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Editorial

Congestión vehicular


 Por La Tribuna

Desde el miércoles de la semana pasada, de la mano del retorno a las clases presenciales en los establecimientos educacionales de Los Ángeles, que las calle de la capital provincial colapsan de manera indefectible. En las horas peak (alrededor de las 8 horas de la mañana y a las 18 horas en la tarde), las calles se saturan de vehículos los cuales, su gran mayoría, trasladan a escolares hacia o desde sus escuelas o colegios.

Lo ocurrido era esperable. En 2021 se pagaron unos 60 mil permisos de circulación en la capital provincial. Es muy posible que el explosivo crecimiento de las ventas de automóviles redunde en un parque automotriz que supere ese número con largueza. A lo anterior se añade que, a diario, son cientos de vehículos que se trasladan desde las comunas circundantes con rumbo principal centro urbano de servicios a nivel provincial, aportando una cuota más de saturación a las arterias de acceso (los caminos a Antuco o a Nacimiento).

Por otro lado, la configuración de la ciudad siguió manteniendo la lógica fundacional, es decir, el diseño de sus calles respondió a la lógica de la circulación de caballos y carretas. El mejor ejemplo de un diseño moderno lo encontramos en la ciudad de Chillán que, luego de ser destruida por el terremoto de 1939, planificó sus calles y avenidas amplias para la circulación vehicular, pese a que esa modalidad de transporte aún era incipiente en ese tiempo.

Como si fuera poco, las soluciones en infraestructura vial siempre han ido detrás de las necesidades actuales, mucho menos de las posibles realidades futuras. La avenida Alberto Hurtado estar terminaba hace 15 años y no ahora. En la avenida Las Industrias recién se evalúa su ampliación a cuatro pistas. En los demás

Aunque hubo esfuerzos importantes para ampliar las avenidas de acceso en la década pasada (Sor Vicenta, Alemania y Gabriela Mistral), su capacidad de soportar vehículos se ha visto ampliamente sobrepasada al poco tiempo. Ni hablar del acceso hacia el sector sur de la ciudad que, sin necesidad de un retorno a clases presenciales, vive en una permanente congestión.

Además, demasiado tiempo tardó en echarse a andar la Unidad Operativa de Control de Tránsito que regulará la circulación vehicular a través de semáforos inteligentes. Recién en este primer semestre se pondrá en marcha una parte del sistema.

A todo lo anterior se sumó a la falta de planificación de las autoridades para que el miércoles de la semana pasada se produjera la debacle vial que duró todo el día y que se ha repetido hasta ahora. Es que la atención estuvo centrada en los protocolos para evitar el covid-19 pero no en prever un regreso escalonado a las clases en los recintos educativos, ni a las campañas previas para evitar el uso de automóviles con un solo ocupante, restricción vehicular a automóviles particulares ni a otra serie de acciones para evitar semejante colapso (no puede ser que el pintado de una avenida como la Alemania se hiciera un viernes, a mediodía, provocando un impresionante embotellamiento). En ocasiones anteriores, la vuelta a clases era prevista con antelación de tal forma de evitar desaguisados mayores en las calles y avenidas.

¿Soluciones? Dada la configuración actual, las medidas más inmediatas solo serán remediales. Paliativos frente a la magnitud del panorama actual y lo que será a futuro. Soluciones más de fondo implican inversiones de envergadura. Pero, principalmente, decisiones de las autoridades para resolver semejantes desafíos.

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