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La Tribuna

Déficit hídrico supera el 50% y escasa nieve enciende alerta por disponibilidad de agua para el verano

por Jorge Monares Olivares

Los registros pluviométricos continúan muy por debajo de lo esperado y la cordillera aún no logra generar reservas significativas. A ello se suma que el Lago Laja se encuentra apenas al 16% de su capacidad, configurando un escenario que preocupa por la disponibilidad de agua para el próximo verano.

Nieve cordillerana / Municipalidad de Antuco

La preocupación por la disponibilidad de agua para el próximo verano ya comenzó a instalarse entre agricultores, regantes y organismos vinculados a la gestión hídrica de la cuenca del Biobío.

Aunque el invierno recién comienza, los indicadores muestran un escenario complejo: déficits de precipitaciones superiores al 55% en distintas estaciones de monitoreo, escasa acumulación de nieve en la cordillera y un Lago Laja que se encuentra apenas en torno al 16% de su capacidad.

De acuerdo con el último informe de la Dirección General de Aguas (DGA), las precipitaciones acumuladas registran déficits de 64,4% en Los Ángeles, 64,3% en Concepción, 59,8% en Mulchén, 60,2% en Pangue y 55,5% en Abanico, cifras que reflejan una condición generalizada de escasez hídrica en la región.

La atención está puesta especialmente en la cordillera, donde la acumulación de nieve continúa siendo muy inferior a la esperada para esta época del año.

La nieve constituye una de las principales reservas naturales de agua para enfrentar los meses más cálidos, ya que alimenta gradualmente ríos, esteros, embalses y sistemas de riego durante la primavera y el verano, cuando aumenta la demanda para consumo humano, agricultura, generación eléctrica y diversas actividades productivas.

LA CORDILLERA AÚN NO ACUMULA RESERVAS

Frente a este escenario, el presidente de la Sociedad Agrícola de Biobío, José Miguel Stegmeier, explicó que la falta de nevazones representa una señal de alerta para quienes dependen del recurso hídrico durante la temporada estival.

El dirigente señaló que las nevadas de junio, julio y agosto son fundamentales para asegurar la disponibilidad de agua durante el verano, ya que permanecen acumuladas en la cordillera y se transforman en una reserva estratégica para toda la cuenca.

"La nieve es la que nos permite regar durante el verano y tener reservas suficientes para distintas cosas, no solamente el riego", sostuvo.

Stegmeier indicó que hasta ahora las precipitaciones se mantienen por debajo de los niveles esperados y que la situación es aún más compleja en la alta cordillera debido a las temperaturas relativamente elevadas registradas durante las últimas semanas.

"Estamos con lluvias bastante menores y con nevazones aún menores todavía", comentó.

A su juicio, uno de los factores que ha dificultado la acumulación de nieve es el comportamiento de la isoterma cero, que se ha mantenido en niveles más altos de lo habitual, favoreciendo precipitaciones líquidas en sectores donde normalmente deberían registrarse nevadas.

Pese al panorama actual, manifestó su esperanza de que durante los próximos meses se produzca una recuperación.

Según indicó, los pronósticos climáticos apuntan a un aumento de las precipitaciones durante el invierno, aunque persiste la incertidumbre respecto de cuánta nieve podría acumularse efectivamente en la cordillera.

"Ojalá que tengamos suficiente nieve para poder tener una reserva de agua en la cordillera, que el lago Laja se recupere y que tengamos los caudales normales durante todo el período estival", planteó.

PREOCUPA EL ESTADO DEL LAGO LAJA

La preocupación es compartida por la Junta de Vigilancia de la Cuenca del Río Biobío. Su presidente, Juan Vallejos, indicó que el invierno se ha iniciado de manera "muy tímida".

"Estamos con un déficit superior al 50% en prácticamente todas las zonas de la cuenca y eso es preocupante porque no hay acumulación de nieve", advirtió.

Vallejos puntualizó que, hasta ahora, las estaciones de monitoreo muestran apenas algunos centímetros de nieve en determinados sectores cordilleranos, una cifra insuficiente para generar reservas relevantes para la temporada siguiente.

De hecho, el monitoreo realizado en Alto Mallines, a 1.700 metros de altitud, registra sólo 15 centímetros de nieve acumulada, equivalente a 36 milímetros de agua.

"Hoy día básicamente no tenemos nieve en la cordillera. Hay una estación que está marcando unos pocos centímetros de nieve, pero básicamente no tenemos nieve y eso significa que a la fecha no tenemos reserva", precisó.

El dirigente reconoció que los pronósticos meteorológicos apuntan a una eventual mejora de las precipitaciones durante julio y agosto. Sin embargo, subrayó que no toda lluvia genera los mismos beneficios desde el punto de vista de la gestión hídrica.

"El ideal es que sean lluvias no tan intensas y más prolongadas. Eso permite gestionar el agua y no tener crecidas en los ríos", planteó.

Otro de los aspectos que concentra la atención de los usuarios del agua es la situación del Lago Laja, considerado uno de los principales reguladores hídricos de la cuenca del Biobío.

Según los registros de la DGA, el lago almacena actualmente 919,8 millones de metros cúbicos de agua, volumen que representa una disminución de 40,3% respecto de junio de 2025 y de 72,3% en comparación con su promedio histórico.

Asimismo, el embalse se encuentra a sólo un 16,5% de su capacidad total. "El lago Laja es una laguna de la cual depende mucha gente y depende también mucho el río Biobío, porque es su principal afluente", remarcó Vallejos.

Asimismo, advirtió que la recuperación del lago suele ser lenta debido a las características de su cuenca aportante, por lo que considera necesario avanzar en una mirada de largo plazo respecto de su protección y conservación.

Mientras tanto, agricultores, regantes y organizaciones vinculadas a la gestión del recurso hídrico seguirán observando atentamente el comportamiento climático de las próximas semanas.

Las precipitaciones y, especialmente, las nevadas que se registren durante el invierno serán determinantes para asegurar las reservas de agua que requiere la cuenca durante la próxima temporada estival.

Por ahora, la cordillera sigue sin entregar el volumen de nieve que históricamente alimenta los caudales durante los meses más secos, manteniendo la incertidumbre sobre la disponibilidad de agua para una cuenca donde el invierno aún tiene la tarea de revertir un escenario marcado por el déficit hídrico.

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