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Opinión

Adultos mayores: la nueva brecha de la desigualdad

Sergio Urrutia. Docente Facultad de Economía y Negocios U. Central


 Por La Tribuna

“El aumento de las desigualdades en los ingresos de los adultos mayores, también tiene su origen en otros factores que no les permiten generar ahorros en forma permanente”.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en un informe de octubre pasado, constató que las desigualdades en los ingresos se están ensanchando con las nuevas generaciones. Si bien hasta ahora las condiciones económicas mejoraban globalmente, advierte que las desigualdades respecto de las personas mayores crecerán en los próximos años.

Actualmente Chile está ubicado como uno de los países con mayor desigualdad entre los países que pertenecen a la OCDE, condición que aumenta en los adultos mayores, segmento de la población muy golpeado económicamente por ingresos de pensiones bajísimas y una calidad de vida, muchas veces indigna.

Nuestra población está envejeciendo y en pocos años más este fenómeno se hará más visible y dramático, ya que los beneficios, espacios y pensiones serán críticos para acoger en forma digna a nuestros adultos mayores.

Según un estudio de la Fundación Sol la mitad de los trabajadores recibe un salario líquido inferior a 350 mil pesos. Ese dato implica que el ingreso promedio, -situado en 517 mil pesos- no sirve como un referente de lo que enfrenta la mayoría de los chilenos. Entre hombres y mujeres, para ellas la situación es aún más grave: la mitad de las mujeres recibe un salario inferior a 300 mil pesos. Frente al resultado de este estudio, el ahorro logrado al final de la vida activa laboral, no permitirá obtener una pensión digna para enfrentar los años del anhelado y merecido descanso.

El aumento de las desigualdades en los ingresos de los adultos mayores, también tiene su origen en otros factores que no les permiten generar ahorros en forma permanente, como por ejemplo, una menor educación, periodos de cesantía, sueldos y contratos laborales precarios y si a esto agregamos aquellos que han sido trabajadores por cuenta propia (número importantes entre los ocupados) y que jamás han aportado fondos para una pensión en su vejez, los ingresos obtenidos se traducirán en pensiones insuficientes.

Otro estudio de la OCDE, dice que en el año 1980 había una media de sólo 20 personas de 65 años o más por cada 100 personas en edad productiva; para 2015 esta cifra había aumentado a 28 y para 2050 se proyecta que casi se duplique hasta alcanzar 53. Muchas economías de la OCDE y de países emergentes envejecen con mucha más rapidez y de acuerdo con el informe, la desigualdad en la educación, la salud, el empleo y los ingresos comienzan a acumularse desde una edad temprana. Chile está ubicado entre los países con una vida promedio de 80,5 años, es el país con la mayor esperanza de vida de toda América Latina y a nivel continental sólo es superado por Canadá y sus 82,2 años, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2016.

En un momento pensemos en el Chile del año 2040 ó 2050: un país más desarrollado tecnológicamente, con una matriz energética más limpia y de fuentes renovables, un país más inclusivo; y las pensiones ¿cómo queremos que sean?

Una educación de calidad, en la enseñanza básica, media, técnica profesional y universitaria conectada con los proyectos educativos y requerimientos del siglo XXI, motivando a los estudiantes con las herramientas para que aprendan, investiguen y desarrollen habilidades que luego serán requeridas en el mercado laboral, por lo que les corresponderá mejores trabajos y remuneraciones, lo que conlleva mejores ahorros en fondos para sus pensiones, parece ser un buen camino.

Si comenzamos a caminarlo hoy, será posible acortar la brecha de desigualdad con los adultos mayores.

Sergio Urrutia.

Docente Facultad de Economía y Negocios
U. Central

 

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