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Opinión

La ley: esa ley, todo ley

Mario Ríos Santander


 Por La Tribuna

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 Chile está enfermo de “legalitis aguda”. Recientemente se ha publicado la Ley N° 21 130. Y no se cansan.

¿Es que todo tiene que ser ley? Recuerdo en mis visitas como senador, siempre, reitero, siempre, alguien levantaba la mano para solicitar que se dictara una ley para tal o cual cosa. Chile está enfermo de “legalitis aguda”. Recientemente se ha publicado la Ley N° 21 130. Y no se cansan. Ahora el Presidente le ha solicitado a los parlamentarios lo imposible: “Trabajen todo febrero”, ¿Para qué?, más leyes, algunas para desarmar otras ya dictadas e inútiles. El Presidente no sabe que el país está muy tranquilo, en paz, cuando el Congreso está cerrado. Y febrero es el verdadero mes de la patria. La familia se reúne, los abuelos conocen a sus nietos que han nacido lejos, el hijo visita a sus padres, lo mismo otros, comen asados, hay paz y alegría. Todo esto porque el Congreso está cerrado. Los consultorios están vacíos. Son pocos los que se enferman, salvo urgencia hospitalaria que sigue igual, aumentan los accidentes de niños, jóvenes osados que se le arrancaron a sus padres. Pero el resto, febrero es de paz. Supongo que en La Araucanía habrá menos incendios.

Alemania tiene 3500 leyes y eso basta. Lo que no dice una ley, se actúa con lo que el buen criterio dispone y si se ha hecho mal, se repone, pero no se dictan más y más leyes. En Chile, más dramático aun, cualquier litigio, dispone que “la ley se supone conocida”. Se llega al absurdo de que  los chilenos, deben conocer las 21.130 leyes dictadas y, cuidado, que vienen unas mil más. Sólo dos senadores, Navarro y Chahuán, han anunciado, que cada uno tiene algo así como 400 proyectos presentados, suman 800.¡Dios me libre! Si agregamos el resto en las respectivas secretarías de ambas cámaras, deben ser más de 1000. ¿Hasta cuándo?

Pero donde la paciencia se está terminando, es en educación. Todos, sin excepción, todos los que están ligados en alguna forma a educación, pregonan que debe eliminarse o dictarse una ley. Nadie está conforme. Ahora, en la máxima expresión de… (no encontré la palabra adecuada), se han dividido los liceos de Chile en cuatro distintos uno de otro: A.- Liceos Emblemáticos, (cuya lista los ubica todos en Santiago), B.- Liceos Bicentenarios, (creados en el primer gobierno de Piñera que tienen, “…por objetivo entregar educación de calidad”),  C.- Liceo de Alto Desempeño, (catalogados por una Agencia que mide la Calidad de la Educación), y D.- El Resto, (sí, el resto…nadie sabe porque no son emblemáticos, o el nombre que se quiera dar. Son simplemente el resto, aquellos que profesores, alcaldes, concejales y analistas de la educación, se esconden tras los alumnos vulnerables). Esta división, elimina todo atisbo que permita alguna “igualdad de oportunidades”. La verdad es que esta idea central de nuestro ordenamiento social, la hace añico, desaparece, nada existe. La ley, o las leyes, se encargaron de hacerla desaparecer. Los resultados de la PSU, dan cuenta de esta tragedia, hasta 200 puntos de diferencia entre un liceo y otro. Pero no importa, le ley así lo dispuso y cuando la ley no lo permita, por ejemplo las huelgas de un mes o más, profesores primeros, le siguen colaboradores de la educación, después los Daem, da lo mismo, ya se dictará una ley para que todo se pueda destruir.  

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