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Alto Biobío: turismo, cultura pehuenche y oficios que mantienen vivas las tradiciones

por Claudia Robles Maragaño

Reconocido por ONU Turismo entre los mejores pueblos turísticos del mundo, el territorio combina naturaleza, tradiciones, artesanía y una oferta turística que se desarrolla durante todo el año.

Alto Biobío: turismo, cultura pehuenche y oficios que mantienen vivas las tradiciones / Diario La Tribuna

Montañas, ríos, lagunas y bosques forman parte del paisaje de Alto Biobío, donde la naturaleza convive con una cultura pehuenche que mantiene vigentes sus tradiciones y conocimientos. Ralco fue reconocido por ONU Turismo como uno de los Best Tourism Villages 2024, distinción que puso en valor su identidad cultural, entorno natural y desarrollo turístico.

La comuna ofrece durante todo el año alternativas de alojamiento, gastronomía, camping, cabañas y transporte, además de actividades como cabalgatas, senderismo, trekking, kayak y termas. A esta oferta se suman oficios y productos ligados a la identidad local, como la artesanía en madera, textiles, orfebrería, trabajos en cuero, miel pewenche y preparaciones elaboradas con productos del territorio.

En la comunidad de Callaqui, Armando Humberto Pellao Beltrán aprendió por sí mismo a trabajar la piedra y la madera, utilizando materiales que encuentra en su entorno. Su historia comienza con una piedra: "Solo. Nadie me enseñó. Solo, solo aprendí. Empecé con una piedra".

En Ralco, Manuel Pichinao Beltrán está a cargo del Museo Pewenche, espacio donde los visitantes pueden acercarse a objetos, prácticas y conocimientos vinculados a la vida de las comunidades. "Nosotros aún estamos vivos, tenemos muchas cosas que mostrar".

La relación entre turismo, naturaleza y cultura también es parte del trabajo de Dariela Chávez Becerra, encargada de la Ruka Pewenche Küdaw, quien destaca la vigencia de las tradiciones locales: "Nosotros somos una cultura viva. Tenemos una muestra de nuestra cultura viva".

Estas historias, oficios y lugares forman parte de EcoRutas del Biobío, un proyecto financiado por el Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Ministerio Secretaría General de Gobierno.

"EMPECÉ CON UNA PIEDRA"

Un formón, un combo de palo y un "punto" son parte de las herramientas que Armando Humberto Pellao Beltrán utiliza para desarrollar sus trabajos en madera y piedra. A ellas se suman los materiales que encuentra en su entorno, como las piedras que arrastran los ríos Queuco y Biobío y las maderas que llegan hasta sus riberas. "Para trabajar la madera tengo un punto -que es una herramienta- que es como un cincel para ir moldeando mis trabajos", explica. Para moldear la madera lo hace "con puro formón, con esa herramienta. Tengo un combo de palo y con ese lo hago todo". Sus trabajos los realiza en el taller que tiene en su propia casa, en la comunidad de Callaqui. Allí continúa trabajando cuando las condiciones del tiempo no le permiten instalarse en el Mirador de El Queuco. "En el puente Queuco. Y si no trabajando en mi casa", cuenta cuando explica dónde pueden encontrarlo. Durante el verano y cuando hay buen tiempo instala allí sus trabajos, pero "Cuando llueve no voy porque no hay techo ahí".

Su aprendizaje comenzó hace seis años de manera autodidacta, cuando empezó a trabajar las piedras que arrastraban los ríos Queuco y Biobío. Sus primeros trabajos fueron morteros para su casa y para su madre, y posteriormente comenzó a fabricar piezas para vender. "Mis primeros trabajos fueron para la casa, para mi mamá. Después para vender". Luego incorporó la madera, inicialmente el raulí. "Empecé con la madera de raulí. Hice unos platitos para la sopita". También creó otras piezas para distintos usos: "Inventé también unos platillos para el picadillo o para los dulces".

Cuando se le pregunta cómo surgieron esas primeras formas, su respuesta es breve: "Inteligencia mía". No utiliza teléfono celular y tampoco depende de dispositivos para diseñar sus trabajos. Su manera de crear parte de la observación, la experiencia y aquello que va imaginando mientras trabaja. "Así voy haciendo el molde. Así trabajo yo con lo que se me va ocurriendo y voy haciendo el molde".

