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Los Ángeles

Ricardo Matamala: El hombre que aprendió de la vida a ser solidario

No siempre lo pasó bien, de hecho cuenta que desde pequeño tuvo problemas, pero gracias al apoyo de personas a las cuales aún recuerda con cariño, logró salir adelante. Por ello, hoy retribuye a la sociedad con algo de lo que tiene.


 Por La Tribuna

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Normalmente la gente puede pensar que en estos tiempos es muy difícil ayudar al prójimo, a quien lo necesita, o a quienes requieren del apoyo. Pues bien. En nuestra provincia de Bío-Bío, y en Los Ángeles particularmente, existen personas que han estado dispuestas a entregar parte de su tiempo, trabajo y ganancias legítimas para poder hacer un aporte.

En esta oportunidad, el turno es de Ricardo Matamala Bascuñán, de 41 años, quien su enseñanza básica la realizó en la escuela Villucura, y la media en el Liceo Industrial. Los estudios superiores los hizo en la Universidad de Viña del Mar, donde cursó la carrera de Ingeniería en Electricidad.

“Para llegar a lo que fue formar la empresa casa Lukas fue prácticamente forzado. Yo llegué a la ciudad de Los Ángeles el año 90, a estudiar en el liceo con un amigo. Yo pertenezco al sector rural de Villucura, que queda a la cordillera desde Santa Bárbara. Yo pretendía estudiar mecánica, era mi sueño, y nos mostraron los talleres, y a mí me gustó el eléctrico, así que me cambié. Dejé a mi amigo en el mecánico y me fui al lado eléctrico, así que me fui a la Compañía General de Electricidad el año 93, y estuve ahí cuando tenía todo el sistema antiguo, para después pasar a la empresa Volta”, comentó.

Además, añadió que “esto fue entre el año 94 y el 97. Debido a que en esos años -los que lo vivimos- fui despedido de la empresa por la crisis asiática. Seguí trabajando solo, ahí me inicié, creé otra empresa con un amigo, no le doy mucho énfasis porque no me fue bien, salí de ahí el año 2003, donde estuve 5 años”.

Fue el año 2003 donde se lanzó con esta aventura llamada Casa Lukas, y su nombre se debe a su primer hijo de matrimonio, que nació el mismo año.

“Yo cuando aún trabajaba en la empresa Volta, la primera ayuda a un niño necesitado lo viví allí. En esos años la empresa estaba ubicada en Almagro, entre Colo Colo y Lautaro. Andaba un niño, de unos 6 o 7 años, solicitando que le diéramos una moneda, ya que quería comprar unas zapatillas. Cuando vi al niño me vi reflejado. Él quería esas que tenían luces, y fue tanto que lo acompañé y le compré las zapatillas. Desde ahí comenzó mi andar ayudando a la gente, después con la empresa ha sido más fácil para mí”, sostuvo.

 

DESDE LOS INICIOS

Según comentó Matamala, todo comenzó cuando partió ayudando a este menor de 6 años, pero el proceso más cuantioso se generó desde la creación de su empresa, el año 2003.

“Comencé con un equipo del fútbol campesino, que se llama club Renacer Unido que está ubicado en Candelaria. Con ellos partí, las primeras camisetas que yo doné, que fue en el año 2005 aproximadamente. Después, de ahí en adelante tengo un paso por hartos equipos. Aquí en Los Ángeles tengo Villa Hermosa, Orompello, el club donde salió Claudio Baeza –El Bolsón- donde están prácticamente todas las series. En el fútbol campesino sigo con La Perla, y así varios clubes donde he donado indumentaria”, manifestó.

También, está apoyando a una atleta angelina, y hasta el minuto es el único auspiciador que tiene, que es Johanna Rivas, y fue un compromiso que asumieron los dos.

“Creo que soy el único apoyo que tiene, y depende exclusivamente de nuestra empresa. Ya llevamos más de un año financiándole indumentaria, viajes, hoteles, y todo. Nosotros, con mi señora, ella de primera no entendía la situación. A veces me reprochaba que gastaba plata, o ayudaba a otros lados, y después se dio cuenta que lo que hacía me ayudaba a mi interior, porque son cosas que no tuve en mi infancia y lo he hecho realidad con otras personas que ni siquiera son parte de mi vida, sino que gente que he conocido en el transcurso de mis años”, explicó.

 

LA MOTIVACIÓN DE MATAMALA

“Son varias cosas las que me motivan a hacer esto. Lo primero es que está la ausencia de mis padres. Yo no tuve a mi mamá ni a mi papá cerca, desde meses de haber nacido. Nunca tuve el cariño de ambos, con lo que significa para un niño. Después pasé por la parte de alimentación; mi educación básica la viví en un internado, dependía mucho de él, de las comidas que ahí me daban. En este caso es la escuela de Villucura, y ahí siempre mis pilares fueron el director junto a su esposa, que fueron muy importante para mi vida, porque en el fondo ellos me daban toda la ropa, incluso de su hijo. Don Mario Torres y la señora Yolanda González, fueron una ayuda muy grande”, relató visiblemente emocionado a medida que repasaba su historia.

De hecho, confesó que producto de lo buenos que fueron con él – el director de la escuela y su señora- sigue manteniendo un contacto con ellos.

“Hasta el día de hoy tengo contacto con ellos, porque uno no se puede olvidar de esas cosas. Luego tuve el apoyo de mis hermanos mayores, de mis cuñados. Estoy muy agradecido de ellos, porque ellos confiaron en mí, me echaron una mano, y hoy en día les he retribuido de todas las formas posibles lo que hicieron por mí algún día”, indicó.

Hoy en día, con una gran familia, compuesta por él, su señora que ve el tema comercial en la zona centro, su hijo Lukas (13), Vicente (11).

 

¿SÉ PUEDE SER EMPRESARIO, AYUDAR A LA GENTE, A PESAR DEL MOMENTO ECONÓMICO QUE VIVE EL PAÍS?

“Lo que pasa es que ojalá todos pensáramos igual a veces. Siempre pongo el ejemplo del campo. Allá hay familias que son 8 o 10 personas en una casa, y viven del sueldo mínimo del dueño de casa. Cómo lo hacen, no lo sé. Viven, tienen un buen pasar, no como a lo mejor lo quisiéramos, pero tienen una vida que saben administrar. Yo digo, uno que tiene más oportunidades, sí se puede ayudar, y eso depende del sentir de las personas. Yo sé que en Los Ángeles hay muchas personas que pueden ayudar y no lo hacen. Yo los invito a que lo puedan hacer, se puedan unir. Hay muchos que lo hacen de forma anónima como yo, y uno se siente muy lleno por dentro al hacer estas cosas, no demostrando a todo el mundo lo que hace, sino que se está dando de corazón a gente que lo necesita”, cerró Ricardo Matamala, empresario, y uno de los emprendedores que se ha transformado en el gran soporte de varios que han necesitado ayuda. 


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