viernes 20 de septiembre, 2019

noticias por comunas

EDICIÓN IMPRESA

Opinión

El trabajo mal hecho

Quizás eso no pase en otros lugares, como dijo mi amigo, pero aquí casi todos hemos entregado alguna vez un trabajo hecho a la rápida, para salir del paso. Y quizás en ese salir del paso está la clave del asunto.


 Por Cristian Delgadillo Rosales

Federico-García

Anécdotas al respecto hay muchas. Hace un tiempo un amigo que mandó a empastar su tesis se quejaba de que el título no quedó centrado en la tapa. ¡Qué costaba fijarse bien y hacerlo correctamente! Esas cosas, me dijo, no pasan en otros lugares. Si se trata de arreglos en la casa o del auto, pasa algo parecido: nunca queda bien a la primera; hay que ir por un segundo o tercer trabajo, hasta que finalmente el resultado es aceptable. Es la pelea por el mínimo, no en los estudios, sino llevada al plano del trabajo. La consecuencia lógica de unos estudios llevados como una carga, de los cursos pasados estudiando lo menos posible, es un trabajo mal hecho. Quizás eso no pase en otros lugares, como dijo mi amigo, pero aquí casi todos hemos entregado alguna vez un trabajo hecho a la rápida, para salir del paso. Y quizás en ese salir del paso está la clave del asunto: se busca salir del paso porque la vida está en otra parte y por lo mismo, cuando se trabaja así, la cabeza y el corazón no están en la labor presente, sino en un descanso futuro que suele ser precisamente nada, hacer nada.

La distinción que hay que hacer es entre una recompensa externa y una interna. La primera, la externa, se puede obtener de muchas formas. Es cierto, uno trabaja para que le paguen y con ese dinero poder mantener a la familia y darse algún gustito por ahí. Pero la relación entre el dinero, o también el reconocimiento, y el trabajo bien hecho no tan estrecha como parece. Si se logra engañar al jefe o al cliente se puede recibir el mismo dinero haciendo menos. El dinero y el reconocimiento pueden llegar también por otras fuentes (¿será esa la causa de la popularidad de casinos y loterías y de los “realities”?). Pero la excelencia, en cambio, sólo puede ser alcanzada haciendo bien la tarea, y como hacer bien un trabajo exige esfuerzo y dedicación, sólo el amor puede un sustento adecuado. La satisfacción interna sigue al trabajo hecho con amor, y lo demás puede venir por añadidura. Pero ese amor por la propia tarea no parece ser muy abundante por estos lados. Quizás la diferencia entre desarrollo y sub-desarrollo sea algo más profundo que la pura economía.

Federico García Larraín

Bachiller en Filosofía Medieval de la Universidad de Nueva York

Licenciado en Filosofía de la Universidad de los Andes

Newsletter

  • Compartir:

opinión

Revise su correo para confirmar
la suscripción
logo-ediciones-anterioes