jueves 17 de octubre, 2019

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Opinión

Bolsonaro y la política chilena

Salvador Lanas Hidalgo, director académico de Escuela de Liderazgo Universidad San Sebastián.


 Por LESLIA JORQUERA

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 ¿Y dónde está la reflexión de las similitudes y diferencias con el país hermano de Brasil? ¿Es que tenemos todo resuelto?

 

El triunfo en primera vuelta de Jair Bolsonaro ha mostrado datos muy reveladores en el ámbito nacional. Por de pronto, han arreciado las columnas de analistas e intelectuales del denominado mundo progresista, anunciando el apocalipsis que se viene en Brasil. El mundo político izquierdista ha rasgado vestiduras y lejos de hacer un análisis serio y honesto de las causas que posibilitan que Bolsonaro esté a las puertas del éxito final, sólo ha desatado su impotencia en lo que mejor sabe hacer, descalificar. Hay 50 millones de fachos pobres en Brasil y pareciera una epidemia porque se ha incrementado.

La superioridad moral que ha impuesto la dictadura de la corrección política dominada por el progresismo, sufrió un revés  mayor cuando Lula Da Silva, el carismático expresidente brasilero, fue condenado a 12 años de prisión.  El gesto solidario con el caído siempre será un acto humanitario, a pesar que sea por un delito y es algo incuestionable,   pero no lo es la actitud de la izquierda chilena,  que va del simple desatino en sus declaraciones hasta la obscenidad de impugnar un fallo de la Justicia de Brasil. El drama para los países hermanos es que esta vez  la izquierda, aparte de no  brindar bienestar a las personas, se llevó la riqueza del país para la casa.

El único lugar donde ha tenido éxito es en Chile y por dos razones básicas, la primera es porque tuvieron que abandonar su propia ideología  y la segunda es que  gobernaron con todo el espectro político. Y cuando la contumacia se apoderó nuevamente de sus dirigentes, intentaron su propia receta -Nueva Mayoría- y el resultado no podía ser otro que el fracaso.

¿Y la derecha? ¿Cuál ha sido su actitud respecto de Bolsonaro? Errática y ambigua. Hay una “derechita” que, preocupada de agradar al progresismo, salió rápidamente a replicar sus dichos, ¡no sea cosa que nos digan “fachos” y  nos tilden de retrógrados! Es sorprendente cómo la derecha histórica se ha quedado sin una matriz de pensamiento que posibilite articular un relato que atraviese  todo el sector y pueda exhibir  una postura clara y traducida en hechos. Y por lo mismo, resurge una y otra vez esa suerte de canibalismo en donde se destrozan por un poco de poder, sin prudencia alguna. ¡Que me convence su postura económica (de Bolsonaro), pero nada más; que en Chile no sería de mi partido; que yo no lo hubiera visitado; que en Chile es un Oximoron…! 

¿Y dónde está la reflexión de las similitudes y diferencias con el país hermano de Brasil? ¿Es que tenemos todo resuelto? ¿Las personas en Chile viven seguras y sin delincuencia? ¿El drama de tanto niño en el país está solucionado? ¿Los ancianos viven dignamente? ¿Los jóvenes tienen empleos y un horizonte auspicioso? ¿Ha disminuido la inequidad y la injusticia social en Chile?

La ciudadanía madrugadora y trabajadora tiene muy claro a lo que aspira y sabe que tenemos el desafío mayor como país, de progresar, sin exclusiones. Si la clase política no tiene claridad intelectiva y grandeza de espíritu para entender que es un imperativo ético enfrentar el futuro de manera colaborativa, la misma ciudadanía legítimamente pondrá sus ojos y esperanzas en quien se lo pueda brindar realmente.

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