viernes 06 de diciembre, 2019

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Opinión

La ciudad es femenina

¿Qué criterios debemos aplicar o corregir para encarnar un ideal de vida que rompa los estereotipos de género y familia obsoletos -y aún vigentes- en ciudades, barrios y viviendas?


 Por Cristian Delgadillo Rosales

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Ciudad es un sustantivo femenino. Etimológicamente proviene del latín civitatem (ciudadanía); consecuentemente, las lecturas femeninas sobre planificación, vivienda y comunidad nos llevarán al principio mismo de la maternidad como hogar original. Las marchas y movilizaciones de los últimos días -más allá de provocativas acciones de grupos radicales- celebran la recuperación de la ciudad para las mujeres. No solo por las miles que marcharon reclamando el fin a la discriminación, el abuso y la prepotencia machista, sino además porque evidencian el fin del estereotipo de familia y vida doméstica que por más de un siglo se impuso. Estos estereotipos acusan algo más grave: que el desarrollo de la ciudad y la vivienda no fueron resultado de una simple evolución natural, sino campo de prueba de ideologías y ejercicios tendientes a definir convenciones de lo que debiese ser “la casa ideal para la familia modelo”. Esta carga ideológica es evidente en la imaginería publicitaria inmobiliaria y en las políticas sociales de vivienda, que han afectado el modo de encausar las necesidades y anhelos de una sociedad ávida de soluciones habitacionales y mejor calidad de vida.

Muchos atribuyen la construcción de estos estereotipos a la sociedad norteamericana de postguerra, con la explosión suburbana. Citando a la socióloga Dolores Hayden: “uno podría describir la vivienda suburbana como una arquitectura del género, desde que las casas comenzaron a proveer el lugar para que mujeres y niñas efectivamente logren obtener estatus social, ser deseables objetos sexuales y hábiles sirvientes domésticas; y para los hombres y niños para ser ejecutivos ganadores-de-pan, exitosos maestros chasquillas y adeptos mecánicos de auto caseros”. El modelo de Ama de Casa Universal implica también el de madre universal y, como consecuencia, el de familia ideal.

El desarrollo socioeconómico ha conformado el paisaje de gran parte de las ciudades y ha influido en perfilar el panorama de la vivienda en Chile. Es llamativo que la explosión de la clase media adhiera inconscientemente a esos ideales, con la traslación literal y reducción de modelos suburbanos de vivienda para sectores medios: la casita aislada, con quincho y jardín, el aumento del parque automotriz y la dependencia del mall, el Hipermercado o el Strip. La proliferación de estos modelos en simultáneo con reivindicaciones de género plantean una contradicción vital, que queda en evidencia en la errática publicidad de ferreterías que prometen “palabra de hombre”, detergentes que siguen apelando al ama de casa y la familia feliz aún presente en la imaginería inmobiliaria.

Si el diseño de la ciudad determina muchas de nuestras conductas, ¿cómo debe ser la ciudad de las nuevas chilenas? ¿Qué criterios debemos aplicar o corregir para encarnar un ideal de vida que rompa los estereotipos de género y familia obsoletos -y aún vigentes- en ciudades, barrios y viviendas? Tenemos que construir desde la puesta en valor y la potencia de las mujeres que en más de un tercio de nuestras familias son jefas de hogar, que mayoritariamente lideran los comités de vivienda, que emprenden, educan, protegen y luchan a diario no solo contra el abuso, la discriminación o la inequidad, sino también contra una ciudad que pese a ser sustantivo femenino, ha desconocido su femineidad.

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