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Opinión

Utopía de la educación

Alejandro Mege Valdebenito.


 Por La Tribuna

30-10-2017_20-14-341__alejandromege

Los distintos candidatos […], han presentado, lo que en su eventual gobierno harían en materia educacional; unos, fortaleciendo la educación como función del Estado con  gratuidad universal; otros, revalidando la iniciativa privada y la selección para alcanzar calidad educativa de quienes pueden adquirirla. 

Alcanzar una sociedad perfecta y justa, en paz y armonía es una aspiración del espíritu humano, una  especie de utopía  que, aunque no sea posible cumplirla totalmente, nadie nos puede negar  el derecho a soñarla y es la educación la que nos permite mantener ese sueño y luchar por él, pero no cualquier educación, sino aquella capaz de llevar a la pareja humana  al más alto sitial que las potencialidades personales se lo permitan y que no sean las condicionantes externas o ambientales – como la cuna de origen, el barrio donde se vive, la ocupación laboral, los recursos económicos, el pensamiento político u opción religiosa, propios o heredados – las que se lo impidan.

 

Estando catalogado nuestro sistema educativo por organismos internacionales como uno de los más segregados e inequitativos del mundo, que predice el futuro de cada niña o niño según sea el colegio al que ha sido predestinado a educarse, asignado por  su origen social y las condiciones culturales y socioeconómicas de su familia, es que las políticas educacionales del gobierno de turno, de acuerdo a su sensibilidad social, su visión de sociedad y a los intereses que defiende, tienen un impacto determinante en el destino de las generaciones más vulnerables.

 

Conscientes de la realidad de la educación chilena, con abismos en calidad y oportunidades, aunque con miradas diferentes, las propuestas de los distintos candidatos a la primera magistratura de la nación, sostenidos cada uno por sus historias personales y la de los sectores que los apoyan, han presentado, con mayor o menor precisión, lo que en su eventual gobierno harían en materia educacional; unos, fortaleciendo la educación como función del Estado con  gratuidad universal; otros, revalidando la iniciativa privada y la selección para alcanzar calidad educativa de quienes pueden adquirirla.

 

Siendo la gratuidad universal una hermosa utopía es difícil de alcanzar  para el  país cuando sus recursos económicos  son insuficientes. Recordemos que de los 34 países  de la OCDE, solo 3 de ellos (Dinamarca, Suecia y Finlandia) cuentan con gratuidad universal financiada con tasas de impuesto a la renta superior al 50% entre los ingresos más altos con recaudaciones progresivas que permiten educación gratuita en todos los niveles educacionales. Asumiendo  nuestra realidad, se debe  acudir  a la solidaridad de quienes pueden costearse su educación y destinar los recursos  del Estado en quienes  no están en condiciones de hacerlo, pero que se lo merecen, así  la sociedad en su conjunto asume la responsabilidad que le compete en una educación de calidad para todos sus miembros y con ello edificar un mejor  futuro, cimentado en la igualdad, la justicia y la paz social.

 

La ciudadanía al elegir su gobernante puede contribuir a que ese sueño se haga realidad.

 

Alejandro Mege Valdebenito.

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