domingo 13 de octubre, 2019

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La nueva catedral


 Por La Tribuna

MARIO RIOS (10)

En los primeros años de la década de los sesenta, prácticamente destruido el templo que cobijaba la parroquia San Miguel, que sería a su vez sede episcopal del primer obispo. Mons. Manuel Sánchez Beguiristáin, circuló en una tarjeta de Navidad, la figura de un templo magnífico. Coronado con una cruz, elevada sobre una cúpula situada sobre el altar mayor. Provocó apoyo espontáneo de todo el mundo católico. Se ubicaría, “al frente, donde funcionaba el Liceo Comercial”, que también el terremoto del sesenta había hecho estragos. Los ánimos de adquirir el Club de la Unión, ubicado en el costado sur de la Iglesia, se extinguieron rápidamente. Los socios del Club no estaban dispuesto a su venta. El problema es que “al frente”, el espacio también era pequeño y para más complicaciones, se había adelantado la construcción del Edificio del Banco Central. Visto así las cosas, el proyecto (o solo idea), primitivo, se ajustaba. El obispado, adquirió los terrenos del Liceo Comercial y comenzó su construcción.

En los años inmediatos siguientes, dos obispos, Mons. Luis Yáñez Tagle, que pasó sin mayor presencia en la diócesis, fallece en Roma, 1965, asistiendo al Concilio Vaticano II, y Mons. Alejandro Durán Moreira, asumen la responsabilidad de levantar el templo Catedral de la Diócesis. Sin embargo, sería el sucesor de ambos, Mons. Orozimbo Fuenzalida y Fuenzalida, quien de la mano del presbítero, Hugo Narváez, que se había hecho conocido por la construcción de la Iglesia en Quilleco, templo que fuera bendecido por el recién nombrado obispo Manuel Sánchez, se puso la tarea de terminar la construcción de la Catedral. Eran tiempos de odiosidades extremas. El nihilismo, se manifestaba y la ironía era una de sus armas. En efecto, para muchos este edificio era un enorme cajón, sin estética ninguna. El intendente de la época, Federico Wolff, declaraba que, “por fin vamos a tener el gimnasio techado que esperábamos”. Aquel día de 1972, se inaugura la Catedral con la presencia de autoridades. Misa solemne presidida por Mons. Fuenzalida.

Los años que siguen, no son buenos años para la catedral. Su sistema de audición es muy deficiente. Los sermones inentendible, hace que los fieles busquen otros lugares y participar en la misa. Cada autoridad que llega a la ciudad, se rodea de ingenieros en sonido pero, todo sigue igual. Las magnífica columnas del presbiterio, construidas sobresaliendo del muro interior, (quien sabe si lo único atractivo en esa arquitectura tan extremadamente plana), dejan su lugar abierto y se cubre con madera los espacios entre una y otra columna. Se perdió arquitectura pero se ganó en sonido.

La llegada del actual obispo, Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez, alientan nuevas transformaciones de la catedral. Obispo “constructor”, comienza a destacarse en el aumento de nuevos templos en la diócesis. Sin embargo, estaba pendiente la Catedral. Hasta que comenzamos a ver una pintura azul. Curioso color para un edificio y mucho más para una catedral, (¿Habrá otra catedral en el mundo pintada de azul?  Lo dudo).  La gente comienza a opinar. No se atreven a definir su opción de belleza o, peor, “desaliño” urbano, cuestión que está pendiente. Y que seguramente se mantendrá, porque en Los Ángeles, los arquitectos, salvo Cáceres, no opinan. Sin embargo, llegó el momento de su reinauguración.  Viernes, 21 de junio, la catedral resplandecía. Fuimos partícipes. Quedamos admirados. Recorrí en mi memoria toda su historia y quedé feliz. Iluminación magnífica, especialmente en torno al altar, colores suaves, alternando con la madera, todo hace que Los Ángeles, tenga hoy un monumento. Además que el sonido es simplemente espectacular. Llega el sermón, las lecturas bíblicas, transparentes y claras. Gracias, en nombre de la ciudad, (me tomo tal derecho al no ver ninguna autoridad),  felicitaciones.

Mario Ríos Santander      

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