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Opinión

21 de Mayo: surrealismo y mundos paralelos

Karen Trajtemberg Escuela de Periodismo


 Por La Tribuna

23-05-2016_21-28-07karen-trajtemberg-1

La Cuenta Pública de la Presidenta […] es una muestra patente de esta falta de conexión entre un Chile y otro. Mientras la Mandataria daba rienda suelta a un mensaje tibio y deslavado, Valparaíso vivía en una dimensión paralela.

 

Chile está dividido. No me refiero a las divisiones tradicionales entre derecha e izquierda, católicos y no creyentes, ricos y pobres. La división hoy es mucho más profunda. Y preocupante.

Chile está dividido entre los que viven el día a día, los que trabajan desde el alba hasta que ya anocheció, los que sufren el sistema de salud público, los bajos sueldos y el deficitario transporte público. Y, por otro lado, la clase política y el Gobierno, que creen que los problemas se solucionan con discursos, promesas y ataques mediáticos.

La Cuenta Pública de la Presidenta Michelle Bachelet ante el ¿Congreso Pleno? es una muestra patente de esta falta de conexión entre un Chile y otro.

Mientras la Mandataria daba rienda suelta a un mensaje tibio y deslavado, Valparaíso vivía en una dimensión paralela. Un mundo distinto, donde los encapuchados se tomaban las calles, destruían todo a su paso, quemaban edificios y asesinaban a don Eduardo Lara, un guardia que a sus 72 años de edad trabajaba un 21 de mayo, supuesto día feriado.

En el primer mundo, los parlamentarios (los que se dignaron a asistir a uno de los mayores hitos republicanos del país) escuchaban a la Presidenta, en una especie de déjà vu de lo que fue su primer gobierno, con un énfasis en palabras como “familia”, “educación”, “desarrollo”… algo de “democracia” y “social”.

Por un instante, la Jefa de Estado se acercó nuevamente al segundo mundo, a ese de los sectores más vulnerables y desprotegidos. El de las mujeres, los niños, y los discapacitados.

Pero en la otra dimensión, afuera de las paredes del Congreso, la avenida Pedro Montt ardía en llamas. Entonces se echó de menos un par de párrafos en los cuales la Mandataria hablara de “delincuencia” o “seguridad”.

Para no pasar a la vereda de los “profetas del caos” -citados por la propia Bachelet-, es justo reconocer que hubo algunos anuncios interesantes: la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología; el proyecto de ley para ayudar a los padres de niños menores de 15 años que padecen enfermedades graves; la apuesta por la inclusión laboral -y digna- de las personas discapacitadas; la AFP estatal y el aumento de penas para sancionar la violencia intrafamiliar y los femicidios.

La deuda estuvo -sin embargo- con don Eduardo y su familia. También con la seguridad y la lucha contra la delincuencia, la descentralización, las dificultades en las regiones y el mundo indígena.

Cuando es la propia bancada de diputados socialistas la que califica el discurso como “reafirmador de programa”, queda claro que fue un planteamiento pobre, sin grandes anuncios ni grandes logros. Un texto carente de sentido en el Chile que se levanta fuera de los muros de La Moneda y el Congreso.

Así, sin ninguna lógica, vimos las pantallas divididas de la televisión, entre la opulencia y solemnidad del Congreso, y las maniobras de reanimación para salvar a don Eduardo.

Un 21 de mayo absolutamente surrealista.

Karen Trajtemberg

Escuela de Periodismo

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