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Opinión

¿Cuál sería la diferencia entre desarrollo y subdesarrollo?

Maricarmen Torres A. Relacionadora Pública.Yumbel.


 Por La Tribuna

28-11-2018_20-14-201__maricarmen

 Como dijo un novelista “el desarrollo del hombre es una ambigua aventura”. Y hoy día más que nunca, siento que tiene mucha razón.

 

 El desarrollo y el sub desarrollo de un país, es tema constante en todas  nuestras cavilaciones y para qué decir, en todos los mecanismos de opinión que se nos presentan. Por tanto siento necesario como residente de esta sociedad,  manifestar desde esta valiosa tribuna, una simple reflexión.

Desde una óptica elemental, entendemos el subdesarrollo de un país como una condición de carencia en la mayoría de sus necesidades fundamentales, y no precisamente por vivir en economías precarias, o en regímenes políticos a veces lamentablemente brutales, -como observamos en países de nuestra Latinoamérica, por mirar el mapa desde más cerca-, sino incluye también, una dolorosa crisis de valores que de una u otra manera daña a todas las naciones, incluyendo  las  más tecnológicas e industrializadas. Es decir, ningún país por más poderoso, ha alcanzado condiciones ideales para todos. Miremos por ahora el calentamiento global que día a día deja rasgos irracionalmente negativos en la especie humana, los que a pesar de tantas exploraciones, el hombre no ha querido ni podido, contrarrestar el avance de una depredación que ya parece inexorable. Eso también responde a un subdesarrollo donde todos somos partícipes.

Como en todas las fisonomías históricas, el crecimiento de un país debería radicar en un concepto político real sin  intereses ni apuestas personales o partidistas, y obviamente en la búsqueda de perspectivas globales, por tanto es utópico pensar que el desarrollo prevalece en el poder y en el tener, aunque  tristemente hoy día miramos con absoluto desdén, nuestros contrastes cruelmente complejos e interesados, al extremo de calificar a las personas mirando el “cuanto tienes cuanto vales” o “déjame mirar si me sirves para una determinada situación”. ¿Cuál sería entonces nuestro perfil como individuos racionales que creemos ser?.

Afortunadamente, sin perder de vista este lamentable acontecer sociológico  observando día a día conductas peligrosamente enajenadas, a los chilenos nos queda cada vez más claro que el auténtico desarrollo debería construirse a través de una asociación entre nuestras potencialidades personales y una forma institucional que promueva y ejecute de verdad, sin miramientos anexos, una subsistencia más segura y más justa.

Hoy escuchamos hasta con disgusto, que se siguen explorando “posibilidades”, insisto, a veces con particulares propósitos, aspirando desde alguna codiciosa tribuna, forjar maneras de hacerlas posibles. La grandeza de nuestra raza humana no radica en lo que tiene, sino en lo que es, por tanto el desarrollo no es un paraíso donde se satisfagan todas las necesidades y proyectos de una nación y de sus habitantes, sino es un objetivo que engendra una variedad de valores y anhelos absolutamente legítimos, especialmente en los más carentes, y para eso todos debemos ser partícipes.

Es evidente que existen países que han alcanzado un alto nivel de desarrollo, pero que paradójicamente les convierte en una poderosa fuerza destructiva,  por lo que una gran mayoría de sus ciudadanos, sienten que no han alcanzado un modelo real de progreso y de estabilidad,  pues  no   pueden eliminar  el  conflicto  en  todas  sus  interpretaciones  humanas, -especialmente en los fanatismos exagerados- , las ambiciones muchas veces irracionales y lo más importante, en la injusticia y en la discriminación en todos sus conceptos. Como dijo un novelista “el desarrollo del hombre es una ambigua aventura”. Y hoy día más que nunca, siento que tiene mucha razón.

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