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Editorial

El olvido mayor


 Por La Tribuna

En artículos pasados nos referimos a personalidades con las cuales tenemos grandes deudas de gratitud por su aporte al país, la región y la provincia. Una deuda que – hay que decirlo – se multiplica cada día debido a lo que pareciera ser ese permanente esfuerzo por relegarlo al olvido.

Ejemplos hay varios. Desde Carlos Dávila Espinoza, Presidente provisional de Chile en los años 30 y secretario general de la OEA a mediados de los 50 (el primer chileno en tener un cargo de esa categoría). O el médico Virginio Gómez, impulsor de la creación de la Universidad de Concepción y del Hospital Regional. También lo fue el abogado José Maza Fernández, uno de los redactores de la Constitución del ’25 y quien ocupó importantes cargos a nivel diplomático. Todos ellos son angelinos, todos ellos hicieron un aporte formidable al país y todos ellos – lamentablemente – están en el mayor de los olvidos.

En este grupo nos queda quizás quien sea el más relevante de todos. Debido a su alcance e importancia, hubo otras ciudades del país que se apresuraron en hacerlo como propio. Es el caso de Bernardo O’Higgins quien tuvo su cuna política y militar en el territorio conocido como Isla de la Laja.

En los poco más de 10 años que vivió en la hacienda Las Canteras, de la cual tomó posesión en 1804, cimentó el camino que lo llevó a ser considerado como el Padre de la Patria, honor concedido por liderar los esfuerzos para la creación de una nación independiente de la Corona española.

Es bien sabido que Chillán celebra su natalicio cada 20 de agosto con la presencia de la o del Jefe de Estado de turno. En Talca, la casa donde vivió cuando niño es parte del itinerario que cada escolar de la Región del Maule hace habitualmente dentro de su calendario de actividades.

Sin embargo, en la zona donde salió a la luz como hombre público poco y nada hemos hecho para tributarle un reconocimiento. Hace prácticamente 40 años que se echó a andar la idea de un museo en su homenaje que se emplazaría en la Hacienda Las Canteras, ahora parte de la comuna de Quilleco.

A través de diversas colaboraciones de personas naturales, se compró el terreno de una hectárea en la citada localidad, con lo que se daba un primer paso para tener un espacio dedicado al Padre de la Patria. A la sombra de un añoso castaño, ahí se llevan a cabo las actividades de homenaje.

Sin embargo, aunque hace más de 25 años se presentó el proyecto para levantar ahí la casa museo de O’Higgins, el proceso para su materialización ha sido un proceso angustiosamente lento. Pese al empeño inicial, la iniciativa elaborada por el fallecido arquitecto Osvaldo Cáceres y empujada por el Instituto O’Higginiano, durmió el sueño de los justos, sin anotar avance alguno.

Recién se reactivó en la década pasada gracias a la activa participación de las municipalidades de Los Ángeles y Quilleco para gestionar las etapas restantes. También lo hizo la Gobernación Provincial de Biobío (ahora Delegación Presidencial Provincial).

Hubo avances importantes. Sin embargo, de nuevo hubo un freno de mano. Por razones inentendibles, la iniciativa volvió a caer en un profundo letargo. Lo último que se ha sabido es que el gobernador regional Rodrigo Díaz está dispuesto a financiar parte de los 2 mil millones de pesos que cuesta construir la Casa Museo de O’Higgins. La parte restante debiera venir de recursos sectoriales.

Cuando hace cuatro décadas se inició esa campaña, la expectativa era hacerlo realidad en unos 10 años más. Incluso antes. Se esperaba que existiesen las voluntades para homenajear a la figura de O’Higgins lo antes posible. Sin embargo, nuevamente volvimos a hacer gala de nuestro olvido. Un olvido mayor.

Aunque sea tarde, aún estamos a tiempo de resarcir también la deuda que tenemos con nuestro vecino más ilustre, el más importante de todos.


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