martes 15 de octubre, 2019

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Opinión

Interdisciplinariedad e innovación social

Roger Sepúlveda Carrasco, Rector Santo Tomás Los Ángeles


 Por Sebastián Carrizo

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Hablar de innovación está de moda. Ser innovador es casi una exigencia para las nuevas generaciones. Pese a sus distintas acepciones, está claro que el término señala un marcado objetivo para organizaciones, empresas e individuos: buscar soluciones nuevas a problemas antiguos, con eficiencia.

En 1981, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) precisó la innovación como “todos los pasos necesarios para el desarrollo e introducción en el mercado con éxito de nuevos o mejorados productos, el uso comercial de nuevos o mejorados procesos y equipos, o la introducción de una nueva aproximación a un servicio social”.

Si bien la definición la sitúa en un ámbito económico, la incorporación del impacto social de la innovación es una nueva variable que la misma OCDE agrega en su publicación de 2011: “la innovación social es la que puede afectar a un cambio conceptual, de proceso o de producto, un cambio organizacional, así como los cambios en la financiación, y puede hacer frente a nuevas relaciones con las partes interesadas y territorios”.

Ambos conceptos señalan una búsqueda de formas diversas, creativas y nuevas para satisfacer las necesidades aún no cubiertas, proceso en el que la investigación interdisciplinaria tiene gran relevancia para lograr este ambicioso objetivo.

Y es que varias miradas, diferentes conocimientos, distintas especialidades, pueden conducir a una lluvia de ideas y soluciones, así como brindar herramientas más rápidas y eficaces para nuevos resultados. Otras variables se suman para resolver problemáticas.

Si los resultados deben tener, además de mejoras tecnológicas, un impacto social, son los profesionales e investigadores de las ciencias sociales quienes deben unir esfuerzos para asegurar que los avances científicos consideren siempre el factor humano y que las fuerzas económicas y políticas privilegien avanzar en temas que realmente resuelvan los problemas de las personas.

Más aún, si se tiene en cuenta que para avanzar en innovación se necesita financiamiento, es imperativo contar con miradas que se dirijan a velar por el impacto en los grupos humanos al momento de decidir cómo invertir los recursos, de manera objetiva, seria y a largo plazo; apartando las miradas ideológicas que influyen en las prioridades científicas y determinan qué hacer, dónde y cuándo.

Comprender o resolver problemas cuyas soluciones están más allá del alcance de una sola disciplina o área de investigación se logra con la interdisciplinariedad. Las grandes y nuevas ideas de van más allá de un área, y aunque este trabajo compartido es difícil de alcanzar, son las universidades las llamadas a incorporar este elemento en la formación de sus estudiantes, de manera que sean agentes de cambio en equipos de investigación, especialmente cuando el objetivo de cada trabajo es, finalmente, mejorar la calidad de vida de las personas.

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