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Editorial

Destino de clase mundial


 Por La Tribuna

¿Los Saltos del Laja se pueden convertir en un destino turístico de clase mundial? La pregunta surge a propósito de las palabras de Blas Araneda, jefe de la División de Infraestructura del Gobierno Regional del Biobío, en el marco de las primeras instancias de trabajo para llevar a cabo el Plan Maestro de Turismo. El instrumento busca que las autoridades, la comunidad y los empresarios del sector se ponga de acuerdo para aprovechar todo el potencial ocasionado hace millones de años por ese accidente geológico, el cual permitió la formación de las espectaculares caídas de agua.

No es tarea fácil. Hasta ahora, ese territorio ha crecido de manera inorgánica, sin una planificación de por medio. La oferta de bienes y servicios se fue levantando a medida que los empresarios y pequeños emprendedores observaban que el lugar era una buena oportunidad para un negocio.

Aunque ha habido un crecimiento importante en la oferta de hoteles, cabañas y campings (en torno a las seis mil personas por jornada), ciertamente que lo ofrecido dista mucho de cualquier destino turístico de mayor tradición y renombre, como Viña del Mar, San Pedro de Atacama o Pucón, por ejemplo. En el verano anterior, incluso hubo quienes – saltándose todas las normativas y permisos legales – vendían tragos en el sendero de acceso a la cascada principal.

En destinos turísticos consolidados, no solo atrae la belleza de sus parajes, sino que cuentan con una oferta que considera una diversidad de actividad de entretención o de relajo con el fin de prolongar la estadía por la mayor cantidad de tiempo que sea posible. Además, dicha oferta considera a los diferentes tipos de visitantes, desde los turistas nacionales hasta los ciudadanos europeos o norteamericanos que están dispuestos a pagar por servicios de alto nivel.

Los Saltos del Laja están muy lejos de esos estándares. Aunque desde los años 90 que se han realizado esfuerzos para aprovechar la potencialidad del sector, los resultados han sido claramente insuficientes. También ha conspirado que en el área hay tres municipios involucrados (Los Ángeles, Cabrero y Yumbel), cada uno de los cuales han tenido disímiles intenciones, así como capacidades muy distintas para resolver las diversas situaciones que se van presentando sobre la marcha.

Caso emblemática fue la caseta de turismo – construida y echada a andar a principio de los ’90 por el municipio angelino para divulgar la oferta de hoteles y cabañas del sector – que terminó convertida en un punto de venta de pasajes de buses.

Sin embargo, el escenario parece estar cambiando. Los propios municipios involucrados por fin pudieron entendieron que debían ponerse de acuerdo para sacar algo en limpio sobre lo que debía hacerse con los Saltos del Laja, y crearon una asociación con ese fin específico. Parece algo muy básico pero pasaron casi 30 años para llegar a dicho consenso de manera formal.

A lo anterior se sumó ahora la ejecución del referido Plan Maestro de Turismo Integral – empujado por el Gobierno Regional con el apoyo de la empresa privada y la Universidad del Biobío – que ha puesto manos a la obra a la propia comunidad para decidir su propio futuro.

Los resultados son auspiciosos. Las metas son muy ambiciosas. Se plantea un horizonte de 10 años para cambiarle la cara a los Saltos del Laja. Si se concretan esas intenciones, ciertamente que ese sector pueden convertirse en un destino turístico de clase mundial.


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