miércoles 26 de junio, 2019

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La capilla del hospital

Mario Ríos Santander


 Por La Tribuna

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Olvidada. Más bien se trasformó en un problema. Monumento nacional que, con cuanto terremoto haya ocurrido en los últimos dos siglos en el cuerpo, se resiste a desaparecer. Sin embargo, lo que no pudieron los terremotos, lo lograrán, tal como van las cosas, las autoridades responsables del patrimonio público.

Así es. En esto no hay segundas lecturas. Estar a medio camino no sirve para nada, y peor, un edificio con tales características, monumento por un lado, peligro constructivo por el otro, simplemente no se soporta. Los únicos que lo toleran son las autoridades, pero la población, no.

No en vano se dejó establecido, en la construcción del Complejo Asistencial, esta reliquia de nuestra arquitectura, la presencia de tal capilla. No fue un asunto menor construir en su entorno los edificios que dieron origen a nuestro actual hospital. Tampoco fue menor la declaración de monumento nacional. Tal hecho tiene fundamentos que es propio del arte, en este caso, religioso, surgido en medio de una comunidad de hace 200 años, desprovista de elementos que la enriquecieran artística y espiritualmente.

Nos vanagloriamos de nuestro crecimiento económico, como ciudad, crecemos y nos desarrollamos, y eso está bien, es verdad, somos más grandes, pero tal hecho no puede ser a costa de eliminar trazos de nuestra historia, de lo que fue constituyendo nuestra personalidad social, esta familia de tierra llamada angelinos.

Un templo, una arquitectura más que centenaria, un centro de salud, una comunidad activa, es la suma de muchas cosas trascendentes como para marginar toda responsabilidad sobre este edificio, cuyo centro fue el inicio y concreción del más grande centro de salud de nuestra historia.

Ahora bien, en la prensa leí que hubo alguna preocupación por alguna autoridad que ya no está. El Ministerio de Obras Públicas expresó que su reparación tenía un costo de 1.600 millones y que ellos, MOP, pondrían la mitad, y los otros 800 millones surgirían del Gobierno Regional. Difícil ecuación. Nunca he leído pronunciamiento de ningún consejero regional, ni menos del gobierno local.

La capilla está muy “tapada” como para preocuparse de ella. Altos muros del edificio hospitalario la alejan de los ojos ciudadanos. Eso favorece la indolencia demostrada en este problema. “Como nadie levanta la voz, sigamos igual… que se caiga en el próximo terremoto”, pareciera ser la disposición institucional local.

Por otro lado, su costo de reconstrucción. Visitándola se concluye que efectivamente deben existir elementos de sólida construcción para sostener muros y otros elementos propios del edificio. Pero, ¿serán necesarios los 1.600 millones?  ¿Habrá otra forma en que se valore al constructor local y con muchísimos menos recursos se termine reconstruyendo con capacidades nuestras en forma más directa?

Seguramente surgirá la voz alegando que “esto no se puede hacer”, aduciendo razones administrativas. Pero en verdad todo, absolutamente todo, con transparencia, sí, se puede hacer. Intentémoslo y de paso preguntemos a los consejeros regionales si les quedan algunos pesos en la billetera regional para culminar con esta indispensable reconstrucción que permita a la religiosidad local contar con un lugar de oración y cuidado familiar.


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