miércoles 13 de noviembre, 2019

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José Miguel Montiel: El hombre que mantiene viva la relojería en Los Ángeles

Con más de 60 años dedicado a este oficio, este hombre aparece como el relojero más antiguo de la comuna.


 Por Sebastián Díaz

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José Miguel Montiel Montiel tiene 77 años y es un conocido relojero en Los Ángeles.

Nació en la capital de la provincia de Biobío y desde chico vivió en calle Villagrán. Cuenta que los primeros cursos los hizo en la escuela y la enseñanza media la llevó a cabo en un liceo nocturno.

Explica que su oficio lo inició muy joven, a los 16 años y que comenzó "porque se me presentó la oportunidad y como veía que no tenía ni una otra cosa que hacer, me entusiasmé. Me encontré con una señora que hoy está fallecida, la señora Corina Ceballos, ella me dio la oportunidad y me preguntó si quería aprender relojería, yo no tenía idea qué era eso".

Así, con la dedicación y el interés que puso, no se le hizo difícil aprender este oficio, por lo que así comenzó.

No fue fácil y es que el yerno de la señora Corina lo ayudó pasándole libros y haciéndolo estudiar teoría y práctica de la relojería.

"Comencé un 16 de junio de 1956 y no he parado", explicó.

Respecto a lo difícil de poder aprender esto, dijo que "cuando hay entusiasmo y deseo de hacer las cosas, todo se hace fácil", afirmó.

Cuenta que tras aprender, comenzó a trabajar con Rubén Cabezas, con quien laburaba en un local ubicado en calle Colón. "Ahí estuve como cuatro años y una vez que aprendimos bien cambiamos a otro taller", dijo.

VIAJE A CALAMA

Al tener experiencia y los conocimientos necesarios, emprendió rumbo al norte, al tener una buena posibilidad laboral, ¿su destino?: Calama.

"Se me presentó esa oportunidad y como estaba urgido económicamente, zarpé para allá sin tener idea de dónde quedaba eso. Me fui en bus, un viaje de 30 horas", comentó.

Ya instalado en el norte, comenzó a ejercer nuevamente su oficio de relojero, fueron buenos cuatro años, hasta que decidió volver a su ciudad natal y es que pese a que el trabajo no era malo, siempre extrañó la comuna que lo vio nacer y también sus seres queridos.

"Volví por la familia, echaba de menos, desde luego. Me ofrecieron quedarme, me daban casa, amoblada, pero empecé a ver el ambiente social que había y no me gustó, yo tenía a mis hijas mujeres. Vi que no convenía, así que me volví".

RETORNO A LOS ÁNGELES

Sin lugar a dudas que esos cuatro años en Calama fueron de gran ayuda para José Miguel y es que fue un tiempo donde ganó experiencia, algo que no desperdició cuando regresó a Los Ángeles.

Al volver, retornó a un local ubicado en Colo Colo, otro entre Colón y Almagro, para luego recalar en la Vega Techada, mismo lugar que lo alberga el día de hoy.

"En todas partes se me han presentado oportunidades y las he aprovechado", detalló.

VEGA TECHADA

Corría 1991 y José Miguel Montiel se instalaba en la Vega Techada para atender a sus clientes, siendo uno de los más antiguos locatarios de ese sector de Los Ángeles.

Cuenta que "yo no paro, ya estoy de cabeza en esto hace rato, voy a seguir hasta que me vaya al campo… pero al camposanto (ríe). Yo no voy a parar  ¿cómo me voy a ir a 'apolillar' a la casa? Hay que mantener vivo esto".

Asimismo, relató que así como él fue enseñado a hacer este oficio, él también quiso enseñarlo, pero ninguno de sus dos alumnos tuvo la paciencia para continuar con ello.

Igualmente, detalló que "la clave es que todo nace con el hábito y tener el interés de hacerlo. La paciencia hay que crearla, pero a veces hay que tener más paciencia con el cliente que con el reloj (ríe)".

LA FAMILIA

En cuanto a la familia, José Miguel cuenta que es felizmente casado, tiene cuatro hijas adultas ya casadas, a las que apoda cariñosamente como sus cuatro vientos, Marta Maribel, Susan, Paulina y Priscila, además de sus nueve torbellinos, sus nietos.

"Cuando uno ha tenido poca familia, es lindo ver esos nietos que llevan la sangre de uno", dijo.

En cuanto a su señora, comentó que la conoció en Los Ángeles, ella trabajaba en Rengo y él entraba a un local que se llamaba "El Rinconcito". "Así la conocí y ella me enamoró", contó sin tapujos. Se casó en 1969 con María Maribel Pezoa Reyes.

Asimismo, ante la pregunta de qué significa la familia para él, dejó en claro que "la familia es algo grande, uno no puede ponerle un nombre, todo es precioso, tener hijos, nietos, el hogar propio. Al final todo lo que tengo se lo debo a los relojes".

Respecto a su trabajo, expresó que "es lo que lo mantiene a uno".

Consultado acerca de cómo le gustaría que la gente lo recordara, sacó toda su humildad y manifestó que "con el paso del tiempo, me gustaría me recuerden como un buen relojero.

ESFUERZO

Si bien, cuenta que a esta altura de la vida no hace mucho ejercicio, porque la edad no se lo permite, sí recalcó que "lo único que hago es caminar, irme y venirme de pie". José Miguel vive en avenida Los Ángeles, por lo que diariamente debe hacer un recorrido extenso, de cerca de 8 cuadras para poder llegar a su lugar de trabajo. El recorrido lo lleva a cabo todos los días, incluso los domingos, algo que ya se le ha hecho habitual.

"Uno no puede echarse a morir, si puede funcionar, hagámoslo" dijo.

EL RELOJ

Para Montiel, el reloj tiene un significado especial, "para mí es un elemento de trabajo, porque sin hora se puede llegar atrasado a un lugar".

Asimismo, dijo que no le complica que los celulares tengan hora, debido a que el público siempre tiene reloj. "Eso no se va a terminar nunca", explicó.

Una de las anécdotas que más recuerda es que hace ya varios años, la gente solía abrir con frecuencia los relojes cuando les ocurría algo y los intentaba reparar por sí mismos, pero "una vez llegó una persona que le echó aceite de comida al reloj (ríe) y un colega lo lavó, lo secó y al dar vuelta la esfera, estaba en blanco, había desaparecido los números".

Por último, cerró comentando lo feliz que es con su trabajo y la gran cantidad de clientes que día a día llegan a visitarlo para hacer lo que mejor sabe hacer: reparar relojes.

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