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El cáncer más allá del diagnóstico

por La Tribuna

Cáncer, tratamiento, salud / Pixabay

Más de 6 mil personas viven con un diagnóstico oncológico en la provincia de Biobío. Detrás de esa cifra existen tratamientos, controles, tiempos de espera y necesidades de atención que forman parte indispensable de la respuesta sanitaria. Pero también existen otras consecuencias, menos visibles y difíciles de medir, que comienzan cuando la enfermedad irrumpe en la vida cotidiana.

Dejar de trabajar, modificar las rutinas, alejarse de los amigos, reducir las actividades habituales o sentir que todas las conversaciones comienzan y terminan hablando de la enfermedad son cambios que también forman parte de un proceso oncológico.

Por eso resulta relevante la experiencia que durante su primer año de funcionamiento formal ha desarrollado la Asociación de Personas con Cáncer y sus Familias de la Provincia de Biobío. Cerca de un centenar de personas forman parte actualmente de una organización que nació, precisamente, de la necesidad de encontrarse, acompañarse y compartir con quienes comprenden lo que significa atravesar este camino.

Hay una frase recogida en el reportaje que publicamos en esta edición que grafica con especial claridad esa realidad: con la enfermedad, muchas veces las personas sienten que van quedando atrás mientras el mundo continúa avanzando.

Y quizás allí exista una dimensión del cáncer a la que todavía debemos prestar mayor atención, porque acompañar no significa únicamente preguntar por un examen, un tratamiento o una próxima consulta. También significa mantener una invitación, compartir una conversación, sentarse alrededor de una mesa o permitir que por algunas horas el cáncer deje de ocupar el centro de todo.

Las redes de apoyo no reemplazan los tratamientos ni modifican por sí mismas la evolución de la enfermedad. Esa precisión es fundamental. Pero sí pueden contribuir a que un proceso complejo sea vivido con mayor compañía, contención y conexión con los demás.

La experiencia de esta agrupación provincial demuestra además la importancia de fortalecer las organizaciones que surgen desde los propios pacientes y sus familias. Allí aparecen necesidades que probablemente ninguna estadística sanitaria pueda mostrar completamente. También se construyen vínculos, se comparten experiencias y se genera una comunidad capaz de acompañar cuando la enfermedad amenaza con aislar.

Una comida, una mateada, una llamada o un mensaje de WhatsApp pueden parecer gestos pequeños frente a la magnitud de un diagnóstico de cáncer, pero no lo son.

Si bien, la atención médica es indispensable, también lo es recordar que detrás de cada ficha clínica existe una persona que necesita seguir vinculada con su familia, sus amigos y su comunidad.  Y ese sigue siendo un desafío que nos atañe a todos como sociedad, aun cuando no hayamos pasado de forma directa la experiencia de un diagnóstico.

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