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Opinión

¿801 mil millones? Es mucho

Mario Ríos Santander


 Por La Tribuna

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 Nuestro país, debe reaccionar. No es posible que el problema de salud es, “se va o no el subsecretario de Redes Asistenciales”. Eso no corresponde. Pareciera que es ya prudente comenzar a responder las interrogantes que comienzan a surgir. El temor de tener una salud debilitada, es un asunto grave.

 

 Cuando el ministro de Salud, Dr. Emilio Santelices, concurrió a la Cámara de Diputados en abril del año pasado, los nuevos parlamentarios, habían jurado en sus cargos hacía sólo tres semanas y, algunos de ellos bastante ignorantes, no captaron o no entendieron la noticia que les llevaba el ministro: “A fines de año, la deuda hospitalaria escalará a los 800 mil millones”, expresó y nadie se inmutó. Los antiguos, ya sabían que la deuda se disparaba y como es un asunto complejo, lo mejor era callar. Hoy, que tampoco se ha hecho mucho en la administración sanitaria, la cifra resultó cierta. Es una suerte de “Transantiago” que golpea al erario nacional con tanta fuerza, que ya comenzaron a surgir organismos sociales privados que van al rescate.

Pero, hay alguna solución o claramente o los fondos nacionales deberán incrementarse?. Veamos.

La organización sanitaria nacional, proyectada en el Régimen Militar, ocasión en que se estructura los servicios de salud, estableciendo un modo de financiamiento, que obligaba en extremo, calidad administrativa y compromiso de todos los trabajadores, conocido como el FAP, (Facturación de Atenciones Prestadas), disponía en lo general, el pago del 100% de las atenciones realizadas en el hospital, consultorio u otra forma de entrega de salud. Para ello, debía ser una empresa eficiente, informadora del 100% en lo actuado y con potestades para estructurar internamente, servicios, oficinas, administración, en fin, todo lo que el complejo mundo de la salud debe considerar en estas estructuras que se comprometen miles de millones de pesos. A poco andar, en los primeros gobiernos civiles, se modificó la estructura financiera, eliminando la Facturación de Atenciones Prestadas, por otras formas que en general parecían adecuadas siempre que su desarrollo contemplara los mismos fundamentos anteriores, alto nivel administrativo y compromiso de los trabajadores. Es difícil opinar sobre el nivel alcanzado en materia administrativa. Lo que es evidente es que algo no funciona. ¿Qué ocurre entonces?

La evolución experimentada por la salud chilena es admirable. Se han superado muchos objetivos. De partida, las expectativas de vida de los que están por nacer, neonatos y vejez, estas últimas, disparadas por sobre los 80 años, ha significado multiplicación de acciones terapéuticas, aumento exponencial en cirugías, requerimiento, también expotencial del especialista y aunque ha descendido, el uso de días camas en casi varias especialidades, en medicina, que ha debido preocuparse del paciente geriátrico, aumenta. Queda una duda, ¿el personal hospitalario, numéricamente activo, corresponde?. ¿Por qué sigue siendo el trabajador con el mayor número de días con licencia médica, (casi 30 días por año), en el país?. Y otra interrogante, ¿es suficiente el 7%  que se descuenta, considerando la perspectiva de vida, que ya supera los 80 años?. Y finalmente, ¿Desde el punto de vista terapéutico, no hay nada que hacer, con la actual estructura sanitaria, para no seguir aumentando las listas de espera? ¿Por qué los colegios profesionales de salud, están todos en silencio?

Nuestro país, debe reaccionar. No es posible que el problema de salud es, “se va o no el subsecretario de Redes Asistenciales”. Eso no corresponde. Pareciera que es ya prudente comenzar a responder las interrogantes que comienzan a surgir. El temor de tener una salud debilitada, es un asunto grave.

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