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Opinión

Un llamado a dirigir la patria… sólo para los varones

Jesús Soto Verdugo Director de Pedagogía Media en Lenguaje y Comunicación Universidad San Sebastián


 Por La Tribuna

06-10-2016_20-00-22JesusSoto

Hablamos de una doble eliminación: la primera es por género y la segunda, por rendimiento. Al Instituto sólo entran los estudiantes varones que obtienen mejores notas en sus pruebas de selección.

 

“El gran fin del Instituto es dar a la patria ciudadanos que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor” (Del Plan de Organización del Instituto Nacional, Fray Camilo Henríquez. Santiago de Chile, Junio de 1812). Estas palabras están escritas con las letras más grandes en el Proyecto Educativo del Instituto Nacional.

Las mujeres no están llamadas a defender la patria, ni a dirigirla ni a darle honor, de acuerdo a este lema (o por lo menos, no en el Instituto). El actual rector comentaba que era un tema muy complejo, y que debería debatirse al interior del Instituto.

Por su parte el Ministerio de Educación recuerda que la comunidad del establecimiento es soberana para decidir si aceptan mujeres o no. Otros afinan la idea en el consejo escolar, organismo que tiene facultades resolutivas al respecto.

En fin, la legalidad vigente está clara. El Instituto es un establecimiento que forma ciudadanos, no ciudadanas; es decir, desde sus inicios en 1813 ese ha sido su propósito. Y si su comunidad quiere -de acuerdo a nuestras autoridades- seguirá así por otros cientos de años.

Pero si está todo claro, ¿cuál es el problema? Hay colegios para mujeres, así que las niñas cuyos padres quieran, pueden ir a esos colegios de excelencia.

El problema es que para algunas personas “algo suena mal”, pareciera que cerrarle la puerta en la cara a una niña tiene algo de malo. También podríamos decir que cerrarle otra puerta a un niño o joven en un colegio de niñas sería igual de negativo.

Suena mal para todas aquellas personas que creemos que los chilenos somos todos iguales ante la ley; personas con los mismos derechos, a las que no debieran discriminarnos por razón alguna. De hecho, en su Proyecto Educativo se afirma que el Instituto Nacional “No es excluyente, esto es, no discrimina a sus postulantes en razón de su posición social, económica, cultural o de cualquiera otra naturaleza,…” (PEI, Pag.2) Más adelante aclara que sí considera “el mérito personal puesto en evidencia a través de hechos y acciones denotativas de una voluntad firme y sostenida de autosuperación” (PEI, Pag.2).

En el Instituto, como en otros establecimientos públicos, afirman no ser excluyentes, su propio PEI lo afirma, pero postulan muchos y deben seleccionar. ¿A quiénes? A 600 postulantes a séptimo básico –sólo hombres- y ¿cómo seleccionan?: de acuerdo a las notas que obtienen en pruebas de selección (proceso Admisión 2017, página web del Instituto).

Por lo tanto, hablamos de una doble eliminación: la primera es por género y la segunda, por rendimiento. Al Instituto sólo entran los estudiantes varones que obtienen mejores notas en sus pruebas de selección. Los demás, quedan fuera.

Como sociedad nos queda mucho por avanzar en la verdadera inclusión, en creernos de verdad que somos todos iguales, en derechos y deberes; que la hija de un institutano debiera poder estudiar en ese Colegio, o en donde quisiera, sin ser rechazada a priori por alguna causa de la que no tiene culpa alguna. Lo mismo cualquier otro niño o niña, que no tenga tan buenas notas, que no aprenda tan rápido, que no tenga una familia “normalmente constituida”, o cualquier otra excusa. En cualquier colegio de Chile, especialmente en los públicos, no podemos negarle la oportunidad de aprender y seguir formándose como personas que  defiendan, dirijan, hagan florecer y le den honor a esta patria de todos, donde nadie puede sentirse sobrando.

Jesús Soto Verdugo

Director de Pedagogía Media en Lenguaje y Comunicación

Universidad San Sebastián

 

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