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“Seguí el legado de de mi padre”: El angelino que heredó más de 50 años historia en el rubro palomero

por Jeremy Valenzuela Quiroz

Diario La Tribuna conoció su historia durante la entrega anual de palomitas de maiz organizada por el Sindicato de Palomeros de Los Ángeles para dar la bienvenida al Mes de la Patria.

Juan San Martín / La Tribuna

Juan Antonio San Martín tiene 32 años y lleva cerca de 11 dedicado de lleno a la venta de palomitas, aunque asegura que su relación con este oficio comenzó mucho antes. Desde niño, este trabajo formó parte de su vida y de la rutina de su familia.

Al salir del colegio, acompañaba a su padre en sus jornadas. Juntos recorrían distintos sectores de la ciudad y participaban en eventos, especialmente en aquellos que durante años se realizaron en torno a la antigua Casa de la Cultura.

Sin imaginarlo en ese momento, mientras observaba a su padre atender a los clientes y preparar las palomitas, comenzaba a aprender un oficio que con el tiempo terminaría heredando.

"Desde que nací siempre he estado ligado al rubro de las palomitas. Desde los 13 años acompañaba a mi papá y veía cómo trabajaba. Nuestra vida, en general, siempre fueron los carritos de palomitas, los eventos y todo lo relacionado con este trabajo familiar", recordó.

UNA TRADICIÓN QUE COMENZÓ CON SU PADRE

Mucho antes de que Juan tomara el puesto, su padre ya era un rostro conocido entre quienes recorrían el centro de Los Ángeles. Durante más de cuatro décadas se dedicó a este oficio y fue uno de los pioneros de una actividad que, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en una tradición familiar.

La venta de palomitas fue parte de su vida desde joven y, con el tiempo, también involucró a sus hijos y al resto de la familia."Mi papá dejó la vara muy alta para todos nosotros", contó Juan.

Durante años, el trabajo fue compartido. Juan lo acompañaba después de clases cuando aún era un estudiante del Colegio San Nicolás, participaba en eventos y conocía de cerca el esfuerzo que significaba trasladar el carrito y pasar largas horas en la calle.

En aquellos tiempos, las condiciones eran distintas. Antes de contar con el triciclo eléctrico que actualmente utiliza para movilizarse, su padre debía trasladar el carrito a rastras desde el extremo poniente hasta el centro de la comuna.

"Le poníamos ruedas de bicicleta atrás para poder moverlo y así llegar al centro", recordó.

TOMAR EL LUGAR QUE DEJÓ SU PADRE

En noviembre de 2023, la familia enfrentó la muerte de Juan San Martín padre, quien había dado inicio a esta tradición. Para Juan, su partida no solo significó perder a su padre, sino también enfrentarse a la decisión de continuar con un oficio que había estado presente durante toda su vida.

"Por cosas de la vida, tuve que tomar su puesto. Su partida fue lo peor, no solamente para mí, sino que para todos", relató.

Aunque han pasado dos años desde su fallecimiento, asegura que la figura de su padre continúa presente en cada jornada de trabajo. Hay clientes que todavía lo recuerdan y que, incluso, se acercan a preguntar por él.

"Todavía pasa gente a preguntarme por mi papá y eso duele, pero también es reconfortante saber que, a pesar de que ya han pasado dos años, la gente todavía lo recuerda", expresó.

Para Juan, continuar detrás del carrito no es solamente una forma de ganarse la vida. También representa una manera de mantener vivo el legado de su padre y una tradición que ha acompañado a la familia durante décadas.

LA LIBERTAD DE UN OFICIO QUE LE PERMITE ESTAR CON SU FAMILIA

Antes de dedicarse completamente a la venta de palomitas, Juan tuvo otros trabajos. Sin embargo, terminó optando por regresar al rubro que conocía desde pequeño.

Una de las principales razones fue la libertad que le entrega este oficio, especialmente después de convertirse en padre.

"Gracias a este trabajo he podido estar presente en muchas etapas de la vida de mi hijo. Eso es lo más reconfortante para mí", explicó.

La posibilidad de manejar sus propios horarios y organizar sus jornadas de acuerdo con las necesidades de su familia fue uno de los factores que terminó inclinando la balanza.

A lo largo de los años, además, asegura que el trabajo le ha permitido avanzar en distintos aspectos de su vida, logrando concretar proyectos personales y familiares.

MÁS QUE UN TRABAJO

Para Juan, vender palomitas es mucho más que cumplir una jornada y volver a casa. Es una historia que comenzó antes de que él pudiera entender en qué consistía el trabajo de su padre y que hoy continúa cada vez que instala su carrito en el centro de Los Ángeles.

La idea es seguir mientras pueda y, quizás, en el futuro, permitir que las nuevas generaciones de la familia decidan si quieren continuar el camino.

"Yo pretendo seguir todo lo que pueda y, si más adelante mis hijas quieren seguir, también les voy a dar la oportunidad", afirmó.

Detrás de cada bolsa de palomitas hay algo más que un producto. Para él, está la historia de un padre que dedicó gran parte de su vida a este trabajo, los recuerdos de cuando lo acompañaba después del colegio y la decisión de continuar una tradición que, más de 40 años después, todavía sigue recorriendo las calles del centro de la ciudad.

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