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Visiones de país en juego

por La Tribuna

Elecciones presidente y diputados / La Tribuna

La reforma constitucional de 2022 restableció el voto obligatorio para todos los mayores de 18 años, sin necesidad de inscripción previa. Desde entonces, todas las elecciones han superado los 13 millones de votantes a nivel nacional, que representan una participación promedio del 84% del total de inscritos en el padrón electoral.

En ese contexto, la participación ciudadana en las elecciones presidenciales y parlamentarias de este domingo 16 de noviembre está relativamente asegurada. Lo que sí es una duda -y es decisivo- es cómo votará la ciudadanía: si lo hará desde la mera simpatía que le genera un candidato, o su eventual popularidad o si asumirá que, al marcar una preferencia, estará escogiendo una manera de entender Chile, su presente y futuro.

La democracia se fortalece cuando los ciudadanos reconocen que cada candidatura -sea ésta presidencial o parlamentaria- representa una mirada país: un cierto orden de prioridades, una forma de enfrentar los conflictos, un modelo de desarrollo, una lectura sobre la seguridad, la educación, la economía, la convivencia democrática y el rol del Estado.

Detrás de cada nombre y cada candidatura hay una visión ideológica que indudablemente condiciona lo que puede y no puede hacerse en los próximos años.

Por eso, el voto obligatorio exige una ciudadanía más consciente y que se pregunte qué coalición sustenta a cada eventual gobierno, qué principios defienden los partidos que lo respaldan, cuáles son sus capacidades para gobernar y qué compromisos arrastran. Porque las decisiones estratégicas que marcarán la próxima década -seguridad, crecimiento, desarrollo, educación, descentralización- no dependen solo de quienes ganen tanto a nivel presidencial como parlamentario, sino de la visión colectiva que sostiene a esas personas.

Esto queda mucho más de manifiesto en la elección parlamentaria, donde la aplicación del Método D’Hondt, que distribuye los cinco escaños parlamentarios considerados para el distrito 21 en base a la proporción de los votos conseguidos por cada lista, de manera que, al votar por una persona, se estará optando también implícitamente por el partido político que representa y el conglomerado que integra.

El voto obligatorio nos iguala en el deber, pero no lo hace en la calidad de nuestras decisiones. Esa diferencia dependerá de si somos capaces de ver que, en una democracia madura, no solamente se opta electoralmente por personas, sino que por -sobre todo- se elige la visión país que éstas representan.

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