hubo más que hacer. Las FFAA asumen el Gobierno cumpliendo con una norma constitucional, hace 46 años.

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