Agrega que sin tener mayores conocimientos previos comenzó trabajando de manera autodidacta. "Nadie me enseñó. Solo, solo aprendí. Empecé con una piedra".

La madera que utiliza proviene de árboles que, por distintas circunstancias, caen y terminan en los ríos o son arrastrados por sus aguas. Entre las especies que recupera se encuentran el ciprés, gualle, raulí y laurel. No corta árboles para obtener la materia prima de sus trabajos; aprovecha aquello que encuentra en el entorno. Él mismo explica: "Sí, cuando los quiebran los vientos eso los recojo yo".

Esa manera de relacionarse con la naturaleza también está presente antes de comenzar cada pieza. Armando cuenta que realiza una oración y pide permiso para trabajar con la madera que recoge. "Antes de hacer mi trabajo yo tengo que hacer unas oraciones y un pedir permiso". La práctica tiene para él un sentido espiritual ligado a su forma de comprender la naturaleza y a Chao Nguenechen, nombre con que se identifica a Dios en la tradición pehuenche.

El oficio forma parte de una familia vinculada a distintos saberes tradicionales. Su madre fue "medica", un conocimiento que ya no ejerce. "Antes mi mamá era "medica" antes. Ahora ya no. Ya no trabaja en eso". Ese saber, sin embargo, tuvo continuidad dentro de la familia. "Mi hermano tomó eso. Hace remedios para los enfermos". A él lo buscan para eso. Es conocido en la zona y va harta gente de distintas partes a la casa antes de llegar a Ralco".

Su hermana también desarrolla un oficio aprendido de su madre. "Lo que mi hermana hace son pañoletas para la mesa o amarrar". Su hermano, además del conocimiento relacionado con los remedios, trabaja en mimbre.

Su sueño también pasa por conseguir mayor reconocimiento para sus piezas: "Mi sueño es que me conozcan más con mis trabajos. Eso quiero yo". Pero reconoce que su propio aprendizaje continúa: "Pero todavía hay harto que aprender, harto que aprender y hacer otros trabajos. Que reconozcan mi trabajo".

Además de vender en el Mirador de El Queuco, sus piezas han llegado a otros lugares. "El otro día anduve en Concepción. Dos veces fui. Y a Los Ángeles también". Su intención es seguir ampliando ese recorrido y, al mismo tiempo, mantener vivo un conocimiento que aprendió observando y trabajando por sí mismo. Para las nuevas generaciones de Alto Biobío también tiene un mensaje: "Aprender estos trabajos y recuperar bien, para que siga viviendo".

"NOSOTROS AÚN ESTAMOS VIVOS"

El Museo ubicado en Ralco, permite acercarse durante todo el año a parte de la historia, los conocimientos y las prácticas de las comunidades de Alto Biobío. Manuel Pichinao Beltrán, pehuenche de la comunidad indígena de Callaqui y encargado del Museo Pewenche, invita a conocer este espacio. "Invitamos a los visitantes que vengan al Alto Biobío para que vengan a conocer todo lo que tiene que ver con la cosmovisión mapuche pehuenche. Nosotros aún estamos vivos, tenemos muchas cosas que mostrar".

El museo reúne objetos pertenecientes a familias pehuenches, entre ellos piezas de platería, objetos de madera que todavía tienen uso y aperos de caballo. "Tenemos aperos de caballo, antes de la llegada de los españoles cuando llegaron los caballos pasó a ser una herramienta de trabajo".

La vida pehuenche también mantiene prácticas vinculadas a las invernadas y veranadas. Durante los meses de diciembre a abril, las familias llevan sus animales a las zonas de pastoreo, período que coincide con la recolección del piñón. "Nosotros como pehuenches destacamos ser nómades. Tenemos invernadas y veranadas".

El piñón recolectado es almacenado y conservado para transformarlo posteriormente en distintos alimentos. "Esos se guardan y conservan y sacamos una infinidad de productos ahí, se hace harina, chuchoca, locro".

