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La Tribuna

Llegó a Los Ángeles en 1996 y construyó su vida aquí: “Dios ha sido demasiado generoso conmigo”

por Jorge Monares Olivares

Madre, abuela, emprendedora y directora del Club de Jardines, ha desarrollado una trayectoria ligada al trabajo, la familia y distintas iniciativas que fortalecen sus lazos con la comunidad.

Marcela Sepúlveda Daroch / LT

Desde que llegó a Los Ángeles en 1996, después de vivir en Concepción y Angol, Marcela Sepúlveda Daroch ha construido aquí buena parte de su historia. El trabajo en radio, la formación de una familia, el emprendimiento junto a su esposo y su participación en el Club de Jardines de Los Ángeles son parte de ese recorrido, que recuerda con emoción y que, según cuenta, ha estado marcado por el esfuerzo, la fe y la perseverancia.

"Mi historia es súper sencilla. Nací en Concepción y pasé por Angol, pero llegué acá en 1996 y la ciudad me abrazó por completo", recordó.

Sus padres, Mario Sepúlveda y Hermila Daroch, son recordados por ella como los grandes pilares de su historia. De ellos aprendió el valor del trabajo honesto, la importancia de la palabra empeñada y el respeto por las personas.

"De mis papás, Mario y Hermila, heredé mis grandes pilares: el valor del trabajo honesto y el respeto por la palabra empeñada", expresa.

Su trayectoria laboral comenzó en el área comercial de Radio Agricultura, donde vivió de cerca el desarrollo de la radiodifusión local. De esa etapa, recordó especialmente la cercanía con los clientes y el contacto permanente con la comunidad. "En lo laboral, viví años preciosos en Radio Agricultura, muy conectada con la gente".

Con el tiempo, ese camino la llevó a emprender junto a su esposo, Fernando Benaprés Barrientos, dando vida a Cafeteros, el local que hoy mantienen en pleno centro de la ciudad.

Marcela Sepúlveda Daroch / LT
Marcela Sepúlveda Daroch LT

LLEGADA A MEDIADOS DE LOS 90

Marcela Sepúlveda Daroch se emociona al recordar el camino recorrido. Sentada en su lugar de trabajo, rodeada de los recuerdos, desafíos y logros que han marcado su historia, repasa con sencillez los distintos capítulos de una vida construida con esfuerzo, fe y perseverancia.

Marcela Sepúlveda Daroch ha sido protagonista de distintas etapas en Los Ángeles, ciudad a la que llegó en 1996 tras pasar su infancia entre Concepción y Angol, junto a sus padres, Mario Sepúlveda y Hermila Daroch. Su trayectoria laboral comenzó en el área comercial de Radio Agricultura, cuando la empresa contaba con cuatro emisoras: Agricultura, San Cristóbal, Vía Libre y Esmeralda.

Con el tiempo, ese camino la llevó a emprender junto a su esposo, Fernando Benaprés Barrientos, dando vida a Cafeteros, el local que hoy mantienen en pleno centro de la ciudad. Madre de Carlos y Daniela, y abuela de Santiago, Dominga y Lucca, Marcela combina hoy el trabajo, la familia y su participación en el Club de Jardines de Los Ángeles.

CUANDO LAS FLORES SE VUELVEN ARTE

En el Club de Jardines de Los Ángeles ejerce como directora. Allí, su historia toma una dimensión distinta, másvinculada al arte, la comunidad y el trabajo colectivo.

Desde su rol directivo, ha participado en la organización delas exposiciones florales que el club realiza cada dos años yque abre a toda la comunidad.

La última exposición "Poemas y Flores" se realizó en 2024 en Los Ángeles como parte de este trabajo colectivo que reúne a socias y vecinos en torno al diseño floral como expresión artística. Actualmente, preparan una nueva exposición para el segundo semestre de este año, que continuará esta tradición cultural en la ciudad.

El club está afiliado al National Garden, una organización que agrupa clubes de jardinería desde Canadá hasta el sur del continente, lo que permite trabajar bajo estándares internacionales. Marcela lo explica que: "ser parte de esta red nos permite acceder a los estándares pararealizar exposiciones. Contamos con un manual que cambia periódicamente y debemos aplicar esos principios en nuestros diseños. Esto es arte, por lo que necesitamos dominar conceptos como ritmo, balance y escala".

En ese espacio, su rol no es solo organizativo, sino también formativo y de conducción. Bajo su dirección, el club ha fortalecido su trabajo interno, promoviendo el aprendizaje entre socias y manteniendo viva una tradición que se ha consolidado en la ciudad como parte del calendario cultural.

Para ella, el club no es únicamente una actividad recreativa, sino una forma de encuentro. Un lugar donde el trabajo con flores se transforma en expresión, disciplina y comunidad.

Marcela Sepúlveda Daroch / LT
Marcela Sepúlveda Daroch LT

EL AMOR Y EL TRABAJO COMPARTIDO

Junto a su esposo, Fernando Benaprés Barrientos, Marcela relató que ha construido una historia de amor, compañerismo y esfuerzo compartido. Actualmente, gran parte de sus energías están dedicadas a Cafeteros, el local que mantienen en el centro de Los Ángeles y que forma parte importante de su día a día. "Hoy todas mis energías están en Cafeteros, el local que sacamos adelante junto a Fernando, mi marido y gran compañero de vida".

En esta tarea reconoce que han sido fundamentales Irma Dinamarca y Érica Sanhueza, trabajadoras que han acompañado el crecimiento del proyecto familiar. "Hemos contado con el apoyo y la lealtad invaluable de la Irma y la Érica", afirma.

ENTRE EL TRABAJO, LA FAMILIA Y LA FE

Sus hijos, Carlos y Daniela, son, según cuenta, su mayor orgullo. Como madre, dice sentirse profundamente agradecida por las personas en que se han convertido y por los valores que han sabido cultivar a lo largo de sus vidas.

Sus nietos, Santiago, Dominga y Lucca son para ella una fuente de alegría que se suma a la de sus hijos. "Sin duda, mi mayor orgullo son mis hijos, Carlos y Daniela, y para qué decir mis nietos: Santiago, Dominga y Lucca, que son mi mayor chochera y alegría".

Además de sus responsabilidades laborales y familiares, Marcela participa activamente en el Club de Jardines de Los Ángeles, agrupación que cada dos años organiza la tradicional exposición abierta a la comunidad. Allí encuentra un espacio para compartir con otras personas y expresar su amor por las flores, la naturaleza y la belleza de los pequeños detalles.

Según expresa, su fe ocupa también un lugar importante: encuentra en Dios la fortaleza para enfrentar las dificultades y la inspiración para valorar cada bendición recibida. "Entre mi familia, el café, mis momentos en el Club de Jardines y mi fe cristiana, que es el motor de mi día a día, solo puedo decir que Dios ha sido demasiado generoso conmigo", reflexiona.

Y agrega: "Al final, lo que más me llena el corazón es devolver ese cariño, siempre dispuesta a escuchar, tender una mano y entregar una sonrisa".

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