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La casa propia

por La Tribuna

Vivienda propia / Archivo La Tribuna

Para miles de familias, la vivienda propia sigue siendo mucho más que una inversión. Representa estabilidad, seguridad, arraigo y la posibilidad de proyectar un futuro con mayor tranquilidad. Sin embargo, durante los últimos años ese sueño se ha visto cada vez más distante debido al aumento de los costos de construcción, las mayores exigencias para acceder a créditos hipotecarios y las elevadas tasas de interés que han encarecido significativamente el financiamiento habitacional.

En ese contexto, la reciente aprobación de la ampliación del subsidio a la tasa de interés y la garantía estatal FOGAES constituye una señal positiva para quienes aspiran a acceder a una vivienda. La medida permitirá ampliar la cobertura del beneficio para viviendas nuevas de hasta 6.000 UF, generando un impacto particularmente relevante en comunas como Los Ángeles, donde el alcance del subsidio aumentaría desde el 62% al 87% de la oferta inmobiliaria disponible.

La cifra no es menor, en términos simples, casi nueve de cada diez viviendas nuevas disponibles en la comuna podrían ser adquiridas con apoyo de este instrumento, ampliando las alternativas para cientos de familias que hoy enfrentan dificultades para reunir el ahorro necesario o asumir dividendos compatibles con sus ingresos.

Pero el alcance de esta medida trasciende el ámbito individual. Cuando más personas pueden acceder a una vivienda, también se dinamiza una cadena económica que involucra empleo, inversión y desarrollo local. La construcción ha demostrado históricamente ser uno de los motores más importantes de la actividad económica, especialmente en regiones como el Biobío, donde la generación de nuevos proyectos habitacionales tiene un efecto directo sobre cientos de puestos de trabajo y numerosas empresas proveedoras.

Sin embargo, es importante entender que este tipo de iniciativas no resuelven por sí solas el déficit habitacional que afecta al país. Constituyen una herramienta relevante para acercar oportunidades, pero deben complementarse con políticas que aumenten la oferta de viviendas, agilicen los procesos de urbanización y permitan responder a las necesidades de una población que demanda soluciones habitacionales diversas y oportunas.

Desde la mirada local, resulta alentador observar medidas que consideran la realidad de ciudades intermedias como Los Ángeles. Muchas veces las discusiones sobre vivienda se concentran en las grandes áreas metropolitanas, cuando en provincias también existen familias que ven cómo el sueño de la casa propia se aleja producto de las restricciones del mercado y de las condiciones de financiamiento.  Facilitar el acceso a una vivienda no es únicamente una política económica, sino también una política social que impacta directamente en la calidad de vida de las personas.

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