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Editorial

Seguridad


 Por La Tribuna

Fue en octubre de 2006 cuando en Los Ángeles se echó a andar el Plan Cuadrante de Seguridad, iniciativa que implicó un sustantivo aumento de recursos humanos y logísticos para abordar el creciente aumento de la criminalidad, principalmente asociada a los incipientes casos de narcotráfico.

De esta forma, la capital provincial se sumaba a otras ciudades que activaban planes similares de seguridad, habida consideración que el tema figuraba dentro de las principales prioridades de la ciudadanía.

Unos años antes, la Reforma Procesal Penal introdujo elementos de transparencia en un ámbito caracterizado durante décadas por su opacidad. Surgió el rol de los fiscales como conductores de la labor investigativa.

Sin embargo, en estas dos últimas décadas, varios elementos han cambiado. De partida, la población de Los Ángeles ha crecido en algo así como 60 mil habitantes. Ese narcotráfico incipiente de hace 20 años ahora está instalado en algunos puntos de la ciudad y amenaza con tomar el control de algunos barrios.

Además, íntimamente ligado a este delito, el número de armas de fuego en manos de delincuentes se ha multiplicado de manera exponencial, ocasionando que sea habitual en el último par de años los ajustes de cuentas con heridos y asesinados a balazos.

Ese solo conjunto de hechos debe obligar a hacer una profunda reflexión sobre lo que se debe hacer para ganarle la batalla a la delincuencia. Los últimos episodios de extrema violencia ha sido el detonante para que las autoridades salgan a mostrar que están enfrentando este flagelo.

Sin embargo, las soluciones están lejos de los ejercicios comunicacionales. Tampoco se pueden adoptar en solitario.

Tal como hace dos décadas se porfió por un plan de refuerzo policial, ahora se debe procurar un camino similar. Esta acción tampoco puede ser la única. Quien crea que solo con presencia policial se resuelve el problema de la delincuencia, está equivocado.

La delincuencia asociada al narcotráfico está varios pasos adelante del actuar de las policías y de los organismos persecutores de justicia.

Enfrentar este flagelo es posible, siempre que se aborde de una manera integral. Aún es tiempo.

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