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La Tribuna

Alfarería, viñas y turismo: las tradiciones de Nacimiento junto al Biobío

por Claudia Robles Maragaño

Diez imperdibles invitan a recorrer espacios históricos, entornos naturales y lugares ligados a la vida local.

Ecorutas de Biobío 2026 Nacimiento / Diario La Tribuna

La alfarería y la vitivinicultura forman parte de la identidad de Nacimiento, donde artesanos, productores y familias mantienen los saberes y los conocimientos transmitidos por generaciones. En una comuna donde los ríos Biobío y Vergara forman parte del paisaje y la vida cotidiana, ambos oficios tienen en común el arraigo a la tierra, el trabajo y las tradiciones locales.

Manuel Echeverría Riquelme tenía 15 años cuando comenzó a trabajar la greda y hoy suma 56 años dedicado a este oficio, que aprendió observando a otros artesanos. "Sin que me enseñaran aprendí solamente mirando y después imitando lo que hacían ellos", recuerda. A sus 71 años continúa trabajando la alfarería y observa con preocupación la falta de jóvenes interesados en darle continuidad.

En Millapoa, distintas familias mantienen la producción de vino junto al río Biobío. Una de ellas es Luz y Luna, emprendimiento familiar que incorpora recorridos fluviales a bordo de la balsa que maniobra Francisco Javier Cruces Gallegos, Don Pocha. Para él, el trabajo entre la viña y el río es una forma de vida que se desarrolla "de sol a sol".

El geólogo-enólogo Sebastián Fuentes Germany identifica en los cursos de agua, las neblinas, las arenas negras de origen volcánico y las viñas tradicionales parte de las particularidades de la vitivinicultura de la provincia de Biobío. "El vino forma parte de la vida rural", sostiene, al destacar el valor de los pequeños productores, las cepas antiguas y las familias que mantienen estas prácticas.

Estas historias, oficios y lugares forman parte de EcoRutas del Biobío, un proyecto financiado por el Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social del Ministerio Secretaría General de Gobierno.

"LA GREDA NUNCA LA SOLTÉ": MANUEL ECHEVERRÍA

Sus manos se mueven con la seguridad de quien lleva décadas trabajando la greda. Antes de iniciar la entrevista, Manuel Echeverría Riquelme se dirige a su taller y, como parte de una rutina que conoce de memoria, corta un pequeño trozo de arcilla con una lienza de hilo de nylon; luego lo toma entre sus manos y comienza a amasarlo "como una allulla", según explica. Después hace un bolito de greda y, casi sin detener la conversación, empieza a transformarlo.

Manuel tenía 15 años cuando comenzó a acercarse a la alfarería y lleva 56 años dedicado a un oficio que aprendió observando a su hermano y a los maestros que trabajaban en el taller que este tenía junto a su padre. "Sin que me enseñaran aprendí solamente mirando y después imitando lo que hacían ellos", recuerda. Así incorporó los movimientos del torno, la presión de las manos y la manera de reconocer el comportamiento de la greda. A sus 71 años, esa experiencia se refleja en cada pieza y en una actividad que para él se convirtió en una forma de vida.

En 2011 obtuvo el Sello de Excelencia Artesanía Chile por su pieza "Mujer Mapuche Fértil", reconocimiento que se sumó a otros logros alcanzados durante su trayectoria. Pero sus satisfacciones no se miden solamente en premios. "Supieras cuánto me ha dado esta suciedad. Cuántas alegrías. Tengo mi taller, mi casa. Tengo un campo con mi casa y mi taller en el campo", relata, al recordar todo lo que este oficio le ha permitido construir.

Ese vínculo con la alfarería también estuvo marcado por extensas jornadas de trabajo. Recuerda épocas en que podía comenzar a las tres de la madrugada y continuar hasta las 11 de la noche para cumplir con los pedidos. "Yo tenía que cumplir con los trabajos. Si me pedían una cantidad, yo tenía que cumplir", cuenta.

Pero la alfarería terminó siendo mucho más que una forma de ganarse la vida. Al recordar cómo terminó aferrándose a este oficio, lo resume así: "Mi destino estaba incierto y un río correntoso me llevaba, me arrastraba. Pero me tomé de una ramita que se llamaba greda. Y esa ramita no la solté nunca más. Y los resultados están a la vista", relata. En ese camino también agradece y destaca al periodista Fernando Castro, quien lo impulsó a participar en la instancia nacional donde obtuvo el Sello de Excelencia y lo ha acompañado en el proyecto de escribir un libro sobre su vida. De los demás alfareros de Nacimiento habla con el mismo respeto: "Los alfareros somos como hermanos", sostiene.

