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Académico de Biobío llama a cambiar “la forma en que vivimos” para salvar el planeta

La “era del petróleo” más temprano que tarde llegará a su fin y abrirá la oportunidad de transitar hacia una bioeconomía circular y sustentable, en la que se produzca de manera inteligente y se minimice el requerimiento de nuevas materias primas. Este es el camino que sigue la Unidad de Desarrollo Tecnológico, UDT, de la UdeC, para aportar con investigación aplicada a nuestro futuro.


 Por Patricio Gallegos

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Hasta hace no muchos años, el ciclo de vida de un producto era básicamente asociado al “producir – usar – desechar”; siendo esta es la base de una economía lineal típica, que adoptamos durante el siglo XX. Sin embargo, existe la posibilidad de alargar la vida útil de los productos y diseñarlos para que no constituyan un residuo al final de su vida útil: la Economía Circular.

Si este principio se entrelaza con la sustitución del petróleo por materias primas renovables, surge un nuevo paradigma productivo que puede cambiar la manera en que generamos los productos que la sociedad actual y futura requiera: la Bioeconomía Circular.

En entrevista realizada en radio San Cristóbal el Dr. Alex Berg, director de la Unidad de Desarrollo Tecnológico, UDT, de la Universidad de Concepción expresó que la preocupación se debe centrar en las futuras generaciones, “yo tengo 61 años, a mí ya no me va afectar mucho, yo voy a seguir viviendo, el planeta no va a terminar en 20 años. En 80 años más, si seguimos viviendo como hoy en día, el planeta no va a existir, por lo menos como lo conocemos hoy en día”.

Agregó que es imperioso cambiar hábitos y conductas “el sentido común a las personas les hace abrir los ojos y sencillamente la forma como vivimos no es sustentable, no se puede mantener. La fuerza de la realidad, es la que ocasiona que muchas personas, no todas, pero muchas personas, piensen que tenemos que hacer algo de manera distinta”.

VIVIR DE LO QUE NOS DA LA TIERRA

“Si bien los conceptos de Bioeconomía y Economía Circular son nuevos, los principios que la sustentan son antiguos”, señala el Dr. Alex Berg, director de la Unidad de Desarrollo Tecnológico, UDT, de la Universidad de Concepción. “Nuestra sociedad, ha vivido de productos provenientes de la tierra durante miles de años. De hecho, hasta hace pocos años atrás, nos vestíamos principalmente con lana y cuero, materias primas renovables, que se producían a nivel local, sin depredar la naturaleza. Sin embargo, junto al advenimiento masivo del petróleo – no sólo como combustible, sino también como materia prima de fibras textiles, equipos eléctricos y utensilios de muy distinto tipo – surgió la cultura del usar y botar”.

En este sentido, afirmó que investigadores, ingenieros, empresarios y gobiernos alrededor del mundo reconocen que se debe disminuir nuestra dependencia del petróleo, por razones económicas, ambientales, sociales y estratégicas. “Este reconocimiento impulsa el desarrollo de procesos y productos biobasados y el uso en cascada de las materias primas, siguiendo los principios de un modelo circular. La biomasa es la única materia prima renovable que puede reemplazar a los recursos fósiles: carbón, gas natural y petróleo”.

Agregó que “si bien la bioeconomía circular se centra en la reutilización de los materiales, el cierre del círculo no puede ser completo; siempre se requerirá un make up o reposición. Los subproductos de las industrias forestal y agrícola son una excelente fuente, para este fin”.

INDUSTRIAS CIRCULARES

En nuestro país tenemos varios ejemplos de industrias que pueden convertirse en modelos circulares, como la del vino. El cultivo de vides y el procesamiento de uvas genera diversos subproductos que no están siendo utilizados actualmente, como los sarmientos, las pepas o los hollejos, “junto a la fruta y al vino, existe la posibilidad que surjan actividades productivas especializadas, para producir antioxidantes, aditivos industriales, precursores químicos y suplementos alimenticios”, señala Alex Berg.

Al respecto puntualizó que en la Unidad de Desarrollo Tecnológico se han ejecutado distintos proyectos abocados a ese desafío, “algunos con muy buenos y prometedores resultados, focalizados en la industria alimenticia, farmacéutica, química y ganadera”.

Citó el caso de la actividad maderera y forestal, donde la corteza, las piñas de pino, el aserrín o el polvo de lija son subproductos subaprovechados, los que también pueden ser fuente de  productos de alto valor. Como ejemplos, mencionó taninos o fungicidas, extraídos de corteza de pino, reforzantes de materiales plásticos de tamaño nanométrico, generados a partir de celulosa, o aditivos para plásticos, basados en polvo de madera; todos temas en los que UDT trabaja desde hace varios años. “Hay muchos subproductos que se pueden aprovechar que están disponibles en grandes cantidades. Debemos aprender cómo utilizar sustentablemente estos recursos, contribuyendo a fortalecer su cadena de valor”, afirma el director de UDT.

“Estoy convencido que estas alternativas productivas no sólo tienen sentido ecológico, sino que también estratégico y económico. Su implementación está abierta a empresas pequeñas y medianas de base tecnológica, favorece el desarrollo económico local y abre nuevas posibilidades de empleo estable y bien remunerado”.

“¿Cuál es la labor de UDT? Básicamente, desarrollar tecnología económicamente factible, ambientalmente benigna y socialmente aceptada”, finaliza el Dr. Berg. La “era del petróleo” está llegando a su fin, abriendo paso a nuevas formas productivas integradas a los ciclos naturales y cercanas a las personas, como propone la Bioeconomía Circular.

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