sábado 21 de septiembre, 2019

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Opinión

Como un niño

No estuve más de 5 veces con don Ítalo, pero me bastaron para dedicarle esta columna.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

Juan-Secano

“Hoy despedimos a nuestro Nonnito, nuestro héroe, compañero y amigo… sus 21 nietos que lo adoran”, así escribieron ayer en El Mercurio, los nietos, unos más chicos que otros, pero niños al cabo. Como los tripulantes del helicóptero (además del piloto), todos niños: Nicolás (28), Miguel (21) y el más niño de todos: don Ítalo. Estuve 2 veces junto a él en San Lorenzo, la última de ellas recorriendo el campo en su camioneta junto a Gabriel (28, otro niño), el director del diario La Tribuna. Siempre se reía y todo lo que hablábamos tenía un carácter sencillo, alegre y muy cercano. En un momento le pregunté cuántos metros tenía de largo su pista de aterrizaje y, como no supo responderme, raudo manejó hacia ella. Se puso en una punta, reseteó el odómetro de la Mitsubishi y nos dijo “pónganse los cinturones que vamos a despegar” y acelerando a fondo la midió hasta la otra punta. “950 metros marcó… jajaja” y volvimos a ver los caballos. No dejaba nada pendiente y tenía que verlo todo y no dejar ninguna pregunta sin responder, aunque fuera irrelevante. Antes de irnos del campo, ese día, le entregó a Gabriel una misión especial: “Quiero que en La Tribuna todos los días se publique algo relacionado con la Salud Pública que está tan mala en nuestro país. No puede ser que la gente pobre tenga que esperar incluso meses para ser atendida”.

Un filósofo francés escribió una vez “El lenguaje de la verdad es siempre sencillo”. Por eso era un agrado conversar con don Ítalo, porque hacía que uno se sintiera la persona más importante del mundo desde que te veía  por primera vez al saludarte. Hablaba claro, simple, con cariño. Se obsesionaba con tener gente cerca para entregarle su amistad y su tiempo que, escaso, sabía bien dónde invertirlo, en las personas: su familia, sus amigos y sus trabajadores.

Nos mostró todas y cada una de las casas que tenía para sus hijos y nietos en San Lorenzo. “Lo más importante de cada casa es que cada una tiene su quincho”, contaba entre risas. Gozaba convocando, congregando, invitando, atendiendo. Le gustaba mucho invitar a su campo. En persona llegué por primera vez a San Lorenzo hace unos 25 años. A caballo llegamos, junto a don Sandalio, a quien encargó personalmente que nos atendiera como reyes. Comimos tanto cordero al lado de unos pozones termales que al otro día, un agua de paramela nos ayudó a mejorarnos.

Hace pocos días, teníamos una reunión a las 4 de la tarde con Enrique (el gerente del diario La Tribuna) quien llegó atrasado. Enrique se excusó diciendo “estaba con don Ítalo y no me dejaba irme y más encima quería que fuéramos a ver unos caballos a otro campo, tuve que dejarlo solo”. El tiempo lo dedicaba a estar de verdad con las personas, a conversar, reírse, conocerse y, por qué no decirlo, a jugar… “Quieres de verdad ser el más grande”, preguntó Jesús en uno los evangelios, “entonces hazte pequeño, como un niño”.

 

Juan Secano Rere

Gaucho de la Patagonia

radicado en Los Angeles

Twitter: @SecanoJuan

[email protected]

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