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El carabinero de Los Ángeles que custodia La Moneda: "Nunca imaginé que iba a llegar acá"

por Jeremy Valenzuela Quiroz

El cabo primero Manuel Molina Sepúlveda, de 31 años, nació y creció en San Carlos de Purén. Lleva más de una década integrando la Guardia del Palacio de La Moneda. Lo que pocos saben es que todo comenzó cuando acompañó a sus amigos a postular a Carabineros casi por curiosidad, siendo el único de los tres en quedar seleccionado.

El carabinero de Los Ángeles que custodia La Moneda: "Nunca imaginé que iba a llegar acá" / Diario La Tribuna

Nacido y criado en San Carlos de Purén, Manuel creció en un entorno familiar sencillo, acompañado por su madre, su padrastro, su hermano menor y el permanente apoyo de sus abuelos, a quienes reconoce como pilares fundamentales en su formación.

Sus estudios básicos los realizó en la Escuela Itilhue F-935, el único establecimiento presente en la localidad, mientras que la enseñanza media la cursó en el Liceo Comercial Diego Portales Palazuelos. Como muchos jóvenes de zonas rurales, al egresar de cuarto medio enfrentaba la incertidumbre de no tener claro qué camino seguir.

UNA CARRERA QUE NACIÓ DE "CASUALIDAD"

Dos de sus mejores amigos del liceo decidieron postular a Carabineros y lo invitaron a acompañarlos. Molina aceptó sin mayores expectativas, motivado más por la amistad que por una vocación definida. Sin embargo, la historia dio un giro inesperado: de los tres postulantes, fue el único seleccionado.

"Tenía 17 años y no sabía qué hacer después de salir del colegio. Acompañé a mis amigos casi por curiosidad, y al final fui el único que quedó. Ahí entendí que se abría una oportunidad importante", recuerda.

Ingresó en enero de 2013 a la Escuela de Formación de Carabineros Grupo Concepción, donde permaneció un año preparándose para asumir funciones operativas. Tras egresar, su primer destino fue la 46ª Comisaría de Macul, en Santiago, donde trabajó durante 12 meses.

Su buen desempeño, hoja de vida sin sanciones, felicitaciones institucionales y condiciones físicas —entre ellas su estatura de 1,85 metros— le abrieron una puerta que pocos carabineros tienen la oportunidad de cruzar.

EL INGRESO A LA GUARDIA DEL PALACIO DE LA MONEDA

En 2015 fue convocado a una entrevista para integrarse a la Guardia de Palacio.

"Desde afuera uno veía el uniforme blanco, la presentación, y se veía impecable. Me preguntaron si quería ser parte y dije que sí de inmediato, sin saber bien lo que significaba esa responsabilidad", comenta.

Desde entonces, y ya con más de una década de servicio institucional —13 años contando su período de formación—, Molina forma parte del equipo encargado de resguardar los accesos, ingresos y puntos estratégicos del Palacio de La Moneda.

Más que un cargo específico, explica, la labor está determinada por el grado y las responsabilidades asignadas. En su caso, como cabo primero, cumple funciones de control y resguardo de sectores clave del edificio presidencial.

Aunque antiguamente la estatura era un requisito determinante para integrar la Guardia de Palacio, hoy —señala— los criterios han evolucionado hacia estándares más inclusivos.

"Actualmente lo principal son las ganas de estar aquí y el compromiso con la función. Hay mayor apertura y menos restricciones físicas que antes".

Ser parte de esta unidad especializada es, asegura, un orgullo profesional. "Es un honor representar a todos los carabineros del país que quisieran estar acá. Uno entiende que está cumpliendo funciones en un lugar simbólico para Chile", expresó.

OCASIONES ESPECIALES

Su labor también implica preparación constante. Al integrarse, cada funcionario pasa por un proceso de instrucción práctica de varias semanas, guiado por personal con mayor experiencia, aprendiendo protocolos, movimientos y normas de seguridad.

Durante su permanencia en La Moneda ha estado como primera fila en momentos históricos para el país. Entre ellos, ceremonias de cambio de mando presidencial como lo fueron el traspaso de administración Piñera-Boric y Boric-Kast, eventos de alta relevancia nacional e internacional que son observados en todo el mundo.

También ha participado en guardias de honor durante visitas de autoridades extranjeras, incluyendo presidentes, delegaciones diplomáticas y miembros de casas reales.

"Han sido tantas autoridades en estos años que es difícil recordarlas a todas, pero son experiencias que marcan la carrera" afirmó.

UNA ALTA EXIGENCIA Y ORGULLO

La función, sin embargo, no está exenta de presión. Molina reconoce que el trabajo exige concentración permanente y una preparación rigurosa para identificar a autoridades, ministros y altas figuras públicas que circulan diariamente por el Palacio.

"Uno debe conocer sí o sí a las principales autoridades del país. Es parte de la responsabilidad del servicio".

Pese a la exigencia, asegura sentirse pleno con su trayectoria.

"Nunca imaginé que iba a llegar acá. Desde que entré en 2015 he tratado de hacer bien mi trabajo, cumplir y aprender. Creo que por eso sigo formando parte de esta unidad".

Para Manuel, cada jornada en La Moneda representa no solo una responsabilidad institucional, sino también una historia personal de esfuerzo silencioso, disciplina y constancia de un joven que tuvo que dejar su hogar y familia a temprana edad por vocación y superación propia.

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