Mientras vuelve a trabajar la greda, también expresa su preocupación por que la alfarería pueda desaparecer si no hay nuevas generaciones que continúen este oficio. Ha realizado charlas en establecimientos educacionales y considera que acercar la alfarería a niños y jóvenes puede contribuir a mantener vivo este conocimiento. "Para la juventud hay opciones, hay opciones como la alfarería", afirma.

Actualmente escribe un libro que reúne parte de su historia, recuerdos de infancia, familia, canto y experiencias de vida. También mantiene un canal de YouTube donde publica su trabajo y su faceta como cantautor. Ambos proyectos, al igual que sus piezas de greda, llevan el sello de una identidad construida durante décadas frente al torno. Por ahora, asegura, seguirá trabajando de manera manual, como siempre lo ha hecho, con sus manos y su torno, manteniendo vivo un oficio al que ha dedicado más de cinco décadas.

DONDE EL VINO SE ENCUENTRA CON EL RÍO

Frente al río Biobío, en Millapoa, la viña Luz y Luna se ubica en un lugar donde el trabajo de la tierra convive con la vida del río. A pocos metros de sus instalaciones, la familia de Francisco Javier Cruces, conocido como "Don Pocha", mantiene una balsa a motor que forma parte de las experiencias vinculadas al emprendimiento, pero que también cumple una función para la comunidad, trasladando a vecinos de Millapoa hacia Diuquín, sector ubicado en la ribera del Biobío en la comuna de Laja. Además, muchos vecinos y vecinas recurren a Don Pocha cuando necesitan agilizar sus desplazamientos hacia Los Ángeles, especialmente por razones de salud o ante alguna eventualidad que requiere llegar con mayor rapidez a la ciudad. En ese paisaje, donde las viñas y el río forman parte de una misma cotidianidad, el turismo se desarrolla sobre una forma de vida que sus protagonistas conocen desde siempre.

"Don Pocha", creció en Millapoa y ha repartido su vida entre la tierra y el río. Sus inicios -recuerda- estuvieron ligados a Don Pito Gallegos y Marta Ríos Medina, con quienes conoció de cerca un trabajo que entonces se desarrollaba a una escala mucho mayor. Recuerda que llegaron a producir una importante cantidad de vino y mantener una gran extensión de viñedos, una experiencia que marcó su propia relación con la viña. Con los años y con apoyo de su familia, también hizo realidad su deseo de contar con una embarcación para recorrer el Biobío y conectar las riberas. Hoy ambas actividades forman parte de su rutina. "Me gusta trabajar la tierra y también me gusta trabajar la lancha", resume. Es una forma de entender el trabajo que, según cuenta, se extiende durante buena parte del día: "trabajo de sol a sol".

Sobre esa historia familiar se construyó Luz y Luna. Clara Arriagada Muñoz explica que el proyecto nació de la unión de distintas formas de turismo y de una tradición vitivinícola que buscaban mantener viva. "Luz y Luna es una fusión de enoturismo, de turismo rural, en base a lo que es el vino y anclado con lo que es la lancha", explica. La propuesta busca que quienes llegan a Millapoa conozcan no solo el vino, sino también el lugar donde se produce, las historias de quienes trabajan la tierra y las distintas etapas del proceso, desde el cuidado de las viñas hasta llegar al producto final, en estrecha relación con el río. "La experiencia que nosotros brindamos a través del vino también es única, porque somos como más cercanos al turista...", agrega.

A este desafío se suma una de las principales dificultades que enfrentan los pequeños productores: mantener una actividad tradicional en un contexto de menor consumo y, al mismo tiempo, transmitir a las nuevas generaciones el valor de estos vinos y del trabajo que existe detrás de cada botella. "La perseverancia es como la clave de todo", sostiene.

Por su parte, Francisco Javier Cruz Bustos, hijo de la familia, el desafío está en proyectar esta tradición y lograr que Millapoa también sea reconocido por aquello que sus productores han mantenido durante generaciones. Su mirada apunta a fortalecer la asociatividad entre las distintas viñas de la zona, de manera que cada emprendimiento conserve su identidad y, al mismo tiempo, contribuya a una oferta turística más amplia. "La idea es que los mismos locatarios acá en la zona empecemos a brillar por sí mismos", plantea.

La proyección considera nuevos espacios para recibir visitantes, una mayor articulación entre productores y la posibilidad de que las familias desarrollen sus propios lugares de encuentro en torno al vino y la gastronomía. Para Francisco, ese esfuerzo requiere avanzar de manera conjunta, sin que cada emprendimiento pierda aquello que lo distingue. "Vamos lento, pero seguro", afirma, al plantear una visión en la que el crecimiento turístico de Millapoa pueda construirse desde sus propios productores y desde la identidad que comparten.

