lunes 19 de agosto, 2019

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Opinión

Algunas ideas en torno al acto educativo


 Por La Tribuna

Profesor Juan Bustamante M.

Cuando hablamos de acto educativo o acto docente, no hacemos otra cosa que referirnos al proceso de enseñanza propiamente tal; ése que llevan a cabo – como es obvio – los enseñantes en los distintos espacios pedagógicos que son menester, atendidos los aprendizajes que los estudiantes del nivel de que se trate deben alcanzar, de conformidad con sus demandas de formación y desarrollo. Esto último, en el bien entendido de que todo estudiante que se incorpora a un establecimiento educacional cualquiera, lo hace como un sujeto de derechos que en calidad de tal exige el cumplimiento de su derecho constitucional a la educación.

Este acto educativo o acto docente, como bien se sabe, es un proceso poli o multidimensional, toda vez que incluye cuatro dimensiones ineludiblemente imbricadas y concatenadas que conforman su todo integral y holístico; a saber, las dimensiones: enseñanza antepreáulica o antepreactiva (subproceso situacional respecto de los educandos); enseñanza preactiva o preáulica (subproceso de diseño y construcción del microcurrículo o currículo áulico); enseñanza interactiva o áulica (subproceso de intervención en el espacio pedagógico); y enseñanza post áulica o post activa (subproceso de reflexión y toma de decisiones; mismo este último que tiene un carácter iterativo, toda vez que se hace presente en cada una de las dimensiones precedentes). Como dato ilustrativo al respecto, bueno es señalar que la evaluación docente tetra anual a la que se enfrentan los profesores, de comienzo a fin, considera estas cuatro dimensiones de la enseñanza o acto educativo con arreglo a los cuatro dominios del Marco para la Buena Enseñanza.

Pero, atendido lo precedentemente vertido, ¿qué etapas o microprocesos son los que contemplan concretamente cada una de estas cuatro dimensiones de la enseñanza o dimensiones del acto educativo? La antepreactiva, los de diagnosis discente  (levantamiento, procesamiento y uso de información), prognosis (fijación de expectativas sobre el comportamiento de los aprendientes, del currículo y la gestión docente) y decisional / propositivo (modelo pedagógico a seguir, modelo de planeamiento o de ingeniería del microcurrículo y modelo evaluativo e instrumental evaluativo a considerar. La preactiva, los de análisis curricular, de diseño y construcción del currículo áulico y de periferización o ambientación de los espacios pedagógicos, allí donde la dimensión áulica del acto educativo vaya a tener lugar. La interactiva, los de inicio, de desarrollo y de finalización, entendidos como los momentos de la clase. Y la post activa, los de una revisión crítica del trabajo de los educandos, de la gestión docente áulica y del funcionamiento del microcurrículo, atendida la necesidad de asegurar la calidad de la enseñanza y de los aprendizajes de los estudiantes.

¡Ah!, y como las nociones mal digeridas – en palabras de  José Ingenieros – atoran el entendimiento, es que nos hemos empeñado en aclarar esto de lo cual mucho se habla, de lo cual poco se sabe y por lo cual menos se hace, no obstante su importancia para oferentes y demandantes de educación.

Prof. Juan Manuel Bustamante Michel

Presidente de la AFDEM Los Ángeles


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