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La Tribuna

La historia del gondolero de la laguna Esmeralda y porqué su emprendimiento podría no funcionar

por Juvenal Rivera Sanhueza

Marcelino Quezada vio una góndola en Penco y pensó que la idea se podía replicar en la ciudad. Y así lo hizo. La primera vez que estuvo en la laguna, causó profunda sensación. En embargo, un impedimento técnico haría inviable seguir con el naciente servicio.

Marcelino Quezada en su góndola por la laguna Esmeralda. / Cedida

Hace más o menos un año que Marcelino Quezada vio por televisión que una góndola se deslizaba plácidamente por un canal habilitado en una calle paralela a la plaza de armas de Penco (provincia de Concepción). Lo que podría haber sido una noticia más, fue el punto de partida para plantearse la idea de replicar el concepto pero en un lugar distinto: "Pensé inmediatamente en la laguna Esmeralda con una góndola surcando sus aguas".

El sábado pasado, esa idea se hizo realidad: Marcelino, vestido con sombrero canotier y una vistosa polera a rayas horizontales, portando un remo de generosas dimensiones, se instaló con su góndola a recorrer ese ojo de agua.

Fue sensación en las redes sociales. Lo fotografiaron y grabaron. Varios videos fueron publicados en plataformas como Instagram y Tik Tok. Cientos de personas lo comentaron, muchos en tono de broma por esa reminiscencia italiana que se instalaba a pocas cuadras de la plaza de armas de la ciudad.

Pero para que ocurriera tal acontecimiento, primero debió correr mucha agua bajo el puente. Desde que Marcelino Quezada lo vio por televisión hasta que botó la góndola a las aguas de la laguna Esmeralda, pasaron muchos hechos y acontecimientos.

Por esas cuestiones de la vida, el emprendedor se contactó con el alcalde de Penco, Víctor Hugo Figueroa. Ahí supo que fue el jefe comunal quien, después de visitar Venecia, tuvo la idea de replicarlo en su territorio. Para ese fin, embalsó el estero Penco que corría sin pena ni gloria por una calle paralela a la plaza de armas y ordenó construir dos góndolas de fibra de vidrio. Una vez que estuvo todo listo, concesionó el servicio que es una sensación en los veranos pencones. Incluso, ha sido tema para canales de televisión del extranjero.

Lo importante de la plática con el alcalde Figueroa es que le dio un dato fundamental: dónde construir las góndolas que miden más de seis metros de largo y poco menos de 200 kilos de peso, las cuales elabora un experto en fibra de vidrio en Concepción. Marcelino Quezada, que es un artesano que en los inviernos de dedica a la limpieza de estufas a leña, juntó sus ahorros, peso a peso, hasta tener su propia embarcación. Con sus propias manos, construyó un carro, que puede ser tirado a mano o en camioneta, para trasladar su góndola que puso guardar en un taller cercano a la laguna Esmeralda (Marcelino vive en la población Domingo Contreras Gómez).

Hasta ahí una parte de la historia. Después viene la cuestión burocrática. Porque no es llegar a la laguna Esmeralda y botar cualquier bote al agua. En la municipalidad se allanaron a la idea y le dieron el visto bueno, previo pago de un permiso ad-hoc.

Sin embargo, no contaba con un detalle. Justo en noviembre la laguna fue secada para su limpieza habitual. Debió esperar hasta completar ese trabajo y a que el agua volviera a llenar el ojo de agua para hacer su estreno en sociedad.

Y lo hizo. El pasado 9 de diciembre, ante cientos de personas que colmaban la laguna Esmeralda - muchos atraídas por la realización del Carnaval de Primavera -, el emprendedor local lanzó su góndola al agua, ajustó su traje y comenzó a surcar el espejo de agua.

Como ya lo dijimos, su presencia causó sensación.

SIN EMBARGO...

Hasta esta parte del relato, parece ser una buena historia de emprendimiento. Sin embargo, Marcelino Quezada se encontró con una dificultad no menor: La laguna Esmeralda no tiene embarcadero. Tanto para botar la góndola al agua o retirarla hacia el final de la jornada, como para que las personas subieran y bajaran, no se cuenta con una infraestructura adecuada.

Tampoco puede exponerse al riesgo que la estructura de fibra de vidrio se estropee por la posibilidad cierta que se pueda golpear contra las orillas empedradas. O que un pasajero pueda caer al agua al hacer la maniobra de ascenso o descenso. 

Durante varias décadas, la Laguna Esmeralda tuvo un pequeño muelle. La prueba más irrefutable es que sus aguas eran surcadas por botes de madera empujados por remos que recalaban en un pequeño embarcadero habilitado en el sector del islote. Con los años, esa estructura simplemente desapareció (como el torpedo, pero eso es parte de otra historia).

Para Marcelino Quezada, un muelle - que fue solicitado al municipio pero recibiendo una respuesta negativa porque supuestamente se usaría para el baño - permitiría prestar un buen servicio que se puede convertir en una novedosa atracción para las tardes de verano en Los Ángeles.

A su juicio, el revuelo en las redes sociales es la mejor demostración que su emprendimiento - que ha empujado por cuenta propia - aseguraría contar con un foco de interés para propios como visitante.

"Es la comuna la que se beneficia con llevar a cabo un proyecto así. Sería bonito, le haría muy bien a la ciudad", recalcó. 

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