DIEZ LUGARES IMPERDIBLES DE NACIMIENTO

Fuerte Histórico

En la confluencia de los ríos Vergara y Biobío se encuentra este fuerte, declarado Monumento Nacional en 1954. Fue reconstruido tras los daños que sufrió durante el terremoto de 2010 y ofrece una vista del entorno y, en días despejados, de la cordillera de los Andes, incluida la Sierra Velluda y el volcán Antuco. Su plaza es además uno de los principales espacios de encuentro de la comunidad y concentra actividades durante el año.

Parque Costanera Río Vergara

Ubicado en el sector de acceso al Fuerte de Nacimiento, este espacio recuperó 15 mil metros cuadrados del entorno del río Vergara. Cuenta con senderos, aceras, escaleras, calzadas de adoquines, rampas y áreas verdes que permiten recorrer el sector y acercarse al curso de agua. El parque también dispone de un muelle que conecta con el río Vergara y permite desarrollar actividades náuticas.

Riscos de Monterrey

A unos 20 kilómetros de Nacimiento, los Riscos de Monterrey se encuentran en la ribera del río Biobío, entre los sectores de Millapoa y Monterrey. El lugar destaca por un gran acantilado de formación rocosa que se eleva aproximadamente 30 metros sobre el río. Desde allí se obtiene una amplia vista del Biobío, las plantaciones forestales y las vías ferroviarias que conducen hacia la estación Diuquín, en la comuna de Laja. Entre las particularidades del lugar se encuentran grandes cavidades en la roca, conocidas por los habitantes del sector como "cañones de piedra".

Playa Santa Adriana

En el río Nicodahue, formado por la unión de los ríos Maitenrehue y Los Barros, se encuentra este sector caracterizado por sus formaciones rocosas y espacios junto al agua. El lugar reúne un extenso tramo de roqueríos, pequeños saltos de agua y grandes formaciones de piedra. Cuenta con mesones y bancas, pero no dispone de servicios básicos, baños públicos, estacionamiento, basureros ni señalética en la ruta de acceso, por lo que es importante considerar estas condiciones antes de visitarlo.

Piedra Chancura

A 13,5 kilómetros de Nacimiento, por el camino que pasa por el Fundo El Tambillo, se encuentra Piedra Chancura, una formación rocosa vinculada a distintas historias transmitidas entre los habitantes del sector. Una de ellas asocia su forma con la Virgen María y el Niño Jesús, mientras otra atribuye las marcas presentes en la piedra a la huella de una pata y a un supuesto golpe de látigo del diablo. El lugar cuenta con mesones y bancas para quienes llegan hasta este punto.

Rincón del Alfarero

En calle Jorge Montt 730 se encuentra el taller de Manuel Echeverría Riquelme. Su trabajo combina piezas utilitarias y decorativas elaboradas en greda, junto con el rescate de formas vinculadas a la tradición mapuche. En 2011 recibió el Sello de Excelencia Artesanía Chile por su obra "Mujer Mapuche Fértil", reconocimiento que se suma a una trayectoria de más de cinco décadas dedicada a este oficio.

Cerámica Don Elías

En avenida Julio Hemmelman 1021 funciona esta empresa familiar con más de 50 años de trayectoria, fundada por Elías Barra González. El oficio pasó posteriormente a su hija, Judith Barra Garcés, quien ha mantenido el trabajo familiar e incorporado nuevas técnicas y materiales, entre ellas la greda esmaltada y la cerámica gres. El lugar es parte de la tradición alfarera y ceramista de Nacimiento, que aún se conserva en manos de familias de la comuna.

Cerámica Cartes

Ubicada en calle El Palque 1185, Cerámica Cartes mantiene una tradición familiar ligada a la alfarería de Nacimiento. Su propietario, Marco Barra Cartes, pertenece a la tercera generación de alfareros de la familia. El taller combina el trabajo artesanal con procesos de producción a mayor escala y cuenta entre sus piezas con productos destinados principalmente a la jardinería y la ornamentación.

Viña Doña Luisa

En el sector de Millapoa, a orillas del río Biobío, se encuentra esta viña familiar dedicada a la elaboración de vinos y vinculada a la tradición vitivinícola de la zona. El entorno combina los cultivos con espacios habilitados para recibir visitantes, entre ellos camping, quincho, piscina y alojamiento. Su ubicación permite conocer un paisaje rural donde las viñas conviven con la presencia del Biobío.

Viña Luz y Luna

También en Millapoa, frente al río Biobío, esta viña familiar mantiene una tradición vitivinícola que se remonta a fines del siglo XIX. Su producción está ligada principalmente a la cepa País y al turismo rural y fluvial, con degustaciones en su bodega tradicional.

FUENTE:

Oficina de Turismo

Municipalidad de Nacimiento

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