Regístrate Regístrate en nuestro newsletter
Radio San Cristobal 97.5 FM San Cristobal
Diario Papel digital
La Tribuna

Reconstruir la vida rural

por La Tribuna

La reconstrucción en los territorios afectados no se puede remitir solo a la entrega de viviendas . El esfuerzo debe apuntar a restablecer la forma de vida de cientos de miles de campesinos que ahora están en condición de damnificados.

QUILLECO 4 /

Los incendios forestales han dejado una estela trágica de daño y destrucción en las zonas campesinas. Justamente quienes hacen patria en las áreas rurales de las Regiones de Ñuble, Biobío y la Araucanía son quienes han sufrido con la violencia las consecuencias de las emergencias que se desataron de manera simultánea desde el pasado 2 de febrero.

Salvo algunos lugares puntuales en que hubo afectación a viviendas situadas en zonas urbanas o peri-urbanas, la inmensa mayoría de los perjuicios los están experimentando quienes habitan las zonas rurales. Nacimiento y Santa Juana, situadas en los hermosos pero abruptos parajes de la Cordillera de Nahuelbuta, son las comunas en que enormes extensiones de campos fueron reducidos a suelos estériles y yermos.

Pero no son las únicas. Si bien es cierto que la atención se ha centrado en ambas comunas, las consecuencias también se pueden observar en áreas campesinas de la provincia de Biobío, como Mulchén, Yumbel, Cabrero, Quilleco y Los Ángeles.

Es que la labor de reconstrucción en esos territorios afectados no se puede remitir solo a la entrega oportuna de una vivienda nueva (y digna) a cada grupo familiar afectado. El esfuerzo necesariamente debe ser mucho mayor porque se tiene que apuntar a restablecer la forma de vida de cientos de miles de campesinos que ahora están en condición de damnificados. A esas familias no les sirve solo la casa, también es necesario que puedan tener asistencia técnica para recuperar los suelos y así volver a desarrollar sus actividades productivas como antes, a volver a tener gallinas, cerdos y vacunos para su alimentación y para la venta en los pueblos cercanos; para que recuperen sus apiarios y colmenares, y también las especies de árboles nativos, como el quillay, el arrayán y el roble. También, por cierto, se deben tener en cuenta los resguardos que ahora sí se aplicarán para evitar que las llamas se vuelvan a expandir con semejante velocidad y voracidad.

Los suelos, donde antes solo predominada el verdor, ahora son cenizas y árboles tiznados que con el inicio de las lluvias – probablemente desde mayo – se irán lavando hasta dejar la roca al descubierto, arrastrando la capa vegetal que es el sustrato que permite la existencia de los frutales, como duraznos y manzanos, además de chacras, huertos y sembradíos.

Se debe hacer un esfuerzo mayor para que las familias retornen a sus lugares, a sus nuevos hogares, y continúen realizando sus actividades, tal cual como lo venían haciendo hasta antes que se desencadenara la tragedia.

Debe haber una voluntad manifiesta del Gobierno – con el apoyo de instituciones sociales y empresas privadas - para reconstruir de la mejor forma posible esa vida campesina, esa particular forma de vida que, por cierto, no es un simple capricho, en cuando es parte fundamental de nuestra idiosincrasia, es un elemento consustancial de nuestra identidad que solo tenemos que preservar.

Síguenos: Google News
banner redes
banner redes banner redes banner redes banner redes banner redes

¿Quieres contactarnos? Escríbenos a [email protected]

Contáctanos
EN VIVO

Más visto