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El historial de la pobreza urbana en Los Angeles

En la década del ’50 comenzaron a aparecer las primeras poblaciones callampa. Famosos fueron en su tiempo los campamentos La Feria y después la población En Tránsito. Aún hasta nuestros días persisten varios, uno de los cuales es el de Llano Blanco, con un centenar de familias viviendo en la pobreza más absoluta.


 Por Juvenal Rivera

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Corría el año 1965 cuando la Dirección General de Obras Sanitarias, un organismo dependiente del Ministerio de Obras públicas, dio a conocer un informe que dejó al desnudo la dramática realidad de las poblaciones callampa en Los Ángeles, uno de los temas más sensibles para las autoridades de ese tiempo.

En aquel entonces, la comuna se empinaba sobre los 60 mil habitantes, la mitad de los cuales vivía en la ciudad.

Sin embargo, en esos años eran comunes las poblaciones callampa, con decenas de familias viviendo en las peores condiciones imaginables. Sin energía eléctrica, sin agua potable, mucho menos con alcantarillado, en extremo hacinamiento y confinados a construcciones miserables. Era la pobreza extrema.

La migración campo-ciudad, gatillada por las expectativas de mejores condiciones de vida en la urbe, produjeron oleadas de familias que comenzaron a copar las ciudades más importantes. Fue un fenómeno nacional y Los Ángeles, por cierto, no fue ajena a este proceso. Y tal como en el resto del país, la capital provincial no estaba preparada para ese arribo tan masivo.

Sin embargo, el problema de las poblaciones callampa venía desde principios de los años 50. Muy cerca de donde más tarde se construiría la fábrica productora de azúcar de remolacha de la empresa Iansa, se levantó un campamento precario conocido como la población La Feria.

Estaba ubicada en el bandejón central de la avenida Vicuña Mackenna, frente a donde ahora está la ruinosa cárcel pública, donde cientos de personas vivían en las peores condiciones imaginables.

La Feria – se denominaba así por estar cercana a las antiguas instalaciones de la Feria Biobío, lugar ahora ocupado por el condominio Vientos del Sur – fue la población callampa más numerosa de Los Ángeles en la década del ’50. Se estima que unas 2 mil personas vivieron en ese lugar en su momento más álgido.

Por lo mismo, luego del terremoto, fue una de las primeras en priorizarse para buscar una solución habitacional.

Y una de esas alternativas fue construir en un terreno de poco más de nueve hectáreas, que fue comprado por la municipalidad en la década del ’50 bajo la administración del alcalde Pedro Stark.

Un dato curioso. A fines de los 50, ese terreno fue cedido por la municipalidad a la Corporación de Vivienda (Corvi) para la construcción de viviendas. Sin embargo, la Corvi – que era el organismo estatal encargado de esa materia – nunca quiso construir alegando los elevados costos de urbanización.

Al cabo, lo imperioso de las soluciones obligó a levantar barracones de emergencia que no tenían agua potable, ni energía eléctrica y mucho menos, servicio de alcantarillado. De hecho, en los primeros años de existencia, solo hubo un par de baños para todos sus pobladores. Pero era un techo y eso era mejor que nada.

Sin embargo, aunque las autoridades de su tiempo insistieron en que la población debía llevar el nombre del primer cardenal chileno, José María Caro, prevaleció el nombre usado por sus pobladores: “21 de Mayo”.

Y – ojo – no fue en homenaje al combate naval en que se inmolaron Prat y sus héroes en la rada de Iquique por allá por 1879. Esa denominación viene de algo mucho más cercano: recuerda el primer terremoto (el 22 de mayo ocurrió el más devastador), el mismo que dejó sus precarias viviendas en el suelo cuando vivían en la población La Feria.

MÁS CAMPAMENTOS

Pero la erradicación de esos pobladores no acabó con el problema. De hecho, en el informe de marzo de 1965 de la Dirección General de Obras Sanitarias, se indica ese lugar volvió a ser ocupado: vivían 121 familias y 688 personas. Ahí solo se contaba con nueve llaves para surtir de agua y ningún servicio sanitario. Es decir, los baños se remitían a pozos negros insalubres.

En total, en Los Ángeles se contaban 13 campamentos o poblaciones callampa con exactamente 2 mil 944 personas. Es decir, cerca del 10% de la población urbana vivía en la precariedad más absoluta.

Habitualmente, se instalaban en terrenos públicos o de privados que eran ocupados por familias urgidas por la necesidad de tener un lugar donde vivir. Era eso mejor que dormir en la calle, a la intemperie, sin nada.

En la población 21 de Mayo, sin embargo, el panorama era igualmente desolador. Aunque vivían en mediaguas, sus casi 600 habitantes sólo contaban con seis llave para surtirse de agua potable. El alcantarillado – obviamente – brillaba por su ausencia.

Más dramático era el panorama en el campamento Alcázar (a la altura del 150). Aunque solo vivía más de un centenar de personas, carecían completamente de agua potable y alcantarillado.

Otros campamentos estaban en calle Condell, uno a la altura del 240 y otro en el 553. Más de 100 familias vivían en ambos sectores. Por calle Colo Colo, a la altura del 50, había otro grupo de familias.

Estaba también la población Baquedano (situada en la esquina con José Miguel Infante), la población FEUT (a orillas del Quilque), la de Operarios Municipales, la que estaba en la esquina de calles Galvarino con Colón, la del ex Hogar Infantil y la que se situaba en la esquina de la calle Almirante Latorre con Mendoza.

POBLACIÓN EN TRÁNSITO

Sin duda que uno de los campamentos más recordados es la población En Tránsito. Se llamaba así porque era de paso, era temporal mientras llegaba la casa definitiva.

Partió como una toma en agosto de 1973, a pocos días del Golpe militar y que llegó a ser el más grande en la historia de Los Ángeles. Albergó a cerca de 10 mil almas, el 95% de los cuales vivían en la indigencia y la extrema pobreza.

Fue realmente enorme. Para hacerse una idea, hacia 1980 la población angelina sumaba 100 mil personas. El 10% de ellos vivía en la población En Tránsito, sin agua potable, sin alcantarillado y “colgados” a la energía eléctrica.

La toma partió una noche de agosto cuando de familias llegaron a habitar un terreno comprado por el Estado para viviendas sociales, con el fin de presionar por tener casas.

Lo que debía ser una ocupación temporal, dio paso a la llegada de más y más personas que con restos de madera, trozos de cartón y lo que pudiera servir para cerrar una mediagua.

Se surtían de agua en llaves ubicadas en plena calle y situadas a cierta distancia unas de otras. Con el paso de los años, fue instalado el alumbrado público. Eran la demostración que la toma era un hecho consumado.

El incendio del marzo de 1982 quemó una parte importante del campamento. Fue un megaincendio. No hubo víctimas pero sí 2 mil 500 damnificados que debieron ser ubicados en instalaciones provisorias mientras se buscaba una solución definitiva.

La población, donde ahora está la villa Balmaceda, comenzó a ver el final de sus días hacia fines de los ’90 cuando sus habitantes empezaron a ser erradicados en las sucesivas poblaciones levantadas en el sector sur de Los Ángeles. Los últimos pobladores salieron en el invierno de 2001, poniendo fin a una ocupación que duró prácticamente tres décadas.

Sin embargo, pese a los esfuerzos, los campamentos poblacionales en Los Ángeles no se han terminado. Hasta la fecha, el más grande y más antiguo de los cuales está en el sector de Llano Blanco, con cerca de un centenar de familias que viven en torno a la antigua faja ferroviaria.

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