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Editorial

Fiestas patrias


 Por La Tribuna

Este largo fin de semana de Fiestas Patrias, que considera cuatro jornadas de descanso (salvo aquellas personas que deben cumplir con sus labores el sábado 17), es una oportunidad propicia para disfrutar de varios y necesarios días de asueto.

Después de más de dos años de encierro forzoso a consecuencia la emergencia sanitaria debido al Covid-19, lo que acontecerá este fin de semana largo será una demostración palpable del retorno más decidido a la normalidad, al retorno a la realización de nuestras actividades habituales que fueron interrumpidas por cuarentenas y restricciones a los desplazamientos.

Si no sucede nada excepcional, en estos días se volverá a observar cientos de miles de personas aprovecharán estas pequeñas vacaciones para salir a hacer turismo o para visitar a los parientes. Desde la Región Metropolitana, nuevamente presenciaremos las habituales aglomeraciones de automóviles y buses con capitalinos ansiosos por estar en lugares donde se pueda festejar el inicio del proceso independistas en nuestro país, ocurrido en un lejano 1810.

Como suele suceder en estas fechas, la atención de los medios de comunicación se centrará en los destinos turísticos más socorridos, especialmente en el litoral costero o en el entorno a la zona lacustre. También, por cierto, en la afluencia masiva a las fondas y ramadas que se levantan en los distintos rincones de nuestra geografía, desde las más modestas en zonas campesinas hasta las más sofisticadas en la capital.

Nunca está demás insistir en que tanto ánimo festivo no puede ni debe prestarse para excesos, particularmente por el consumo desmedido de alcohol, que desemboque en una situación que lamentar. Es sabido que más días de celebraciones suelen ser sinónimo de un mayor número accidentes de tránsito que decantan en heridos y víctimas que lamentan sus seres queridos.

Sin duda que habrá un ánimo festivo mayor que en celebraciones patrias anteriores. Pese a que estamos en medio de una crisis económica, con una fuerte alza en el costo de la vida, y con varias preguntas aún sin respuesta acerca de lo que acontecerá en materia política por un posible nuevo proceso constituyente, estos días de asueto se convertirán en una valiosa oportunidad para hacer necesaria pausa en este escenario de incertidumbre.

Fue el 18 de septiembre de 1810 cuando el Cabildo de Santiago convocó a los vecinos a la Primera Junta Gubernamental del Reino de Chile. Mateo de Toro Zambrano y Ureta, conde de la Conquista, fue elegido como representante del rey ante los vecinos de Santiago.

Los más de 400 asistentes a dicho cabildo argumentaron si correspondía constituir un gobierno que representase al rey o bien, conformar un gobierno autónomo que gobernara la localidad hasta que volviera el rey. Se decidió por la segunda opción.

Al cabo, ese hito fue la simiente para un proceso emancipador que ahora – más de 200 años después – es motivo de celebraciones que se multiplican por todo el país.


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