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Opinión

Los gritos de alerta

Mario Ríos Santander.


 Por La Tribuna

“Todo lo anterior, nos lleva a observar que los tiempos de aquel país destruido por los odios, ha vuelto”.

Eran las 20 horas. La elección de Presidente, en su primera vuelta, senadores en algunas regiones, diputados y consejeros regionales en el país. Beatriz Sánchez, subía al podio instalado frente a la sede de su comando y expresaba todas las recriminaciones que se le vinieron a la cabeza. Proclamó a Chile, como el "país de los todopoderoso", (ella prefiere un solo gran poderoso, el Estado, administrado por unos cinco o seis líderes políticos, haciendo ver que las inteligencias se encuentran únicamente en las comisiones políticas de los partidos de izquierda). Alegó y con razón, en contra de las encuestas, las mismas que ella, siendo periodista aprovechaba para incriminar a sus entrevistados, señalaba que "distorsionaban la realidad política", lo que es verdad, lo que aprovechó nuevamente para atacar a los poderosos. "Sin las encuestas habríamos estado nosotros en la segunda vuelta", expresando dudas sobre la competencia de Guillier en lo que viene. Sin embargo, todo lo anterior, no fue el plato fuerte. El centenar de adherentes, coronados por una amplia sonrisa de Beatriz, comenzó a gritar: "Piñera escucha, ándate a la chucha". Las voces rompieron la monotonía de la tarde y el griterío se hizo insoportable. Quedaba definida la doctrina de esta segunda vuelta por parte del Frente Amplio.

Al frente el MEO, "soy soldado disciplinado", transformó en guerra la segunda batalla electoral. "Nuestro enemigo es Piñera". La condición de adversario, se esfumaba en medio de los gritos. Ahora, se enfrentaba al enemigo. Con los enemigos, no se debate, con los adversarios sí. La democracia, manida expresión que resuelve todo, quedaba sepultada. Y más allá, en medio de la desesperación de la derrota, la DC, lejos el partido más destruido y con evidentes síntomas de sufrir "el mal del kiwi", exitoso en su tiempo, venido a menos, en estos días y sin luces futuras, declaraba  a través del diputado Gabriel Silber "no discutamos sobre el futuro gobierno, ahora sólo vale la derrota de Piñera", señalando de esta forma su nula disposición para conocer el futuro de su país. Solamente lo animaba la derrota de aquel 44% obtenido en las elecciones.

Todo lo anterior, nos lleva a observar que los tiempos de aquel país destruido por los odios, ha vuelto. Y, como ya antes ocurrió, llega de la mano de la Democracia Cristiana, que en su historia nacional, demuestra ser el conducto adecuado para instalar en Chile la división social. Mala cosa. La segunda vuelta, se nos viene con un país dividido por los odios surgidos. Los "enemigos", el desinterés por el gobierno de Chile, cubierto por la derrota de Piñera único y final objetivo, el grito repleto de odios de aquella tarde en Santiago, grosero, violento, son síntomas de una sociedad que, oculta sus fortalezas y exhibe sus mediocridades.

Los afanes de unidad por Chile, deben prevalecer. No hay otra alternativa. La votación parlamentaria, dio un rumbo definitivo, no hay reforma constitucional, al diálogo, acuerdos. No hay gritos ni descalificaciones, todos deben encontrar la luz que ilumine el camino. Los que quieren llevar a Chile a elegir entre el Blanco o negro, sin ninguna otra opción, pues, que voten por Guillier, están en su derecho, los otros, los constructores de un país eficiente y moderno, verán tal alternativa en Sebastián Piñera. Esos son los dos caminos. No hay más, en esta segunda vuelta.

Mario Ríos Santander.

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