lunes 19 de agosto, 2019

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Misión: reducir al máximo la pérdida de agua

Pere Sala, gerente de Proyectos NRW Suez Chile.


 Por LESLIA JORQUERA

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 Dentro del contexto mundial, aunque en Chile estamos bien posicionados, todavía tenemos mucho que hacer para que el sistema sea más eficiente y así asegurar este recurso, sin tener la necesidad de construir más pozos y embalses, o que necesitemos más lluvia para abastecernos. 

 

¿Sabía que en los primeros siete días de mayo de 2018 en Chile hubo 125 sismos? ¿Y que en los primeros siete días de abril de 2018 fueron 130?  Así lo registra el Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile.

¿Sabía que en los últimos doce meses se han entregado permisos de edificación en nuestro país por casi 18 millones de metros cuadrados? Eso significa que mes a mes se construyen al menos 1,5 millones de metros cuadrados de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas. Y, ¿sabía que en marzo de 2018 se despacharon más de 360 mil toneladas de cemento en Chile, según la Cámara Chilena de la Construcción? 

Los sismos, los movimientos de vehículos y la construcción de nuevos edificios impactan directamente en las redes de abastecimiento de agua potable de las distintas ciudades de Chile. El peso de la movilidad urbana, el movimiento de la tierra y el ajetreo de una ciudad vibrante provocan daños sobre las conducciones de agua. Esto, sumado a la antigüedad de algunos sistemas, va generando fugas de este cada día más escaso elemento.

Hasta hace algunos meses en nuestro país las cifras generales hablaban de un 30% de agua que era no contabilizada y/o no registrada.  Es decir, había un 70% de agua registrada y un 30% que cae en la categoría que en inglés llaman “Non Revenue Water” o agua que no genera ingresos, porque en su gran mayoría se pierde de forma no visible, en el camino que va desde la captación de agua hasta los distintos consumidores en viviendas, industrias, riegos y otros usos.

Nuestra propuesta es bajar esas cifras de pérdida de agua a un máximo de eficiencia y sustentabilidad, es decir, alrededor de 10 puntos. Para lograrlo, partimos haciendo una búsqueda activa de fugas, mapeando la ciudad o comuna en la que estábamos trabajando y revisando los caudales de agua a distintas horas. Con este análisis se determinan las zonas que mantienen altos consumos de agua aun en la noche y se determina el lugar donde se va a trabajar buscando fugas invisibles a simple vista. A modo de ejemplo, sólo en Santiago hay más de 12.500 km de tuberías en su red, por lo tanto, ser capaces de reducir la “zona de búsqueda” es muy relevante.

Una vez que se analizan los datos de caudal y se conoce la zona donde hay fugas, aplicamos la tecnología iDroloc, un sistema que permite detectar fugas mediante un gas trazador inerte, como es el helio. Este gas noble se inyecta en la tubería a través de un difusor que hace pequeñas burbujas con el fin de aumentar la superficie de contacto entre el helio y el agua para mejorar la disolución. Para la detección, se asegura que toda la red a inspeccionar tenga presencia de helio, y se recorre superficialmente por las calles de la ciudad todo el trazado de la tubería con el equipo para detectar las fugas. Si el espectrofotómetro detecta helio, es que ahí abajo está la fuga.

Dentro del contexto mundial, aunque en Chile estamos bien posicionados, todavía tenemos mucho que hacer para que el sistema sea más eficiente y así asegurar este recurso, sin tener la necesidad de construir más pozos y embalses, o que necesitemos más lluvia para abastecernos. 

Pere Sala, gerente de Proyectos NRW Suez Chile.

 


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