A estas prácticas se suman actividades ceremoniales que se realizan dos veces al año. Manuel explica que algunas comunidades son más reservadas, pero existe un trabajo para acercar estos conocimientos a los visitantes. "Hay comunidades que son más reservadas, pero vamos sensibilizando para que la gente conozca de la cultura pehuenche".

El museo forma parte de una oferta turística que también incluye baños termales, camping y comida típica durante todo el año. "Así que estamos cordialmente invitando a los visitantes, sean nacionales e internacionales, acá ha venido gente extranjera igual, así que los esperamos con las puertas abiertas y con los brazos abiertos para que vengan aquí a visitarnos en el territorio pehuenche".

Su invitación final resume el sentido de este espacio: "Invitarlos cordialmente que vengan a este territorio que aún estamos vivos para que lo vengan a conocer".

"ESTAMOS REALIZANDO FERIAS CONTINUAMENTE"

Dariela Chávez Becerra es encargada de la Ruka Pewenche Küdaw, espacio y punto de información turística donde se puede conocer el trabajo que desarrollan artesanas y artesanos de distintas comunidades de Alto Biobío. Desde allí también se busca acercar a los visitantes a las tradiciones y conocimientos que forman parte de la vida local.

"Nosotros somos una cultura viva. Tenemos una muestra de nuestra cultura viva", señala Dariela, al explicar que las comunidades han ido desarrollando servicios turísticos vinculados con la naturaleza. "Tenemos termas, cabañas, camping, saltos, saltillos, todo acorde al conjunto con nuestra naturaleza para poder recibir al turista también de una forma armoniosa y llamando al turista que sea respetuoso también con nuestra cultura y nuestra naturaleza, que es lo que se busca en el turismo de Alto Biobío".

La gastronomía es otro de los elementos que forman parte de esta experiencia. El piñón está presente en preparaciones como la chuchoca y el kuchen, a las que se suman el café de trigo y otros productos elaborados a partir de materias primas obtenidas por cosecheros de la comuna. "Así que todos invitados también estamos realizando ferias continuamente donde se ve la oferta gastronómica y artesanal que se fabrica acá en nuestra comuna".

La Ruka Pewenche Küdaw permite además acercarse a los trabajos realizados por artesanas y artesanos del territorio, en un espacio que entrega información a quienes buscan conocer la oferta turística y cultural de Alto Biobío.

Para Dariela, el respeto por la naturaleza debe estar en el centro de la experiencia de quienes llegan a la comuna. Su invitación apunta a conocer estos saberes y el entorno desde esa perspectiva: "Nosotros esperamos acá con los brazos abiertos al turista que quiera nutrirse de nuestra experiencia. Lo importante es respetar la naturaleza y que el turista también se lleve una hermosa experiencia para que pueda volver y así compartir también los saberes que se les muestran acá en la comuna".

ENTRE LOS MEJORES DESTINOS RURALES DEL MUNDO

Ralco fue reconocido por ONU Turismo como uno de los Best Tourism Villages 2024, distinción internacional que destacó el valor de su identidad cultural, sus tradiciones y su desarrollo turístico.

La distinción incorporó a esta localidad de Alto Biobío dentro de una iniciativa que busca destacar a pequeñas comunidades rurales que preservan sus formas de vida, patrimonio y entorno natural, al mismo tiempo que desarrollan actividades turísticas.

Ralco fue el único destino chileno distinguido ese año, un logro que también contribuyó a visibilizar la oferta turística y cultural de Alto Biobío a nivel internacional.

13 ATRACTIVOS TURÍSTICOS EN ALTO BIOBÍO

-Caminata Volcán Copahue

-Laguna El Barco

- Mirador Volcán Callaqui

- Museo Pewenche

- Paseo hidroeléctrica Ralco

- Paseo Laguna el Barco

-Reserva Nacional Ralco

- Saltillo Quillaileo

- Salto Azul

-Sendero Rukamanque

-Termas de Chanchokó

-Termas El Avellano

-Volcán Callaqui:

Fuente:

Oficina de Turismo Municipalidad de Alto Biobío

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