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Nobel de Economía: es necesario un "nuevo contrato social" para acabar con la desigualdad

"Cuando miraba los datos de Chile, el nivel de desigualdad era tan alto que me sorprendía que no hubiese más disturbios civiles", señaló el laureado profesor estadounidense.


 Por La Tribuna

61, marchas

l Nobel de Economía (2001) Joseph Stiglitz aseguró en una entrevista con Efe que el mundo necesita “un nuevo contrato social” que busque un equilibrio entre el mercado, el Estado y la sociedad para acabar con la desigualdad y las protestas, bajo la advertencia de que la extrema derecha “no funciona”.

En el Hay Festival de Cartagena de Indias, en Colombia, donde presentó su libro “Capitalismo Progresista”, el estadounidense también advierte de la necesidad de una agenda global que incluya reformas de los mercados, tumbar los monopolios y restringir la competencia desleal, así como la creación de políticas progresistas de impuestos y gastos.

Stiglitz augura un fracaso en la agenda económica de Donald Trump porque cree que ni el presidente estadounidense ni su equipo “entienden la economía”. “Otros cuatro años lo empeorarían aún más”, apunta sobre las elecciones de noviembre en las que el mandatario buscará la reelección.

PREGUNTA: ¿Es optimista con los cambios que pueden traer las multitudinarias protestas ciudadanas?

RESPUESTA: Soy optimista frente al cambio, es una inundación en países como Chile. Cuando miraba los datos de Chile, el nivel de desigualdad era tan alto que me sorprendía que no hubiese más disturbios civiles. Ahora tenemos los disturbios y va a haber una verdadera revisión de la Constitución.

Hay un comienzo real de reconocimiento de que hay un problema. En Chile buscaron la solución de los “Chicago Boys”, y les funcionó. Ahora solo con ese reconocimiento van a comenzar a pensar. ¿Cuáles son los marcos económicos alternativos? Soy optimista. América Latina a veces se desvía de un extremo de los fundamentalistas del mercado al otro extremo y lo que espero es que entendamos que la extrema derecha no funciona, es más fácil dirigir desde un rumbo intermedio.

PREGUNTA: Fallaron el neoliberalismo y el socialismo. Hoy la desigualdad es el motor que impulsa las protestas. ¿Cuál es el modelo que usted propone?

RESPUESTA: Lo que estoy argumentando en mi libro “Capitalismo Progresista” es que necesitamos un nuevo contrato social; un nuevo equilibrio entre el mercado, el Estado y la sociedad civil, y una ecología de instituciones más rica, incluidas organizaciones sin ánimo de lucro, cooperativas.

El problema del neoliberalismo era que argumentaba que el mercado sin restricciones era la solución y decía: no se preocupe por la moral, no se preocupe por la explotación, sólo déjelo en manos del mercado; y eso no funcionó.

PPREGUNTA: Insisto, las desigualdades siguen creciendo y el efecto está en las calles ¿Cuál es la clave para cerrar esa brecha?

RESPUESTA: Nunca ha habido una bala de plata para algo que ha estado sucediendo durante 40 años, incluso desde hace mucho más tiempo, y en el caso de América Latina aún más, desde el período colonial.

La respuesta es una agenda completa que incluya reformar los mercados, reformar las reglas del juego, tumbar los monopolios, poner más restricciones al comportamiento anticompetitivo, fortalecer el poder de negociación laboral, reformar el gobierno corporativo.

Y luego tenemos que tener políticas progresistas de impuestos y gastos. Debemos tener programas para asegurarnos de que todos satisfagan sus necesidades básicas para una vida decente, especialmente en países como Estados Unidos donde somos lo suficientemente ricos como para asegurarles a todos una vida decente si solo quisiéramos.

Otro aspecto realmente importante es que tenemos que lidiar con el problema del cambio climático: el mundo está amenazado, no es solo una crisis de desigualdad, es una crisis climática y si no lo hacemos nuestro mundo no va a ser habitable o vamos a gastar enormes cantidades de dinero en respuesta al cambio climático. Sin embargo, el presidente de los Estados Unidos lo niega; el resto del mundo no puede negarlo, tiene que ser parte de una economía reformada.

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