miércoles 17 de julio, 2019

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La libertad de elegir en la reforma curricular


 Por La Tribuna

Mario Weldt Peña

La decisión del Consejo Nacional de Educación de cambiar la malla curricular en la enseñanza media ha generado mucha polémica. Destacadas personalidades de la política, la cultura y la educación la han criticado duramente. Sin embargo, antes de rechazar esta medida en forma tan visceral, es bueno conocer cuál es su real alcance.

El Consejo Nacional de Educación (CNED) es un organismo público, autónomo, creado por la Ley General de Educación N° 20.370 (del año 2009), el cual tiene como función principal aprobar los planes y programas de estudio propuestos por el Ministerio de Educación.

¿Qué fue lo aprobado?

Luego de tres años de discusión, el CNED aprobó –por la unanimidad de sus miembros– la propuesta del Ministerio de Educación en orden a implementar un nuevo paquete de asignaturas obligatorias para los terceros y cuartos medios de todos los establecimientos educacionales (sean técnico-profesionales, científico-humanistas o artísticos). Este plan común consta de seis ramos: Lengua y Literatura, Matemática, Inglés, Educación Ciudadana, Filosofía y Ciencias para la Ciudadanía (Biología, Física y Química).

Se establece un plan común electivo de dos horas semanales para aquellos establecimientos que impartan la asignatura de Religión, en cuyo caso los alumnos podrán optar por este ramo o el de Historia, Artes o Educación Física.

Los establecimientos científico-humanistas contarán con un plan de “profundización” de 27 asignaturas. Estos establecimientos estarán obligados a impartir al menos seis asignaturas de profundización, repartidas en al menos dos de las tres áreas de estudio (Ciencias, Humanidades y Artes-Educación Física). Los alumnos podrán elegir tres ramos de este plan.

Además, los establecimientos educacionales deberán contar con un mínimo de cinco horas semanales de libre disposición para impartir las asignaturas que estimen convenientes en conformidad a su proyecto educativo.        

Cabe preguntarse, entonces, si este cambio curricular resulta un avance o un retroceso para nuestro sistema educativo.

La exclusión de las asignaturas de Historia y de Educación Física dentro del plan común obligatorio puede ser discutible; pero, por otra parte, si las comunidades educativas consideran que esas son asignaturas importantes, nada impide que las puedan impartir.

Lo que sí debe destacarse como un gran avance es la apertura que se da en cuanto a la posibilidad de elegir asignaturas.

En el esquema anterior, el Estado imponía a los colegios y alumnos un esquema muy rígido de asignaturas. Con esta reforma se da una mayor posibilidad de elegir ramos, permitiendo que sea la comunidad educativa y los propios estudiantes quienes determinen qué educación quieren para sí.

Quienes se oponen a ello en gran medida tienen una visión estatista, según la cual es el “gran hermano” Estado el que debe imponernos la educación que necesitamos. 

Es otra manifestación de lo que anteriormente he llamado “el miedo a la libertad”. Ya es hora de dejar de ser y sentirse siervos de un Estado todopoderoso. Somos nosotros, los ciudadanos, los que debemos ser capaces de poder construir nuestro propio destino libremente en la forma que nosotros queramos (en la medida que no dañemos a otros).

Por lo tanto, la posibilidad de elegir asignaturas para profundizar los conocimientos en aquellas áreas que son de nuestro interés constituye un importante avance en el camino de lograr una mayor libertad para las personas.

Mario Weldt P.

Abogado y coordinador de Evópoli Los Ángeles


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