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La Tribuna

Pepe Flores, el joven de Nacimiento que encontró en la cueca una forma de contar la vida

por María José Villagran Barra

A los 27 años, José Luis Flores Álvarez ha convertido el folclore en mucho más que una pasión; desde Nacimiento, trabaja por rescatar la música y las tradiciones campesinas, combinando su labor como guardia de seguridad en el Hospital de la comuna con la dirección de un conjunto folclórico, la enseñanza de guitarra y la creación de contenido en redes sociales.

Pepe Flores, folclorista nacimentano / Cedida

Hay herencias que no llegan envueltas en grandes discursos. A veces se transmiten en una canción, en unos pasos de baile o simplemente en el gesto de un padre que invita a su hijo a escuchar. Para José Luis Flores Álvarez, conocido como Pepe Flores, la historia comenzó así, cuando era apenas un niño y su padre puso la cueca en el centro de su vida.

"Mi papá me enseñó el folclore, en especial la cueca. Me hizo escuchar mucha cueca y me enseñó a bailar los primeros pasos", recuerda.

Tenía siete años cuando el folclore comenzó a ocupar un espacio todavía mayor en su vida. En su escuela rural llegó el proyecto "Un Puente entre la Comunidad y su Cultura", impulsado por CMPC, donde un profesor externo realizaba clases en establecimientos rurales. Un año después, a los ocho, Pepe comenzó a aprender guitarra. Lo que pudo haber sido simplemente una actividad de infancia terminó convirtiéndose en una vocación que, con el paso de los años, echó raíces.

A los 14 años asumió un desafío poco habitual para alguien de su edad: convertirse en director de un conjunto folclórico. En 2014, en Nacimiento, junto a quien recuerda como su padrino, formó "Los Rotitos de Nacimiento", agrupación que hoy suma doce años de trayectoria y que continúa siendo parte fundamental de su vida.

Su juventud, sin embargo, nunca ha sido impedimento para asumir responsabilidades. Tampoco para entender el folclore desde una mirada propia, vinculada estrechamente con la gente y con las historias cotidianas.

"Para mí la cueca es pueblo, la cueca es gente, la cueca es la esencia y la raíz de nosotros como ciudadanos chilenos", afirma.

Esa definición explica buena parte de su trabajo. Pepe no entiende la cueca como una expresión reservada para escenarios o campeonatos. Por el contrario, quiere devolverla a los espacios donde, según él, nació: la vida cotidiana, las familias, el campo y las personas.

"Hoy día se ha estigmatizado bastante el baile. Mucha gente le tiene miedo a bailar una cueca porque pareciera que las cuecas de campeonatos son las que valen, y en realidad la cueca no nace en los campeonatos, sino que nace desde la raíz, desde la esencia, desde el día a día que construye la sociedad".

José Luis Flores.

Por eso su invitación es sencilla: bailar sin miedo y sin preocuparse demasiado por las reglas. "La gente debería bailar la cueca como le nazca, como le sienta", dice.

Su vida transcurre entre dos mundos que, lejos de ser opuestos, para él se alimentan mutuamente. Durante su jornada laboral se desempeña como guardia de seguridad en el Hospital de Nacimiento; allí conversa con personas, conoce historias, observa alegrías, preocupaciones y momentos difíciles. Todo aquello termina, de alguna manera, regresando a su otra faceta: la de creador.

"Veo anécdotas, veo sufrimientos, veo malestares y eso es lo que es la cueca para mí también, porque uno hace cuecas en relación a lo que ocurre en el entorno del día a día", explica.

GESTOR CULTURAL

En paralelo, José Luis desarrolla proyectos culturales, trabaja con distintas agrupaciones y utiliza las redes sociales para acercar el folclore a nuevos públicos. Actualmente, realiza un desafío que resume su forma de entender la difusión cultural: cantar una cueca diaria hasta llegar al 18 de septiembre. La iniciativa le ha permitido sumar seguidores, conocer personas y, sobre todo, explicar qué significa para él esta expresión musical.

Pero su vocación no termina en cantar o bailar; también enseña. Desde hace seis o siete años participa en cursos de guitarra y actualmente tiene cerca de 30 alumnos, incorporando en sus clases elementos del folclore chileno.

Para Pepe, enseñar es una manera de devolver aquello que recibió de su padre.

"Yo agradezco a mi papá que me haya introducido una pieza tan linda como es la cueca, porque me hizo entender que el folclor también puede ser parte de nuestra vida cotidiana, que también puede ser una profesión, que también puede ser un trabajo".

José Luis Flores.

Y hay algo más profundo en esa gratitud: la posibilidad de transformar una herencia en una nueva cadena de transmisión. "A pesar de lo poco y nada que él sabía, me lo enseñó a mí, y hoy día me siento tan feliz de poderle enseñar a otro", afirma.

Quizás por eso sus proyectos tienen una mirada puesta permanentemente en el futuro, pero sin perder de vista el pasado. Quiere fortalecer la celebración de la Cruz de Mayo en Nacimiento, impulsar un Día del Folclorista Nacimentano para homenajear a quienes han dedicado su vida a la música y reconocer también a quienes ya partieron. Sueña, además, con crear un campeonato de cueca campesina que rescate la expresión más tradicional y, por qué no, que algún día pueda transformarse en un campeonato nacional.

En todos esos sueños aparece una misma palabra: raíz.

"Siempre rescatar la esencia, lo de raíz, o sea, lo del campo, lo de la gente más humilde", resume.

A sus 27 años, Pepe Flores todavía tiene mucho camino por recorrer. Pero hay algo que parece tener claro: el folclore no es para él una postal del pasado ni una tradición que deba permanecer intacta detrás de una vitrina. Es algo vivo, que se canta, se baila, se enseña, se transforma y se vuelve a entregar.

Y mientras prepara nuevas cuecas, dirige a sus músicos, enseña guitarra o cumple su turno como guardia, sigue haciendo lo que aprendió de niño: mantener encendida una herencia que llegó a sus manos a través de su padre y que ahora busca entregar a otros.

Porque para Pepe Flores, preservar una tradición no significa simplemente recordarla. Significa hacer que alguien más quiera aprenderla, sentirla y continuarla.

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