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Sin recursos, la descentralización es solo un discurso vacío

por La Tribuna

Descentralización en Biobío / Archivo La Tribuna

La reunión de la Asociación de Municipalidades de la Región del Biobío realizada el viernes último en Los Ángeles dejó en evidencia una verdad incómoda: la descentralización, tan proclamada en los discursos políticos, sigue siendo una promesa inalcanzable si no se acompaña de los recursos necesarios para hacerla realidad.

El anuncio del Presupuesto Regional 2026, que reduce en casi un 50% los fondos originalmente proyectados para la Región del Biobío, cayó como un balde de agua fría sobre los municipios de la región. Y no es para menos: la brecha entre lo que el Biobío necesita y lo que el Ejecutivo propone es muy grande. De los cerca de 225 mil millones de pesos que se estimaban indispensables, el proyecto de ley solo considera 125 mil millones. Es decir, menos de lo que ya se ejecutó este año, pese al alza sostenida de las demandas comunales y a los compromisos pendientes del Gobierno Regional.

La reacción unánime de los alcaldes fue de alarma. Lo dijeron con claridad: este recorte no es un problema técnico ni administrativo, sino estructural. Afecta directamente la capacidad de los municipios para ejecutar obras públicas, mantener programas sociales y sostener empleos locales. En otras palabras, golpea el corazón del desarrollo territorial.

El encuentro en Los Ángeles permitió canalizar esa preocupación de manera institucional, pero también con una fuerza inédita. Por primera vez en mucho tiempo, los alcaldes del Biobío hablaron con una sola voz, sin distinciones. La conducción del alcalde anfitrión, José Pérez, facilitó ese espíritu de unidad y permitió acordar acciones concretas: reunirse con el gobernador regional, enviar oficios al Presidente de la República y al ministro de Hacienda, y convocar a los parlamentarios de la región a asumir su rol con la urgencia que la situación amerita.

Porque no se trata solo de gestionar más recursos; se trata de defender un principio. Si el Estado promueve la descentralización, debe hacerlo con coherencia y no con recortes que asfixian a los gobiernos locales. La autonomía no se construye con buenas intenciones, sino con financiamiento suficiente, sostenido y equitativo. De lo contrario, el discurso de la descentralización seguirá siendo un ejercicio retórico, mientras las comunas continúan dependiendo de la voluntad centralista para subsistir.

Las consecuencias de este ajuste pueden ser tremendas. Municipios pequeños, como Antuco o Negrete, advirtieron que sin los aportes del Gobierno Regional no podrán avanzar en proyectos tan básicos como postas, caminos o sedes comunitarias. Otros, como Santa Bárbara o Alto Biobío, enfrentan un escenario de franca vulnerabilidad presupuestaria, con incertidumbre incluso sobre la continuidad de servicios esenciales.

Sin recursos, no hay descentralización posible. Y sin descentralización, Chile seguirá siendo un país que concentra sus oportunidades en el centro, mientras sus regiones pagan los costos de un inaceptable desequilibrio estructural.

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